Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de noviembre de 2017

Planificar mejores ciudades, un análisis necesario.

11/03/2017 02:37:00 p. m.

Por: Cristine Auclair y Mahmoud Al Burai.

Como observara la autora estadounidense-canadiense Jane Jacobs, las ciudades son motores de la prosperidad nacional y el crecimiento económico. Pero en su forma actual, las urbes modernas también catalizan la desigualdad y la degradación medioambiental. Actualmente el porcentaje de habitantes urbanos en situación de pobreza está creciendo: el 33% vive en barrios marginales (aquí los datos). A su vez, el 75% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono se originan en áreas metropolitanas. Semejantes estadísticas deberían hacernos reflexionar: ¿las ciudades son realmente la mejor forma de organizar la vida humana?

Pueden llegar a serlo, pero solo si se realizan ajustes considerables a la forma en que se planifican, construyen y administran. Para que el crecimiento que impulsan las ciudades permita un futuro sostenible y próspero, los gobiernos y las constructoras deben volver a un enfoque de urbanización centrado en el usuario.

Hoy en día la mayoría de las ciudades no hacen parte a los actores clave en el proceso de planificación, lo que conduce a un desarrollo excluyente. Piénsese en una característica de muchas urbes mal planificadas: los proyectos inmobiliarios omnipresentes en su periferia. Estos esperpentos de múltiples unidades en medio de la nada suelen estar desconectados del transporte público y otros servicios, lo que agrava el aislamiento de sus residentes respecto del núcleo urbano.

Errores de diseño como estos, que tienen implicaciones económicas y sociales, son sin embargo apenas el comienzo. Para los profesionales de la planificación urbana como nosotros, resulta aún más preocupante el que en muchos lugares el proceso de planificación entero sea defectuoso: la forma en que reflexionamos sobre las ciudades, cómo se usan y por quién.

Incluso los departamentos de planificación mejor intencionados del mundo no siempre sitúan a la comunidad en primer lugar. Parte de esto refleja la poca certeza sobre quién “posee” una ciudad. Los residentes pueden llamarla “suya”, pero los gobernantes suelen actuar de formas que sugieren lo contrario. Por ejemplo, un gobierno que busque atraer inversiones podría equiparar los intereses económicos con las necesidades de los residentes, y de esta manera reducir los estándares ambientales o los impuestos de las empresas. No obstante, tales decisiones podrían conducir a la desurbanización, es decir, el abandono de las ciudades a medida que se tornan menos habitables.

La brecha entre viabilidad económica y responsabilidad ambiental puede ser muy amplia. Considérese la producción de automóviles tradicionales a gasolina. Si bien hoy en día este tipo de industria podría impulsar el crecimiento de algunas ciudades, la creciente preocupación pública sobre sus emisiones de COestá provocando cambios en la demanda de los consumidores. Las empresas que puedan sacar partido de estos cambios estarán mejor posicionadas para crecer a largo plazo.

La mayoría de las ciudades carece de un proceso democrático de planificación, y en muchas grandes áreas metropolitanas la desigualdad forma parte integral del tejido social. El punto de partida debe ser institucionalizar la planificación participativa. Es fundamental la existencia de programas que salvaguardan la democracia local fomentando la transparencia y la rendición de cuentas. Los residentes dotados de los conocimientos y los medios para expresar sus opiniones sobre los problemas que afectan a sus comunidades son mejores vecinos y los debates sobre planificación que tengan en cuenta sus puntos de vista generan un mejor diseño. Dado que en todas partes y bajo cualquier sistema político se juzga a los líderes por la habitabilidad de los lugares que supervisan, toda ciudad debiera tener como objetivo un proceso de planificación inclusivo.

Teniendo como punto de partida la planificación participativa, los gobiernos y los residentes podrán avanzar hacia la construcción de ciudades más estratégicamente vinculadas a sus regiones y áreas circundantes. Este tipo de crecimiento no solo se refiere a las conexiones de transporte, sino también a la coordinación de políticas y medidas en todos los sectores, incluidos la vivienda, los servicios sociales y la banca. De esta forma, se pueden definir más claramente los roles y las responsabilidades regionales, con una asignación de los recursos limitados que sea estratégica, equitativa y en base a una agenda común.

Con demasiada frecuencia las ciudades administran los recursos en compartimentos estancos burocráticos, lo que puede aumentar la rivalidad precisamente entre aquellos que deben trabajar de forma conjunta si las áreas urbanas que regulan han de invertir de forma inteligente e implementar políticas con efectividad. La autonomía local solo puede lograrse mediante una fuerte cooperación y coordinación regional.

La dispersión urbana es un buen ejemplo de por qué un enfoque regional de la planificación resulta crucial. Para limitar la dispersión se requiere una estrategia territorial coordinada, de modo que las ciudades puedan abordar problemáticas comunes como el transporte de mercancías, la concentración de viviendas y servicios y la gestión y ubicación de corredores industriales. La cooperación intermunicipal también puede lograr economías de escala al desincentivar la competencia innecesaria.

Muchas áreas urbanas se están diseñando como “ciudades para los ricos” en lugar de núcleos de población para todos. Esto potencia de forma gradual la segregación social y amenaza la seguridad de los residentes. Los términos de moda que suenan en la planificación, como “ciudades inteligentes” y “desarrollo urbano sostenible”, significan poco si las teorías en que se fundamentan benefician solo a una minoría.

Como anticipara Jacobs, la “ciudad” seguirá siendo el motor mundial del crecimiento económico y la prosperidad por muchas décadas. Pero para que ese motor funcione con más eficiencia, el mecanismo que lo impulsa –el propio proceso de planificación urbana– necesitará una puesta a punto.

Publicado Originalmente en Project syndicate

miércoles, 11 de octubre de 2017

Tres escenarios para la Economía Global

10/11/2017 12:30:00 p. m.
Por: Nouriel Roubini.

El Fondo Monetario Internacional, que en los últimos años ha caracterizado el crecimiento global como el "nuevo mediocre", recientemente ha mejorado sus Perspectivas de la Economía Mundial (WEO). Pero, ¿está en lo correcto el FMI al pensar que el reciente brote de crecimiento continuará durante los próximos años, o es esta una subida temporal cíclica a punto de ser sometida por nuevos riesgos de cola?



Durante los últimos años, la economía mundial ha estado oscilando entre períodos de aceleración (cuando el crecimiento es positivo y se fortalece) y períodos de desaceleración (cuando el crecimiento es positivo, pero se debilita). Luego de más de un año de aceleración, ¿está el mundo encaminado hacia otra desaceleración, o la recuperación será persistente?

La actual expansión del crecimiento y de los mercados de renta variable se ha mantenido firme  desde el verano de 2016. A pesar de un breve contratiempo después de la votación por el “Brexit”, la aceleración soportó no sólo la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, sino también la creciente incertidumbre política y caos geopolítico que él, en su mandato, ha generado. En respuesta a esta aparente resistencia, el Fondo Monetario Internacional (FMI), que en los últimos años ha caracterizado el crecimiento global como el "nuevo mediocre", recientemente mejoró sus “Perspectivas de la Economía Mundial” (informe conocido como WEO).

En ese sentido, ¿continuará dicho crecimiento en los próximos años? ¿O es que el mundo está experimentando una subida temporal cíclica que pronto será sometida por nuevos riesgos de cola (amplía aquí el concepto), como aquellos que han desencadenado otras ralentizaciones en los últimos años? Basta con recordar el verano de 2015 y principios de 2016, cuando los inversionistas temieron que (i) una dura caída de la economía China, (ii) una salida excesivamente rápida de las bajas tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, (iii) una paralización del crecimiento del PIB estadounidense y (iv) bajos precios del petróleo, conspiraran para socavar el crecimiento mundial.

Es así como, uno puede visualizar tres escenarios posibles para la economía global en los próximos tres años o más. En el escenario alcista, las cuatro economías más grandes (y sistemáticamente importantes) del mundo, China, la Eurozona, Japón y Estados Unidos, implementan reformas estructurales que permiten impulsar el crecimiento potencial y abordar vulnerabilidades financieras. Al asegurar que la recuperación cíclica se asocie con un mayor potencial y crecimiento real, tales esfuerzos producirían un crecimiento robusto del PIB, una inflación baja, pero moderadamente creciente, y una relativa estabilidad financiera durante muchos años más. Los mercados bursátiles estadounidenses, así como los globales, alcanzarán nuevos niveles justificados por fundamentos más sólidos.

En el escenario bajista sucede lo contrario: las principales economías del mundo no implementan reformas estructurales que impulsen el crecimiento potencial. En lugar de usar estos meses (cuando celebran el Congreso Nacional del Partido Comunista), como un catalizador para la reforma, China patea la lata cuesta abajo, siguiendo en un camino de apalancamiento excesivo y exceso de capacidad. La Eurozona no logra una mayor integración, mientras que las restricciones políticas limitan la capacidad de los hacedores de políticas nacionales para implementar reformas estructurales que mejoren el crecimiento. Y Japón sigue estancado en su trayectoria de bajo crecimiento, ya que las reformas de la oferta y la liberalización comercial (la tercera "flecha" de la estrategia económica del primer ministro Shinzo Abe), se desvanecen.

En cuanto a Estados Unidos, la administración Trump, en este segundo escenario, continúa aplicando un enfoque de política (incluyendo el recorte de impuestos que favorece abrumadoramente a los ricos, el proteccionismo comercial y las restricciones a la migración), que bien podría reducir el crecimiento potencial. El estímulo fiscal excesivo conduce a fugas de déficit y deuda, lo que resulta en tasas de interés más altas y un dólar más fuerte, debilitando aún más el crecimiento. “Gatillo Alegre” Trump podría incluso terminar en un conflicto militar con Corea del Norte y, más tarde, con Irán, disminuyendo aún más las perspectivas económicas de Estados Unidos.


En este escenario, la falta de reformas en las principales economías limitará la recuperación cíclica  por la baja tendencia del crecimiento. Si el crecimiento potencial sigue siendo bajo, las políticas de relajación cuantitativa (quantitative easing), monetarias y crediticias, podrían conducir a la inflación de bienes y/o activos, causando eventualmente una desaceleración económica (y posiblemente una recesión absoluta y crisis financiera), cuando las burbujas de activos exploten o la inflación suba.

El tercer (en mi opinión más probable) escenario, se encuentra entre los dos primeros. La recuperación cíclica, tanto en el crecimiento como en los mercados de renta variable, continúa durante un tiempo, impulsada por los remanentes vientos de cola. Sin embargo, si bien las grandes economías persiguen algunas reformas estructurales para mejorar el crecimiento potencial, el ritmo de cambio es mucho más lento (y su alcance más modesto) de lo necesario para maximizar el potencial.

En China, este escenario del tipo “salir del paso” implica hacer lo suficiente para evitar un aterrizaje forzoso, pero no lo suficiente para lograr que sea realmente suave; con las vulnerabilidades financieras dejadas sin resolver, la angustia llega a ser casi inevitable con el tiempo. En la eurozona, este escenario solamente implicaría un progreso nominal hacia una mayor integración, con el continuo rechazo de Alemania de una verdadera división de riesgos o de una unión fiscal, debilitando los incentivos para que los países miembros en lucha emprendan reformas difíciles. En Japón, una administración cada vez más ineficaz de Abe implementaría reformas mínimas, dejando el crecimiento potencial atascado debajo del 1%.

En Estados Unidos, la presidencia de Trump permanecería volátil e ineficaz, con un creciente número de estadounidenses dándose cuenta de que, a pesar de su pretensión populista, Trump es simplemente un plutócrata que protege los intereses de los ricos. La desigualdad aumenta; la clase media se estanca; los salarios apenas crecen; y el consumo, así como el crecimiento siguen siendo anémicos, apenas cerca del 2%.

Pero los riesgos del “salir de paso” se extienden mucho más allá del mediocre desempeño económico. Este escenario no representa un equilibrio estable, sino un desequilibrio inestable, vulnerable a los choques económicos, financieros y geopolíticos. Cuando tales choques eventualmente surjan, la economía se inclinará en una desaceleración o, si el choque es lo suficientemente grande, incluso la recesión y la crisis financiera.

En otras palabras, si el mundo simplemente sale del paso, como parece probable, podría, dentro de tres o cuatro años, enfrentar una perspectiva más bajista. La lección es clara: o bien los líderes políticos y los responsables políticos demuestran el liderazgo necesario para asegurar un mejor pronóstico a mediano plazo, o bien los riesgos a la baja se materializarán en poco tiempo y causarán serios daños a la economía global.

Traducción: Humanolitics.org.ve
Publicado Originalmente en Project-Syndicate

lunes, 9 de octubre de 2017

¿Son alcanzables los Objetivos de Desarrollo Sostenible?

10/09/2017 01:30:00 p. m.
Por: Andrew Sheng y Xiao Geng.


El reciente discurso del presidente de EEUU Donald Trump en las Naciones Unidas ha recibido mucha atención por su retórica bizarra y belicosa, incluyendo amenazas de desmantelar el acuerdo nuclear de Irán y "destruir totalmente" a Corea del Norte (aquí el discurso). El mensaje subyacente a sus declaraciones fue claro: el Estado soberano sigue dominando, con intereses nacionales que eclipsan objetivos compartidos. Esto no es un buen augurio para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Adoptados por la ONU apenas un año antes de la elección de Trump, los ODS requerirán que los países cooperen en objetivos globales cruciales relacionados con el cambio climático, la pobreza, la salud pública y mucho más. En una época de desprecio por la cooperación internacional (por no hablar de la negación atrincherada al cambio climático en la administración de Trump), surge una pregunta importante, ¿se está logrando el deseo de los ODS?

Los ODS nacieron obligados a enfrentarse a fuertes obstáculos, debido a la interrupción tecnológica, la rivalidad geopolítica y la creciente desigualdad social. Pero los discursos populistas que promueven políticas nacionalistas, incluido el proteccionismo comercial (aquí una definición), han intensificado considerablemente dichos obstáculos. En pocas palabras, las poblaciones están perdiendo la fe en que la ortodoxia de desarrollo global de la buena gobernanza (incluida la disciplina monetaria y fiscal), y los mercados libres puedan beneficiarlos.

Con todos los países avanzados enfrentándose a graves restricciones fiscales y los mercados emergentes debilitados por los menores precios de las materias primas, pagar por bienes públicos mundiales se ha vuelto aún más desagradable. Los recortes presupuestarios (junto con los problemas de rendición de cuentas y los nuevos retos tecnológicos), también están perjudicando a los encargados de la buena gobernanza. Y los mercados cada vez más parecen ser capturados por intereses creados.

Los resultados económicos a menudo tienen su origen en la política. Roberto Unger, de la Escuela de Leyes de Harvard, ha argumentado que superar los desafíos del desarrollo basado en el conocimiento, exigirá un "vanguardismo inclusivo". Menciona que, la democratización de la economía de mercado sólo es posible con "una correspondiente profundización de la política democrática", lo que implica "la reconstrucción institucional del propio mercado".

Sin embargo, en EEUU, parece improbable que el sistema político produzca tal reconstrucción. Los profesores de la Escuela de Negocios de Harvard, Katherine Gehl y Michael Porter, argumentan que el sistema bipartidista de EEUU "se ha convertido en la principal barrera para resolver casi todos los desafíos importantes" que enfrenta el país.



Los líderes políticos, Gehl y Porter continúan diciendo, "se compite en ideología y promesas poco realistas, no en acción y resultados", y "dividen a los votantes y sirven a intereses especiales", todo mientras se les atribuye poca responsabilidad por ello. En un libro que está siendo preparado por el Profesor Shalendra Sharma de la Universidad de San Francisco, se corrobora este punto de vista: Al comparar la desigualdad económica en China, la India y EEUU, Sharma sostiene que la gobernanza tanto democrática como autoritaria no ha logrado promover un desarrollo equitativo.

Hay cuatro posibles combinaciones de resultados para los países: (1) buen gobierno y buenas políticas económicas; (2) buena política y mala economía; (3) mala política y buena economía; y (4) mala política y mala economía. En igualdad de condiciones, hay una probabilidad de uno en cuatro de lograr una situación de buena gobernanza y de buen desempeño económico. Esa probabilidad se ve disminuida por otras perturbaciones, desde los desastres naturales hasta las interferencias externas.

Hay quienes creen que la tecnología ayudará a superar tales interrupciones, estimulando el crecimiento suficiente para generar los recursos necesarios para mitigar su impacto. Pero si bien la tecnología es favorable al consumidor, produce sus propios costos considerables.

La tecnología elimina empleos a corto plazo y exige la revalorización de la mano de obra. Además, la tecnología de uso intensivo de conocimientos tiene un efecto de red del tipo “el ganador se lleva todo”, por medio del cual los centros de actividad aprovechan el acceso al conocimiento y al poder, dejando a los grupos menos privilegiados, clases, sectores y regiones luchando por competir.

Gracias a los medios de comunicación social, el descontento resultante se propaga ahora más rápido que nunca, derivando en una política destructiva. Esto puede llevar a la interferencia geopolítica, que rápidamente se deriva en un escenario de perder-perder, como el ya evidente en los países afectados por la falta de agua y los conflictos sociales, donde los gobiernos son frágiles o fracasan.

La combinación de mala política y economía en un país puede contagiarse fácilmente, ya que la creciente migración extiende el estrés político y la inestabilidad a otros países (consulta datos migratorios aquí). Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, había 65 millones de refugiados el año pasado, en comparación con sólo 1,6 millones en 1960. Dada la resistencia de los conflictos geopolíticos, por no mencionar el rápido crecimiento del cambio climático, no se espera que los niveles migratorios disminuyan por lo pronto.

Los ODS pretenden aliviar estas presiones, protegiendo el medio ambiente y mejorando la vida de las personas dentro de sus países de origen. Pero lograrlo requerirá políticas mucho más responsables y un consenso social mucho más fuerte, empezando por un cambio fundamental en la mentalidad, desde una centrada en la competencia, a una que haga hincapié en la cooperación.

Al igual que no tenemos un mecanismo fiscal global para garantizar la provisión de bienes públicos mundiales, no tenemos políticas monetarias o de bienestar para mantener la estabilidad de precios y la paz social. Es por ello que las instituciones multilaterales necesitan ser mejoradas y reestructuradas, incluyendo mecanismos efectivos de implementación y toma de decisiones para manejar los desafíos globales de desarrollo tales como brechas de infraestructura, migración, cambio climático e inestabilidad financiera. Tal sistema ayudaría mucho a apoyar el progreso hacia los ODS.

En ese sentido, Roberto Unger sostiene que todas las democracias actuales "son democracias defectuosas, de baja energía", en las que "ningún trauma" (en forma de ruina económica o conflicto militar) significa "ninguna transformación". Y tiene razón, pues en este ambiente, reflejado en el abrazo de los líderes mundiales actuales al modelo anticuado de estados-nación de Westfalia (amplía aquí el tema), el logro de los ODS probablemente será imposible.

Traducción: Humanolitics.org.ve
Artículo publicado originalmente en Project-Syndicate

martes, 3 de octubre de 2017

Negación demográfica, un peligro inminente.

10/03/2017 04:30:00 p. m.

Por: Adair Turner.


En todas las economías emergentes, los beneficios de un "dividendo demográfico" se han convertido en un estribillo familiar. Políticos y líderes empresarios por igual (ya sea en la India, Nigeria, Pakistán o Tanzania), hablan elogiosamente de cómo una población de rápido crecimiento y joven creará enormes oportunidades de inversión y alimentará un rápido crecimiento económico. Pero la realidad es que, en muchas economías emergentes, el rápido crecimiento de la población plantea una amenaza importante para el desarrollo económico, y el progreso tecnológico hará que la amenaza sea un mayor.

Para empezar, el término "dividendo demográfico" está siendo utilizado de manera incorrecta (lee aquí una definición completa). El término, en un principio, era usado para describir una transición en la que los países gozaban de un incremento puntual de la población en edad de trabajar y de una caída significativa de la fertilidad. Esa combinación produce un alto ratio (proporción), entre trabajadores y dependientes (tanto jubilados como hijos), que facilita que un alto nivel de ahorro respalde una inversión suficiente destinada a impulsar un rápido crecimiento del capital social.

Mientras tanto, una fertilidad que cae estrepitosamente garantiza que la próxima generación herede un gran capital social per capita, y un tamaño familiar reducido hace que resulte más fácil pagar un costo elevado en educación privada o pública por niño, lo que deriva en rápidas mejoras de las capacidades de la fuerza laboral. Corea del Sur, China y algunos países del este de Asia se han beneficiado enormemente de este dividendo demográfico en los últimos 40 años.  

Ahora bien, sin una rápida caída de las tasas de fertilidad, no hay ningún dividendo. Si la fertilidad se mantiene alta, un ratio bajo entre jubilados y trabajadores es compensado por un ratio alto de dependencia infantil, lo que dificulta poder afrontar un gasto elevado en educación por niño. Y si cada nuevo séquito de trabajadores es mucho mayor que el anterior, el crecimiento del capital social per capita (ya sea en infraestructura o plantas y equipamiento), se retrasa. El crecimiento acelerado de las poblaciones en edad de trabajar hace imposible crear empleos lo suficientemente rápido como para impedir un subempleo generalizado.

Este es el embrollo en el que está atascada gran parte del África subsahariana. En una situación en la que las tasas de crecimiento moderadas del PIB (que promediaron el 4,6% en los últimos diez años) están compensadas por un crecimiento de la población anual del 2,7%, el ingreso per capita ha venido creciendo por debajo del 2% por año, comparado con la tasa del 7% que alcanza China. A esta tasa de progreso, África recién alcanzará los estándares de vida actuales de las economías avanzadas a mediados del 2100.

Pakistán enfrenta un reto ligeramente menos serio (pero de todos modos importante). La demografía de la India varía por región: mientras que las tasas de fertilidad ahora están en 2% o por debajo, en estados económicamente dinámicos como Maharashtra y Gujarat, los grandes estados del norte Bihar y Uttar Pradesh todavía enfrentan serios vientos de frente a nivel demográfico.




Durante décadas ha resultado evidente que una fertilidad elevada puede retrasar el crecimiento per capita. Y ahora los costos de negar esa posibilidad están por aumentar, especialmente en el caso de los países en desarrollo. Existen sólo unos pocos ejemplos históricos de un paso exitoso de la pobreza a la productividad y estándares de vida de las economías avanzadas, y en todos los casos (Japón en los años 1950-1980, Corea del Sur en los años 1960-1990, China durante las últimas cuatro décadas), el crecimiento rápido de la manufactura orientada a las exportaciones ha desempeñado un papel central, pero el progreso tecnológico ahora amenaza esa ruta hacia la prosperidad.

La tecnología de la información finalmente nos permitirá automatizar la gran mayoría de los empleos actuales. A pesar de una gran incertidumbre respecto de cuánto demorará la transición, estudios recientes dejan en claro que los empleos que implican una actividad física predecible son los más vulnerables en el corto plazo. La manufactura que implica el manejo de materiales duros (pensemos en la producción de automóviles), ya está sumamente automatizada y lo estará aún más. Pero una vez que los innovadores logren crear "robots costureros" efectivos que sean capaces de manipular material blando, muchos empleos existentes en la industria de la vestimenta y textil también estarán amenazados.

En este proceso, la manufactura puede regresar a las economías avanzadas, pero con pocos empleos. La "Speedfactory" de Adidas en Ansbach, Alemania, pronto producirá 500.000 zapatos por año con sólo 160 trabajadores. Un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo estima que entre el 60% y el 90% de los empleos de baja remuneración existentes en la industria textil y de vestimenta en varios países asiáticos podrían ser automatizados.

Sin embargo, los mayores desafíos no se presentarán en el sudeste asiático, sino en partes de la India, en Pakistán y, por sobre todo, en África. La India debe crear entre 10 y 12 millones de nuevos empleos por año sólo para seguir estando en consonancia con la población en edad de trabajar, y muchos más para absorber a las enormes cantidades de trabajadores que ya están subempleados. Pero algunos de los planes son poco realistas: un informe reciente cuestiona el mensaje oficial de diez millones de nuevos empleos en la fabricación de ropa, y sugiere que tres millones es un escenario más probable.

En cuanto a África, la proyección de punto medio de Naciones Unidas proyecta la población de 20 a 65 años en 1.300 millones en 2050 y en 2.500 millones en 2100, por encima de los 540 millones de hoy. Estos jóvenes habitarán un mundo en el que sólo una pequeña fracción podrá encontrar trabajo en la industria orientada a las exportaciones. La población de China de 25 a 64 años, por el contrario, enfrenta una posible caída de 930 millones a 730 millones, lo que hará aumentar los salarios reales y creará fuertes incentivos para una alta inversión en automatización. En un mundo de posibilidades radicales de un desplazamiento de la mano de obra humana, el hecho de que haya demasiados trabajadores será un problema mayor que si hubiera demasiado pocos.  

No existen respuestas fáciles para los problemas que hoy enfrentan las economías emergentes. La creación de empleos debe maximizarse en los sectores menos vulnerables a la automatización de corto plazo: los empleos en la construcción y el turismo pueden ser más sustentables que la manufactura. Las políticas para permitir una caída de la fertilidad voluntaria, a través de una educación femenina y de un fácil acceso a la contracepción, deberían ser altas prioridades; Irán, donde la tasa de fertilidad cayó de 6,5 en los años 1980 a menos de 2 en 2005, muestra lo que es posible inclusive en sociedades religiosas supuestamente tradicionales.

Pero el primer paso para la resolución de cualquier problema es reconocerlo. Gran parte de lo que se dice actualmente sobre los dividendos demográficos es un ejercicio peligroso de negación. Es hora de enfrentar la realidad.


Publicado originalmente en Project Syndicate

viernes, 29 de septiembre de 2017

jueves, 14 de septiembre de 2017

Regulación de la Brecha Digital

9/14/2017 12:08:00 p. m.

Por: Shamel Azmeh
Profesor de Política y Desarrollo Internacional en la Universidad de Bath.



Imagen creada por Freepik. Libre distribución.
La creciente digitalización de la economía global está cambiando la forma de producción, distribución y venta de productos y servicios a través de las fronteras. Tecnologías como la computación en nube, la inteligencia artificial, los sistemas autónomos y los “dispositivos inteligentes” engendran nuevas industrias y revolucionan las que ya había.

Pero a pesar de los importantes beneficios que pueden traer estos cambios, la velocidad de la digitalización también crea enormes desafíos de gobernanza, en los planos intra e internacional. Los nuevos procesos posibilitados por la digitalización ponen a prueba las normativas globales actuales, incorporadas en acuerdos de comercio e inversión multilaterales, regionales y bilaterales.

Esto crea más margen para la intervención de los gobiernos nacionales en la economía digital. China, por ejemplo, estableció una industria digital propia apelando a políticas como el filtrado de Internet, la localización de datos (exigir a las empresas de Internet que almacenen los datos en servidores locales) y la transferencia tecnológica obligatoria como modo de impulsar el desarrollo digital. Esto sirvió de base a la aparición de importantes empresas digitales chinas como Tencent y Baidu, pero a menudo tuvo efectos adversos sobre la libertad de expresión y acceso a la información.

Un factor es que la normativa mundial actual está perdiendo efectividad. Por ejemplo, el intercambio internacional de servicios se rige por el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) de la Organización Mundial del Comercio, según diferentes “modos de suministro”. Muchos países en desarrollo acordaron liberalizar la provisión transfronteriza de servicios (el modo uno” de comercio) sin prever hasta qué punto la economía digital incrementaría las oportunidades para ese tipo de comercio. Ahora aquellos compromisos tempranos adquieren mayor significación económica, y eso aumenta la presión sobre muchos países en desarrollo.

En años recientes se intensificó el debate sobre cómo debería regirse la economía digital. Las empresas digitales multinacionales, en su mayoría con sede en Estados Unidos, promueven una armonización normativa internacional que ofrezca previsibilidad y limite el margen de intervención de los gobiernos nacionales en los flujos digitales.

El gobierno de Obama se sumó a esa campaña haciendo del ámbito digital un elemento central de la política comercial de Estados Unidos (consulte la agenda aquí). En los “tratados comerciales del siglo XXI”, como el Acuerdo Transpacífico y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, se incluyeron cláusulas sobre el libre flujo de datos y contra la localización de datos y la transferencia tecnológica obligatorias. El objetivo era crear una supervisión digital de dos grandes mercados (Asia y el Pacífico, con el ATP, y la Unión Europea, con la ATCI) como primer paso importante hacia la adopción de normas globales en esas áreas.

La negociación de normas digitales bajo el ATP resultó difícil, pero al final tuvo éxito; el gobierno de Obama superó la oposición ofreciendo a algunos socios del ATP un mejor acceso al mercado estadounidense para ciertas manufacturas.

Pero en el caso de la ATCI fue todavía más difícil; algunos estados europeos, en particular Francia y Alemania, se opusieron a la imposición de reglas digitales por temor a que permitieran a las empresas estadounidenses dominar la economía digital europea. Como se ha señalado, para muchos países europeos, la “puesta a la par en materia digital” es un objetivo estratégico clave (revise un trabajo relacionado aquí).

La elección del presidente Donald Trump en Estados Unidos, quien hizo campaña con una plataforma comercial proteccionista y de apoyo a las industrias fabriles “tradicionales”, siembra dudas sobre el futuro de la normativa digital. La decisión de Trump de retirarse del ATP generó reacciones muy negativas en la industria digital estadounidense. Resta por verse lo que ocurrirá con las normas de comercio digital bajo la ATCI, algo que Trump insinuó que podría reactivar.

Sin importar las medidas de Trump en materia de comercio internacional, el trabajo de actualización de las normas mundiales para la economía digital prosigue, dentro de la OMC y también como parte de las conversaciones entre Estados Unidos, Canadá y México para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Estos debates se tornarán más acuciantes en los años venideros.

Hasta ahora, la ambigüedad regulatoria no afectó seriamente a los países en desarrollo, y los costos económicos para el Sur global han sido mínimos. Pero eso puede cambiar si las tres mayores economías del mundo (Estados Unidos, la UE y China) llegaran a armonizar sus estrategias de regulación del comercio internacional digital y de los flujos globales de datos. En tal supuesto, se intensificará la presión sobre los países en desarrollo para que acepten la adopción de reglas digitales.

Quienes proponen nuevas reglas tal vez aconsejen a los países en desarrollo que las acepten sin discusión, con el argumento de que quedar fuera de un sistema regulatorio global perjudicará el desarrollo digital local y les dificultará la participación en nuevos campos tecnológicos. Pero las nuevas reglas también pueden revivir las desigualdades introducidas por la “Ronda de Uruguay” de negociaciones comerciales, origen de la OMC y guía de los acuerdos de libre comercio entre el Norte y el Sur. (¿Qué fue la ronda de Uruguay?)

En los acuerdos multilaterales y bilaterales, los países en desarrollo aceptan restricciones a su “espacio de políticas” a cambio de mejor acceso a los mercados de las economías avanzadas. Muchos estudiosos consideran ahora que este “trueque” debilita la capacidad de los países en desarrollo para implementar políticas que alienten la diversificación económica y el cambio estructural, y les hace más difícil ponerse a la par de las economías desarrolladas en cuestiones económicas y tecnológicas.

Es necesario elaborar un nuevo marco para el comercio digital y electrónico, teniendo presentes estas cuestiones. Al crear las reglas que regirán la interacción entre países, los reguladores deben procurar que las políticas de comercio digital no agraven las desigualdades que el régimen de comercio tradicional dejó a la vista.


Publicado originalmente en: Project Syndicate

martes, 5 de septiembre de 2017

Valorar el trabajo de las mujeres

9/05/2017 11:37:00 a. m.

Por: Bharati Sadasivam.
Asesora Regional de Género en la oficina del PNUD para Europa y Asia Central.



En los próximos meses, los 12.000 empleados de la sede de Apple en Cupertino, California, terminarán de trasladarse a un extravagante nuevo campus. Llamado la "nave espacial", abarca 260.128 metros cuadrados, cuenta con un estudio de yoga de dos pisos, senderos para correr e incluso revolucionarias cajas de pizza que mantienen crujientes los pedazos. Pero, a pesar de la gran inversión, el campus no tiene guardería infantil.
Al ignorar la importancia que tiene el cuidado de los niños para los padres que trabajan, Apple está lejos de ser una empresa singular, y tal omisión pone a los padres en una posición muy desventajosa en su ruta para alcanzar su potencial económico, sobre todo en el caso de las madres.
Imagen creada por Freepik. Libre distribución.
En todo el mundo, las mujeres realizan el doble del trabajo doméstico y de cuidado no remunerados (incluidos la crianza de los hijos, el cuidado de familiares ancianos o enfermos y el manejo del hogar) que los hombres (en Humanolitics hemos hablado de ello). En México, India y Turquía, las mujeres realizan tres veces más trabajo de cuidado que los hombres.
Sin embargo, a pesar de que las mujeres de todo el mundo realmente trabajan más que los hombres en total (incluidos el trabajo remunerado y no remunerado), en promedio perciben salarios de un 25% menos. A nivel mundial, solo la mitad de las mujeres en edad de trabajar conforma la fuerza laboral remunerada, en comparación con más de tres cuartas partes de los hombres.
Esta situación está cambiando poco a poco. El trabajo doméstico y de cuidado no remunerados cada vez se consideran menos como "trabajo de mujeres", ya que los hombres de hoy están asumiendo más responsabilidades en el hogar que sus padres y abuelos. En algunos países, en especial en Europa, se están revisando las políticas tradicionales de licencias laborales, a fin de que los padres puedan elegir cómo distribuir el tiempo libre que les toca después del nacimiento de un hijo.
En términos generales, cada vez más se va reconociendo el valor del trabajo doméstico y de cuidado no remunerados, no solo en favor de los niños y otros miembros de la familia, sino también en favor de la salud a largo plazo de las sociedades y economías. Los esfuerzos para medir la contribución del trabajo de cuidado a las economías nacionales han producido estimaciones que oscilan entre el 20% y el 60%  del PIB.
En 2015, los Estados Miembros de las Naciones Unidas adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que piden el reconocimiento, la reducción y la redistribución del trabajo de cuidado no remunerado, una medida que economistas feministas y defensores de la igualdad de género han venido proponiendo desde hace mucho tiempo. La pregunta que debemos responder es qué puede hacerse para alcanzar dicho objetivo.
La responsabilidad recaerá ante todo sobre los gobiernos. A fin de cuentas, si bien las empresas o las asociaciones de vecinos pueden ofrecer opciones de guarderías a los padres que trabajan, los costos y la calidad varían ampliamente. Se necesita la acción del gobierno para asegurar que los servicios asistenciales cubran a todas las personas que los necesiten, desde los niños en edad preescolar hasta los enfermos, las personas con discapacidad y los ancianos, y que dichos servicios sean universalmente accesibles y asequibles.
Lo que es más importante, los gobiernos deben establecer los requisitos de los programas de licencia parental y familiar. En conjunto con las empresas privadas, también pueden ofrecer incentivos monetarios para que hombres y mujeres compartan el trabajo doméstico y el de cuidado más equitativamente. En un momento en que muchos gobiernos, sobre todo en el mundo en desarrollo, enfrentan graves limitaciones fiscales, tales intervenciones podrían parecer una exageración, pero el gasto en el sector asistencial debe considerarse una inversión y no un costo. 
Un estudio reciente realizado en Turquía demuestra que un dólar estadounidense de dinero público invertido en el sector asistencial podría crear 2,5 veces los puestos de trabajo que crearía un dólar invertido en la industria de la construcción. Más de la mitad de esos trabajos serían para las mujeres.
Las instituciones internacionales pueden desempeñar un papel importante. En la ex República Yugoslava de Macedonia, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), emprendió una iniciativa que ayudó a las mujeres que habían trabajado principalmente en casa durante toda su vida a encontrar empleo en el sector asistencial.
A medida que la población crezca y envejezca, el sector asistencial simplemente aumentará en importancia. Los países que se adapten en el presente a estas nuevas circunstancias disfrutarán de una ventaja considerable, ya que el proceso de adaptación refuerza los derechos y las libertades de las mujeres, genera empleo y hace más equitativas las sociedades. En vista de todo esto, ¿qué estamos esperando?

Publicado originalmente en: PNUD

lunes, 28 de agosto de 2017

¿A quiénes están dejando atrás América Latina y el Caribe?

8/28/2017 03:02:00 p. m.

Por: Jessica Faieta
Subsecretaria general de la ONU y Directora del PNUD para América Latina y el Caribe



Más de 40 países –11 de América Latina y el Caribe– han compartido en un Foro en la ONU en Nueva York el mes pasado sus avances en el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la nueva agenda para avanzar en lo social, económico y ambiental hasta 2030. El encuentro ha dejado evidente la voluntad política de la región de adoptar y cumplir con esta agenda universal. Presentaron sus avances Argentina, Belice, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Perú y Uruguay, a los que sumamos Colombia, México y Venezuela, que compartieron informes en 2016.
Los ODS reconocen la virtud del crecimiento económico inclusivo, sostenible, que respete al medio ambiente y fortalezca los marcos institucionales y normativos. La agenda busca "no dejar a nadie atrás", y admite que el mercado no lo resuelve todo. Esto es fundamental para nuestra región, la más desigual del mundo.
Durante el foro en la ONU el secretario general presentó su informe sobre los ODS, que muestra avances y retos para América Latina y el Caribe. En las dos últimas décadas la región obtuvo logros extraordinarios: la proporción de la población que vive en pobreza extrema (menos de 1,90 dólares diarios) se redujo de un 13,9% (1999) al 5,4% (2013). Además, un 61% de latinoamericanos tenía algún tipo de protección social en 2016.
Pero el informe también revela que seguimos en deuda con ciertos grupos, en especial los jóvenes y las mujeres. Además, ser afrodescendiente, indígena, LGBTI, persona con discapacidades, incide en las oportunidades y posibilidades de ascenso social y económico y en el acceso a servicios en nuestra región, según se detalla en un reciente estudio del PNUD.
Hay desafíos para los jóvenes, en especial los de bajos ingresos. El crecimiento anual del PIB per cápita se ha reducido en la última década y la tasa de desempleo de los jóvenes (17,2) fue casi tres veces superior a la de los adultos (6,1) en 2016.
Si anteriormente el mundo se centraba en medir el número de niños en la escuela, la nueva agenda mira la calidad de la enseñanza. Este informe muestra que, aunque hay más estudiantes que nunca antes, en muchos países de la región solo la mitad de ellos ha logrado niveles mínimos de competencia en lectura o matemáticas al final de la enseñanza primaria.
La región sigue siendo la más violenta del mundo, con hasta 27,3 asesinatos por 100.000 habitantes. Los jóvenes, principalmente los varones, son los más afectados y también son los responsables más comunes de la violencia y los delitos, según un informe del PNUD que hace un llamado para evitar su criminalización y estigmatización.
Para las mujeres quedan muchos retos pendientes. Un promedio de 12% sufrieron violencia física o sexual por sus compañeros en los últimos 12 meses. Además, tenemos la segunda tasa más alta de embarazos adolescentes del mundo. Asimismo, las mujeres dedican tres veces más tiempo que los hombres a los trabajos domésticos no remunerados, una disparidad que aumenta en América Latina cuando hay niños en los hogares.
Aunque hay más estudiantes que nunca antes, en muchos países de la región solo la mitad de ellos ha logrado niveles mínimos de competencia en lectura o matemáticas al final de la enseñanza primaria
Por otro lado, un gran logro: hay más mujeres en los Parlamentos. Subimos de un 15,2% en el 2000 al 29,4% en el 2017, siendo hoy la segunda región del mundo con más parlamentarias.
Más allá de los datos en el informe, la región ha tomado pasos concretos en crear o adaptar institucionalidad para implementar los ODS y varios países avanzan en incorporar las metas en sus planificaciones y presupuestos.
Es una buena noticia. La nueva agenda brinda una oportunidad histórica de repensar el modelo de progreso y alienta a que muchos países definan nuevas formas de trabajar con el sector público, privado y la sociedad civil, por el planeta y las personas, sin dejar a nadie atrás.
Artículo publicado originalmente en Blog PNUD

miércoles, 7 de junio de 2017

¿Tiempo de tomar una decisión? Primero averigüemos qué nos enloquece.

6/07/2017 03:32:00 p. m.

Por: Jacinda Fairholm
Asesora Regional para la Reducción de Riesgos y Desastres del PNUD.



El artículo de New York Times más leído en 2016 fue Why you will marry the wrong person ("Por qué te casarás con la persona equivocada"). En un podcast posterior a la publicación, el autor Alain de Botton señala cómo los ideales románticos entorpecen un análisis claro y la aplicación de los criterios comprobados antes de tomar una de las decisiones más importantes, podría decirse, en la vida de una persona. El matrimonio, que puede ser enormemente enriquecedor y fructífero o, en el otro extremo, completamente empobrecedor, suele planearse en momentos emotivos de sueños y euforia. Tomar decisiones equivocadas puede tener altísimos costos emocionales y económicos, con altas probabilidades de afectar a los hijos y al futuro.
Botton sugiere que el proceso de selección debe tomar en cuenta una pregunta clave: "¿Qué es lo que me enloquece?". En otras palabras, analizar las propias fallas y considerar lo que podría ser riesgoso para la pareja o para uno mismo permitirá tomar una mejor decisión en el largo plazo.
De hecho, para tomar cualquier decisión importante deberían considerarse los riesgos, los beneficios y los costos: una evaluación de riesgos. Un enfoque pragmático para tomar una decisión que podría conllevar consecuencias sociales, económicas y físicas. Si tomamos el consejo de esta filosofía, la pregunta que habría que hacerse es "¿qué es lo que enloquece al país?".
Es decir, "¿cuáles son los riesgos?". Un buen análisis de riesgos significa cuantificar un peligro o amenaza potencial y combinarlo con una evaluación de los posibles efectos adversos. Quiere decir, preguntarse "¿a qué riesgos nos exponemos?, ¿cuáles son las probabilidades?".
Este paso debería complementarse con una reflexión sobre la pregunta "¿cuáles son nuestras debilidades?". Cómo podrían las privaciones socio-económicas, la desigualdad de género, la inseguridad alimentaria o enfermedades de propagación extensa, como la malaria, hacer que un país sea más propenso a sufrir adversidades más profundas o duraderas.
La otra cara de la evaluación de riesgo es el conocimiento de las propias fortalezas. Ciertos factores, como la efectividad del gobierno, las medidas de protección social, el acceso a servicios como salud y educación y el estado de la infraestructura física, contribuyen en conjunto a la capacidad nacional o regional de responder a una crisis o mitigar sus efectos en la población. Los desastres, al igual que un matrimonio fallido, pueden ser desastrosos para el crecimiento y el progreso, tanto a nivel personal como social o económico.
En América Latina y el Caribe, muchos países se están planteando esas preguntas. Colombia, Guatemala, Honduras y El Salvador están trabajando para adaptar al contexto nacional una herramienta de análisis de riesgos, conocida como Índice de Gestión de Riesgos (INFORM).  El Índice brinda una metodología simplificada y estandarizada para analizar y cuantificar el riesgo de crisis y desastres humanitarios, y entender cómo las condiciones que los causaron afectan el desarrollo sostenible.
La herramienta utiliza fuentes públicas para proveer un índice compuesto e identificar dónde es mayor el riesgo. Ello permite que los actores nacionales y regionales puedan encauzar recursos, asistencia y herramientas a los fines más apropiados, con el objetivo de aumentar la resiliencia y reducir la probabilidad y los costos de los desastres. La información puede extraerse por distrito o región, para identificar en qué lugares algunas medidas de protección o planes de acción (por ejemplo, inversiones públicas, compensaciones sociales para disminuir la vulnerabilidad o estrategias de gestión de la tierra) ayudarían a reducir el riesgo. También reconoce tendencias a través del tiempo, lo que permite priorizar territorios y acciones.
En América Latina, la herramienta se está modificando para que refleje la realidad de cada país y pueda ayudar a la toma de decisiones con información sobre riesgos, lo que se utilizará en los procesos de planeamiento y programación, asignación de recursos y respuesta a desastres. La evaluación de riesgos es un paso pragmático para identificar en dónde se encuentra la causa potencial de "locura" y qué se puede hacer al respecto.
Preguntarse "¿qué me o nos enloquece?" sería muy útil para lograr un compromiso serio con el propio desarrollo, tanto a nivel micro como macro: la búsqueda de una trayectoria que dé frutos y no consuma energía ni provoque más miseria a su paso. En términos de matrimonio, la pregunta abre la puerta a la evaluación y al conocimiento del grado de inversión en otra persona. En términos de desarrollo, puede ser la base para mitigar los costos económicos, físicos y sociales asociados con la locura de las crisis y los desastres.

Fuente: PNUD

Sobre nosotros

Somos una web social que combina investigación y artículos destacados en pro de la generación de conocimiento. Aquí encontrarás un espacio construido para la lectura y la discusión de temas ambientales, sociales, económicos y más. Únete a la comunidad y recibe nuestro boletín semanal.

Reciente

recentposts

Aleatorio

randomposts