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jueves, 14 de septiembre de 2017

Regulación de la Brecha Digital

9/14/2017 12:08:00 p. m.

Por: Shamel Azmeh
Profesor de Política y Desarrollo Internacional en la Universidad de Bath.



Imagen creada por Freepik. Libre distribución.
La creciente digitalización de la economía global está cambiando la forma de producción, distribución y venta de productos y servicios a través de las fronteras. Tecnologías como la computación en nube, la inteligencia artificial, los sistemas autónomos y los “dispositivos inteligentes” engendran nuevas industrias y revolucionan las que ya había.

Pero a pesar de los importantes beneficios que pueden traer estos cambios, la velocidad de la digitalización también crea enormes desafíos de gobernanza, en los planos intra e internacional. Los nuevos procesos posibilitados por la digitalización ponen a prueba las normativas globales actuales, incorporadas en acuerdos de comercio e inversión multilaterales, regionales y bilaterales.

Esto crea más margen para la intervención de los gobiernos nacionales en la economía digital. China, por ejemplo, estableció una industria digital propia apelando a políticas como el filtrado de Internet, la localización de datos (exigir a las empresas de Internet que almacenen los datos en servidores locales) y la transferencia tecnológica obligatoria como modo de impulsar el desarrollo digital. Esto sirvió de base a la aparición de importantes empresas digitales chinas como Tencent y Baidu, pero a menudo tuvo efectos adversos sobre la libertad de expresión y acceso a la información.

Un factor es que la normativa mundial actual está perdiendo efectividad. Por ejemplo, el intercambio internacional de servicios se rige por el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) de la Organización Mundial del Comercio, según diferentes “modos de suministro”. Muchos países en desarrollo acordaron liberalizar la provisión transfronteriza de servicios (el modo uno” de comercio) sin prever hasta qué punto la economía digital incrementaría las oportunidades para ese tipo de comercio. Ahora aquellos compromisos tempranos adquieren mayor significación económica, y eso aumenta la presión sobre muchos países en desarrollo.

En años recientes se intensificó el debate sobre cómo debería regirse la economía digital. Las empresas digitales multinacionales, en su mayoría con sede en Estados Unidos, promueven una armonización normativa internacional que ofrezca previsibilidad y limite el margen de intervención de los gobiernos nacionales en los flujos digitales.

El gobierno de Obama se sumó a esa campaña haciendo del ámbito digital un elemento central de la política comercial de Estados Unidos (consulte la agenda aquí). En los “tratados comerciales del siglo XXI”, como el Acuerdo Transpacífico y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, se incluyeron cláusulas sobre el libre flujo de datos y contra la localización de datos y la transferencia tecnológica obligatorias. El objetivo era crear una supervisión digital de dos grandes mercados (Asia y el Pacífico, con el ATP, y la Unión Europea, con la ATCI) como primer paso importante hacia la adopción de normas globales en esas áreas.

La negociación de normas digitales bajo el ATP resultó difícil, pero al final tuvo éxito; el gobierno de Obama superó la oposición ofreciendo a algunos socios del ATP un mejor acceso al mercado estadounidense para ciertas manufacturas.

Pero en el caso de la ATCI fue todavía más difícil; algunos estados europeos, en particular Francia y Alemania, se opusieron a la imposición de reglas digitales por temor a que permitieran a las empresas estadounidenses dominar la economía digital europea. Como se ha señalado, para muchos países europeos, la “puesta a la par en materia digital” es un objetivo estratégico clave (revise un trabajo relacionado aquí).

La elección del presidente Donald Trump en Estados Unidos, quien hizo campaña con una plataforma comercial proteccionista y de apoyo a las industrias fabriles “tradicionales”, siembra dudas sobre el futuro de la normativa digital. La decisión de Trump de retirarse del ATP generó reacciones muy negativas en la industria digital estadounidense. Resta por verse lo que ocurrirá con las normas de comercio digital bajo la ATCI, algo que Trump insinuó que podría reactivar.

Sin importar las medidas de Trump en materia de comercio internacional, el trabajo de actualización de las normas mundiales para la economía digital prosigue, dentro de la OMC y también como parte de las conversaciones entre Estados Unidos, Canadá y México para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Estos debates se tornarán más acuciantes en los años venideros.

Hasta ahora, la ambigüedad regulatoria no afectó seriamente a los países en desarrollo, y los costos económicos para el Sur global han sido mínimos. Pero eso puede cambiar si las tres mayores economías del mundo (Estados Unidos, la UE y China) llegaran a armonizar sus estrategias de regulación del comercio internacional digital y de los flujos globales de datos. En tal supuesto, se intensificará la presión sobre los países en desarrollo para que acepten la adopción de reglas digitales.

Quienes proponen nuevas reglas tal vez aconsejen a los países en desarrollo que las acepten sin discusión, con el argumento de que quedar fuera de un sistema regulatorio global perjudicará el desarrollo digital local y les dificultará la participación en nuevos campos tecnológicos. Pero las nuevas reglas también pueden revivir las desigualdades introducidas por la “Ronda de Uruguay” de negociaciones comerciales, origen de la OMC y guía de los acuerdos de libre comercio entre el Norte y el Sur. (¿Qué fue la ronda de Uruguay?)

En los acuerdos multilaterales y bilaterales, los países en desarrollo aceptan restricciones a su “espacio de políticas” a cambio de mejor acceso a los mercados de las economías avanzadas. Muchos estudiosos consideran ahora que este “trueque” debilita la capacidad de los países en desarrollo para implementar políticas que alienten la diversificación económica y el cambio estructural, y les hace más difícil ponerse a la par de las economías desarrolladas en cuestiones económicas y tecnológicas.

Es necesario elaborar un nuevo marco para el comercio digital y electrónico, teniendo presentes estas cuestiones. Al crear las reglas que regirán la interacción entre países, los reguladores deben procurar que las políticas de comercio digital no agraven las desigualdades que el régimen de comercio tradicional dejó a la vista.


Publicado originalmente en: Project Syndicate

martes, 13 de diciembre de 2016

Infografía: El "gaming" aumenta nuestra capacidad cerebral

12/13/2016 01:21:00 p. m.

Estudio por: Universidad de Rochester
Infografía por: Humanolitics.org.ve



Diversos estudios han demostrado las virtudes de los videojuegos en el desarrollo de habilidades mentales. La Universidad de Rochester, llevó a cabo un estudio, donde entre otras cosas, se demostró que el “gaming”, como se denota esta actividad entre la comunidad de jugadores, puede aumentar la materia gris de nuestros cerebros, al mismo tiempo aumentando nuestra capacidad cognitiva. Esta infografía que presentamos aquí en Humanolitics se basa en los estudios realizados en dicha universidad.







lunes, 12 de diciembre de 2016

La nueva fuga de cerebros en las ciencias

12/12/2016 06:07:00 p. m.


Por: Sami Mahroum




En diciembre de 2013, Peter Higgs, físico laureado con el Premio Nobel, dijo a The Guardian que si buscaba un trabajo en la academia en la actualidad, “no creo que se me considere lo suficientemente productivo”. Debido a que publicó menos de diez artículos desde su innovador trabajo en el año 1964, Higgs cree que ninguna universidad lo emplearía hoy en día.
Los académicos están muy familiarizados con la noción de “publicar o perecer”. Deben publicar su trabajo en revistas revisadas por pares cada vez con mayor frecuencia para escalar en su carrera, proteger sus empleos y asegurar el financiamiento para sus instituciones. Pero, ¿qué sucede con los científicos y otros académicos, como los del Medio Oriente, que tienen distintas preocupaciones de investigación que – y escasas conexiones con –  las revistas profesionales que pueden hacer o deshacer una carrera académica/científica?
Los académicos e instituciones con altas tasas de publicación en las revistas establecidas reciben mejores puntajes de productividad, lo que se traduce en mayores recompensas, en términos de carreras mejoradas y mayor financiamiento para la investigación. Si el trabajo que están publicando tiene o no un impacto medible en su campo de estudio es, lamentablemente, una preocupación secundaria con demasiada frecuencia. Los incentivos que enfrentan se traducen en que la cantidad a menudo viene antes de la calidad.
Las revistas académicas determinan las diversas clasificaciones disciplinarias que las instituciones académicas se ven obligadas a escalar, lo que lleva a las instituciones a contratar y retener sólo a aquellos académicos que pueden producir a altas tasas. Esto ha dado lugar a un problema más profundo y doble: las revistas académicas se han vuelto desproporcionadamente influyentes, y han puesto una prima de importancia a la investigación empírica.
Con respecto al primer problema, las revistas están reemplazando gradualmente a las instituciones como árbitros de la calidad dentro de las comunidades académicas. Los académicos de casi cualquier disciplina que buscan empleo en instituciones de nivel “A” deben publicar en unas pocas revistas de nivel “A” que se consideren como puertas de entrada.
Las juntas editoriales de estas revistas privilegian cada vez más el trabajo teórico positivista, es decir, la investigación que se basa en el análisis empírico de datos. La investigación cualitativa (como etnografías, encuestas participativas y estudios de casos), se designa a menudo como adecuada sólo para revistas de nivel “B” y “C”.
Los académicos que realizan investigaciones empíricas tienen una gran ventaja sobre aquellos que realizan trabajos cualitativos, porque pueden usar software eficiente y computadoras poderosas para probar rápidamente sus hipótesis y dar cuenta de diferentes variables en los conjuntos de datos. A su vez, este tipo de trabajo puede ser más barato, debido a que un conjunto de datos único puede generar múltiples artículos en las revistas.
Indiscutiblemente, no hay nada malo con las prácticas científicas que evolucionan junto con la tecnología, o con los académicos que utilizan conjuntos de datos más ricos y mejor software. Pero la adopción de este enfoque cuantitativo no debería ser el criterio más importante para evaluar la excelencia científica y decidir las trayectorias profesionales. Al fin y al cabo, el conocimiento se adquiere de diferentes maneras, y el positivismo empírico es sólo uno de los métodos dentro de un inventario epistemológico más amplio.
La tendencia positivista en la ciencia actual es particularmente problemática para los países en desarrollo, donde los conjuntos de datos son escasos y, a menudo, de mala calidad. Por lo tanto, los científicos que trabajan en los países en desarrollo se enfrentan a un dilema: o trabajan en los problemas del mundo rico para los que existe abundante información, o arriesgan su avance profesional mediante la realización de trabajo cualitativo que no llegará a ser publicado en revistas de nivel “A”.
Los académicos que se trasladan de los países ricos en datos en Europa y Norteamérica a los países pobres en datos en el Medio Oriente y en otros lugares con frecuencia se enfrentan a este problema. Tal como es de conocimiento de los investigadores de mi institución en Abu Dabi, la realización de encuestas para la investigación cualitativa es factible; pero, la generación de datos enriquecidos desde cero para investigaciones que conducen hacia la construcción de teoría es extremadamente difícil.
En la Conferencia Internacional sobre Indicadores de Ciencia y Tecnología de este año, un académico francés que investiga el suelo en África informó que sólo el 5% del trabajo publicado en su campo provino de investigadores africanos. Cuando profundizó en su propia investigación, descubrió que el 50% de lo que había aprendido sobre el suelo africano provenía de investigadores africanos, que no han publicado o no pueden publicar su trabajo en revistas académicas internacionales.
Los países en los que el inglés no es la lengua franca se encuentran particularmente desfavorecidos en la ciencia, no porque carezcan de excelencia académica, sino porque las revistas en inglés son las que dictan las reglas. Las revistas académicas escritas en un idioma distinto al inglés simplemente no atraen la misma atención en la comunidad científica.
Como resultado, el alcance de los temas de investigación que muchos países pueden llevar a cabo es limitado, y deben luchar por retener el talento científico. Esto es particularmente cierto en Medio Oriente, donde los gobiernos están luchando para diversificar sus economías, a fin de hacerlas más resistentes. A medida que las revistas de investigación empírica en inglés consolidan su influencia en los canales que determinan si un científico tendrá o no una carrera exitosa, los países en desarrollo tendrán que invertir mucho en su propia infraestructura de datos para poner a los investigadores nacionales en una posición más competitiva.
Pero incluso (o especialmente), en caso que los países en desarrollo sí realicen tales inversiones, se perderá mucho a nombre de la ciencia. Debido a que las revistas académicas con sede en EE.UU. reinan (en gran parte), en la ciencia a nivel mundial, nadie tiene que mudarse para pasar a formar parte de una nueva fuga de cerebros, ya que las prioridades, los problemas y los métodos de investigación de los científicos gravitan con dirección a la epistemología positivista dominante, a expensas de todas las otras alternativas.

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