miércoles, 11 de octubre de 2017

Tres escenarios para la Economía Global

Por: Nouriel Roubini.

El Fondo Monetario Internacional, que en los últimos años ha caracterizado el crecimiento global como el "nuevo mediocre", recientemente ha mejorado sus Perspectivas de la Economía Mundial (WEO). Pero, ¿está en lo correcto el FMI al pensar que el reciente brote de crecimiento continuará durante los próximos años, o es esta una subida temporal cíclica a punto de ser sometida por nuevos riesgos de cola?



Durante los últimos años, la economía mundial ha estado oscilando entre períodos de aceleración (cuando el crecimiento es positivo y se fortalece) y períodos de desaceleración (cuando el crecimiento es positivo, pero se debilita). Luego de más de un año de aceleración, ¿está el mundo encaminado hacia otra desaceleración, o la recuperación será persistente?

La actual expansión del crecimiento y de los mercados de renta variable se ha mantenido firme  desde el verano de 2016. A pesar de un breve contratiempo después de la votación por el “Brexit”, la aceleración soportó no sólo la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, sino también la creciente incertidumbre política y caos geopolítico que él, en su mandato, ha generado. En respuesta a esta aparente resistencia, el Fondo Monetario Internacional (FMI), que en los últimos años ha caracterizado el crecimiento global como el "nuevo mediocre", recientemente mejoró sus “Perspectivas de la Economía Mundial” (informe conocido como WEO).

En ese sentido, ¿continuará dicho crecimiento en los próximos años? ¿O es que el mundo está experimentando una subida temporal cíclica que pronto será sometida por nuevos riesgos de cola (amplía aquí el concepto), como aquellos que han desencadenado otras ralentizaciones en los últimos años? Basta con recordar el verano de 2015 y principios de 2016, cuando los inversionistas temieron que (i) una dura caída de la economía China, (ii) una salida excesivamente rápida de las bajas tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, (iii) una paralización del crecimiento del PIB estadounidense y (iv) bajos precios del petróleo, conspiraran para socavar el crecimiento mundial.

Es así como, uno puede visualizar tres escenarios posibles para la economía global en los próximos tres años o más. En el escenario alcista, las cuatro economías más grandes (y sistemáticamente importantes) del mundo, China, la Eurozona, Japón y Estados Unidos, implementan reformas estructurales que permiten impulsar el crecimiento potencial y abordar vulnerabilidades financieras. Al asegurar que la recuperación cíclica se asocie con un mayor potencial y crecimiento real, tales esfuerzos producirían un crecimiento robusto del PIB, una inflación baja, pero moderadamente creciente, y una relativa estabilidad financiera durante muchos años más. Los mercados bursátiles estadounidenses, así como los globales, alcanzarán nuevos niveles justificados por fundamentos más sólidos.

En el escenario bajista sucede lo contrario: las principales economías del mundo no implementan reformas estructurales que impulsen el crecimiento potencial. En lugar de usar estos meses (cuando celebran el Congreso Nacional del Partido Comunista), como un catalizador para la reforma, China patea la lata cuesta abajo, siguiendo en un camino de apalancamiento excesivo y exceso de capacidad. La Eurozona no logra una mayor integración, mientras que las restricciones políticas limitan la capacidad de los hacedores de políticas nacionales para implementar reformas estructurales que mejoren el crecimiento. Y Japón sigue estancado en su trayectoria de bajo crecimiento, ya que las reformas de la oferta y la liberalización comercial (la tercera "flecha" de la estrategia económica del primer ministro Shinzo Abe), se desvanecen.

En cuanto a Estados Unidos, la administración Trump, en este segundo escenario, continúa aplicando un enfoque de política (incluyendo el recorte de impuestos que favorece abrumadoramente a los ricos, el proteccionismo comercial y las restricciones a la migración), que bien podría reducir el crecimiento potencial. El estímulo fiscal excesivo conduce a fugas de déficit y deuda, lo que resulta en tasas de interés más altas y un dólar más fuerte, debilitando aún más el crecimiento. “Gatillo Alegre” Trump podría incluso terminar en un conflicto militar con Corea del Norte y, más tarde, con Irán, disminuyendo aún más las perspectivas económicas de Estados Unidos.


En este escenario, la falta de reformas en las principales economías limitará la recuperación cíclica  por la baja tendencia del crecimiento. Si el crecimiento potencial sigue siendo bajo, las políticas de relajación cuantitativa (quantitative easing), monetarias y crediticias, podrían conducir a la inflación de bienes y/o activos, causando eventualmente una desaceleración económica (y posiblemente una recesión absoluta y crisis financiera), cuando las burbujas de activos exploten o la inflación suba.

El tercer (en mi opinión más probable) escenario, se encuentra entre los dos primeros. La recuperación cíclica, tanto en el crecimiento como en los mercados de renta variable, continúa durante un tiempo, impulsada por los remanentes vientos de cola. Sin embargo, si bien las grandes economías persiguen algunas reformas estructurales para mejorar el crecimiento potencial, el ritmo de cambio es mucho más lento (y su alcance más modesto) de lo necesario para maximizar el potencial.

En China, este escenario del tipo “salir del paso” implica hacer lo suficiente para evitar un aterrizaje forzoso, pero no lo suficiente para lograr que sea realmente suave; con las vulnerabilidades financieras dejadas sin resolver, la angustia llega a ser casi inevitable con el tiempo. En la eurozona, este escenario solamente implicaría un progreso nominal hacia una mayor integración, con el continuo rechazo de Alemania de una verdadera división de riesgos o de una unión fiscal, debilitando los incentivos para que los países miembros en lucha emprendan reformas difíciles. En Japón, una administración cada vez más ineficaz de Abe implementaría reformas mínimas, dejando el crecimiento potencial atascado debajo del 1%.

En Estados Unidos, la presidencia de Trump permanecería volátil e ineficaz, con un creciente número de estadounidenses dándose cuenta de que, a pesar de su pretensión populista, Trump es simplemente un plutócrata que protege los intereses de los ricos. La desigualdad aumenta; la clase media se estanca; los salarios apenas crecen; y el consumo, así como el crecimiento siguen siendo anémicos, apenas cerca del 2%.

Pero los riesgos del “salir de paso” se extienden mucho más allá del mediocre desempeño económico. Este escenario no representa un equilibrio estable, sino un desequilibrio inestable, vulnerable a los choques económicos, financieros y geopolíticos. Cuando tales choques eventualmente surjan, la economía se inclinará en una desaceleración o, si el choque es lo suficientemente grande, incluso la recesión y la crisis financiera.

En otras palabras, si el mundo simplemente sale del paso, como parece probable, podría, dentro de tres o cuatro años, enfrentar una perspectiva más bajista. La lección es clara: o bien los líderes políticos y los responsables políticos demuestran el liderazgo necesario para asegurar un mejor pronóstico a mediano plazo, o bien los riesgos a la baja se materializarán en poco tiempo y causarán serios daños a la economía global.

Traducción: Humanolitics.org.ve
Publicado Originalmente en Project-Syndicate

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