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miércoles, 25 de octubre de 2017

Erradicar la Pobreza Mundial

10/25/2017 11:34:00 a. m.
Por: Angela Lusigi.

En este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, bajo el tema “Responder al llamado del 17 de octubre a poner fin a la pobreza”, se nos recuerda que todavía en todas partes este es un fenómeno de múltiples dimensiones. Su erradicación implica ampliar la riqueza de la vida humana y no solo la riqueza económica en el que se desenvuelven las personas. Este concepto de desarrollo humano que defiende el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), reconoce que el ingreso es solo un medio. Todas las personas en todo el mundo necesitan más opciones y oportunidades para vivir la vida que valoran.

Sin embargo, a menudo se asume que la pobreza se circunscribe a determinados lugares y grupos y que la desigualdad (la enorme brecha en la capacidad de las personas para llevar una vida saludable, mantenerse informadas y participar en la vida pública), es inevitable. Sin embargo, como dijo Nelson Mandela: “Mientras la pobreza, la injusticia y la desigualdad persisten en nuestro mundo, nadie podrá realmente descansar”. Si lo que de verdad buscamos es erradicar la pobreza, no podemos soslayar la desigualdad entre los países, en el seno de los países y entre las mujeres y los hombres.

Muchos vivimos en países donde es posible encontrar un empleo, obtener buena educación e ir a hospitales de calidad. En otros, hay menos empleos de menor remuneración y el acceso a la salud y la educación es más limitado. Sin embargo, todos los países, independientemente de su tamaño, presentan disparidades socioeconómicas y geográficas, así como entre mujeres y hombres. En materia de desarrollo humano, todos los países empeoran su desempeño en un 22% cuando a la ecuación se le añade la desigualdad. Concretamente, esos porcentajes oscilan entre el 13% en Europa, 19% en Asia Oriental y el Pacífico, 23% en América Latina y el Caribe, 28% en los Estados árabes y Asia Meridional y el 32% en África.

En general, la desigualdad en la distribución y control de los recursos políticos, económicos y sociales, así como las instituciones sociales discriminatorias que alimentan el ciclo de exclusión son factores que perpetúan la desigualdad. Esto implica que un niño o una niña que nace en la pobreza en cualquier lugar del mundo tiene relativamente menos probabilidades de escapar de la pobreza. Es por ello que enfrentar la pobreza y la desigualdad en todas partes es fundamental para cumplir la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible (amplía el tema aquí), redoblando los esfuerzos y la inversión encaminados a romper el ciclo de pobreza entre generaciones y a contribuir a la movilidad social.

En una reciente publicación del PNUD (disponible aquí), se examinan la pobreza y la desigualdad. La evidencia muestra de forma rotunda que para erradicar la pobreza en África es necesario romper el ciclo de desigualdad con más y mejores empleos, educación de buena calidad y la eliminación de la exclusión en todas sus formas.

En primer lugar, el fomento a la creación de empleos y la iniciativa empresarial en la agricultura, la industria, el turismo, el entretenimiento y otros servicios proporcionará más y mejores oportunidades económicas sostenibles para los 201 millones de personas que actualmente están desempleadas, según la OIT. Es necesario aplicar medidas orientadas a reducir las barreras estructurales para cumplir el objetivo de la Agenda 2030 relativo al crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos y atender a los 2,7 millones de personas desempleadas en todo el mundo en 2017.

Por otro lado, está probado que un mejor acceso a educación de calidad reduce la desigualdad y la pobreza, acceso que necesitan los 61 millones de niños y niñas y los 60 millones de adolescentes que actualmente no asisten a la escuela, según UNICEF (aquí las cifras). Prestar servicios sociales de calidad, incluidos los de salud, agua y saneamiento para todas las personas constituye un desafío insoslayable. Las desigualdades persisten en todo el mundo debido a instituciones y prácticas sociales discriminatorias y servicios de distribución sesgados.

Por último, para eliminar la exclusión en la distribución de las riquezas nacionales resulta esencial instrumentar reformas que garanticen un acceso más igualitario a los recursos naturales, la inversión pública, impuestos racionales y el acceso universal a la protección social. Derribar las barreras que producen exclusión contribuye a una educación de calidad inclusiva y en condiciones de igualdad, a vidas saludables, a la igualdad de género y a una mayor igualdad entre los países y dentro de sus fronteras.

No obstante, el déficit de financiamiento para lograr la Agenda 2030 a nivel mundial es generalizado y se estima que equivale a entre dos y tres billones de dólares anuales, según la UNCTAD (aquí las cifras). Así, el mundo debe continuar trabajando mancomunadamente en nuevas modalidades, incluida una mayor cantidad de alianzas entre el sector público, el privado y la ciudadanía para intensificar la inversión necesaria a fin de erradicar la pobreza en todas sus formas, en todas partes. Según Victoria Woodhull, la primera mujer candidata a presidenta en los Estados Unidos en 1872, “no es la riqueza en las manos de unos pocos individuos lo que hace de un país un país próspero, sino la riqueza general distribuida equitativamente entre el pueblo”.


Fuente: Blog UNDP

miércoles, 11 de octubre de 2017

Tres escenarios para la Economía Global

10/11/2017 12:30:00 p. m.
Por: Nouriel Roubini.

El Fondo Monetario Internacional, que en los últimos años ha caracterizado el crecimiento global como el "nuevo mediocre", recientemente ha mejorado sus Perspectivas de la Economía Mundial (WEO). Pero, ¿está en lo correcto el FMI al pensar que el reciente brote de crecimiento continuará durante los próximos años, o es esta una subida temporal cíclica a punto de ser sometida por nuevos riesgos de cola?



Durante los últimos años, la economía mundial ha estado oscilando entre períodos de aceleración (cuando el crecimiento es positivo y se fortalece) y períodos de desaceleración (cuando el crecimiento es positivo, pero se debilita). Luego de más de un año de aceleración, ¿está el mundo encaminado hacia otra desaceleración, o la recuperación será persistente?

La actual expansión del crecimiento y de los mercados de renta variable se ha mantenido firme  desde el verano de 2016. A pesar de un breve contratiempo después de la votación por el “Brexit”, la aceleración soportó no sólo la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, sino también la creciente incertidumbre política y caos geopolítico que él, en su mandato, ha generado. En respuesta a esta aparente resistencia, el Fondo Monetario Internacional (FMI), que en los últimos años ha caracterizado el crecimiento global como el "nuevo mediocre", recientemente mejoró sus “Perspectivas de la Economía Mundial” (informe conocido como WEO).

En ese sentido, ¿continuará dicho crecimiento en los próximos años? ¿O es que el mundo está experimentando una subida temporal cíclica que pronto será sometida por nuevos riesgos de cola (amplía aquí el concepto), como aquellos que han desencadenado otras ralentizaciones en los últimos años? Basta con recordar el verano de 2015 y principios de 2016, cuando los inversionistas temieron que (i) una dura caída de la economía China, (ii) una salida excesivamente rápida de las bajas tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, (iii) una paralización del crecimiento del PIB estadounidense y (iv) bajos precios del petróleo, conspiraran para socavar el crecimiento mundial.

Es así como, uno puede visualizar tres escenarios posibles para la economía global en los próximos tres años o más. En el escenario alcista, las cuatro economías más grandes (y sistemáticamente importantes) del mundo, China, la Eurozona, Japón y Estados Unidos, implementan reformas estructurales que permiten impulsar el crecimiento potencial y abordar vulnerabilidades financieras. Al asegurar que la recuperación cíclica se asocie con un mayor potencial y crecimiento real, tales esfuerzos producirían un crecimiento robusto del PIB, una inflación baja, pero moderadamente creciente, y una relativa estabilidad financiera durante muchos años más. Los mercados bursátiles estadounidenses, así como los globales, alcanzarán nuevos niveles justificados por fundamentos más sólidos.

En el escenario bajista sucede lo contrario: las principales economías del mundo no implementan reformas estructurales que impulsen el crecimiento potencial. En lugar de usar estos meses (cuando celebran el Congreso Nacional del Partido Comunista), como un catalizador para la reforma, China patea la lata cuesta abajo, siguiendo en un camino de apalancamiento excesivo y exceso de capacidad. La Eurozona no logra una mayor integración, mientras que las restricciones políticas limitan la capacidad de los hacedores de políticas nacionales para implementar reformas estructurales que mejoren el crecimiento. Y Japón sigue estancado en su trayectoria de bajo crecimiento, ya que las reformas de la oferta y la liberalización comercial (la tercera "flecha" de la estrategia económica del primer ministro Shinzo Abe), se desvanecen.

En cuanto a Estados Unidos, la administración Trump, en este segundo escenario, continúa aplicando un enfoque de política (incluyendo el recorte de impuestos que favorece abrumadoramente a los ricos, el proteccionismo comercial y las restricciones a la migración), que bien podría reducir el crecimiento potencial. El estímulo fiscal excesivo conduce a fugas de déficit y deuda, lo que resulta en tasas de interés más altas y un dólar más fuerte, debilitando aún más el crecimiento. “Gatillo Alegre” Trump podría incluso terminar en un conflicto militar con Corea del Norte y, más tarde, con Irán, disminuyendo aún más las perspectivas económicas de Estados Unidos.


En este escenario, la falta de reformas en las principales economías limitará la recuperación cíclica  por la baja tendencia del crecimiento. Si el crecimiento potencial sigue siendo bajo, las políticas de relajación cuantitativa (quantitative easing), monetarias y crediticias, podrían conducir a la inflación de bienes y/o activos, causando eventualmente una desaceleración económica (y posiblemente una recesión absoluta y crisis financiera), cuando las burbujas de activos exploten o la inflación suba.

El tercer (en mi opinión más probable) escenario, se encuentra entre los dos primeros. La recuperación cíclica, tanto en el crecimiento como en los mercados de renta variable, continúa durante un tiempo, impulsada por los remanentes vientos de cola. Sin embargo, si bien las grandes economías persiguen algunas reformas estructurales para mejorar el crecimiento potencial, el ritmo de cambio es mucho más lento (y su alcance más modesto) de lo necesario para maximizar el potencial.

En China, este escenario del tipo “salir del paso” implica hacer lo suficiente para evitar un aterrizaje forzoso, pero no lo suficiente para lograr que sea realmente suave; con las vulnerabilidades financieras dejadas sin resolver, la angustia llega a ser casi inevitable con el tiempo. En la eurozona, este escenario solamente implicaría un progreso nominal hacia una mayor integración, con el continuo rechazo de Alemania de una verdadera división de riesgos o de una unión fiscal, debilitando los incentivos para que los países miembros en lucha emprendan reformas difíciles. En Japón, una administración cada vez más ineficaz de Abe implementaría reformas mínimas, dejando el crecimiento potencial atascado debajo del 1%.

En Estados Unidos, la presidencia de Trump permanecería volátil e ineficaz, con un creciente número de estadounidenses dándose cuenta de que, a pesar de su pretensión populista, Trump es simplemente un plutócrata que protege los intereses de los ricos. La desigualdad aumenta; la clase media se estanca; los salarios apenas crecen; y el consumo, así como el crecimiento siguen siendo anémicos, apenas cerca del 2%.

Pero los riesgos del “salir de paso” se extienden mucho más allá del mediocre desempeño económico. Este escenario no representa un equilibrio estable, sino un desequilibrio inestable, vulnerable a los choques económicos, financieros y geopolíticos. Cuando tales choques eventualmente surjan, la economía se inclinará en una desaceleración o, si el choque es lo suficientemente grande, incluso la recesión y la crisis financiera.

En otras palabras, si el mundo simplemente sale del paso, como parece probable, podría, dentro de tres o cuatro años, enfrentar una perspectiva más bajista. La lección es clara: o bien los líderes políticos y los responsables políticos demuestran el liderazgo necesario para asegurar un mejor pronóstico a mediano plazo, o bien los riesgos a la baja se materializarán en poco tiempo y causarán serios daños a la economía global.

Traducción: Humanolitics.org.ve
Publicado Originalmente en Project-Syndicate

lunes, 9 de octubre de 2017

¿Son alcanzables los Objetivos de Desarrollo Sostenible?

10/09/2017 01:30:00 p. m.
Por: Andrew Sheng y Xiao Geng.


El reciente discurso del presidente de EEUU Donald Trump en las Naciones Unidas ha recibido mucha atención por su retórica bizarra y belicosa, incluyendo amenazas de desmantelar el acuerdo nuclear de Irán y "destruir totalmente" a Corea del Norte (aquí el discurso). El mensaje subyacente a sus declaraciones fue claro: el Estado soberano sigue dominando, con intereses nacionales que eclipsan objetivos compartidos. Esto no es un buen augurio para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Adoptados por la ONU apenas un año antes de la elección de Trump, los ODS requerirán que los países cooperen en objetivos globales cruciales relacionados con el cambio climático, la pobreza, la salud pública y mucho más. En una época de desprecio por la cooperación internacional (por no hablar de la negación atrincherada al cambio climático en la administración de Trump), surge una pregunta importante, ¿se está logrando el deseo de los ODS?

Los ODS nacieron obligados a enfrentarse a fuertes obstáculos, debido a la interrupción tecnológica, la rivalidad geopolítica y la creciente desigualdad social. Pero los discursos populistas que promueven políticas nacionalistas, incluido el proteccionismo comercial (aquí una definición), han intensificado considerablemente dichos obstáculos. En pocas palabras, las poblaciones están perdiendo la fe en que la ortodoxia de desarrollo global de la buena gobernanza (incluida la disciplina monetaria y fiscal), y los mercados libres puedan beneficiarlos.

Con todos los países avanzados enfrentándose a graves restricciones fiscales y los mercados emergentes debilitados por los menores precios de las materias primas, pagar por bienes públicos mundiales se ha vuelto aún más desagradable. Los recortes presupuestarios (junto con los problemas de rendición de cuentas y los nuevos retos tecnológicos), también están perjudicando a los encargados de la buena gobernanza. Y los mercados cada vez más parecen ser capturados por intereses creados.

Los resultados económicos a menudo tienen su origen en la política. Roberto Unger, de la Escuela de Leyes de Harvard, ha argumentado que superar los desafíos del desarrollo basado en el conocimiento, exigirá un "vanguardismo inclusivo". Menciona que, la democratización de la economía de mercado sólo es posible con "una correspondiente profundización de la política democrática", lo que implica "la reconstrucción institucional del propio mercado".

Sin embargo, en EEUU, parece improbable que el sistema político produzca tal reconstrucción. Los profesores de la Escuela de Negocios de Harvard, Katherine Gehl y Michael Porter, argumentan que el sistema bipartidista de EEUU "se ha convertido en la principal barrera para resolver casi todos los desafíos importantes" que enfrenta el país.



Los líderes políticos, Gehl y Porter continúan diciendo, "se compite en ideología y promesas poco realistas, no en acción y resultados", y "dividen a los votantes y sirven a intereses especiales", todo mientras se les atribuye poca responsabilidad por ello. En un libro que está siendo preparado por el Profesor Shalendra Sharma de la Universidad de San Francisco, se corrobora este punto de vista: Al comparar la desigualdad económica en China, la India y EEUU, Sharma sostiene que la gobernanza tanto democrática como autoritaria no ha logrado promover un desarrollo equitativo.

Hay cuatro posibles combinaciones de resultados para los países: (1) buen gobierno y buenas políticas económicas; (2) buena política y mala economía; (3) mala política y buena economía; y (4) mala política y mala economía. En igualdad de condiciones, hay una probabilidad de uno en cuatro de lograr una situación de buena gobernanza y de buen desempeño económico. Esa probabilidad se ve disminuida por otras perturbaciones, desde los desastres naturales hasta las interferencias externas.

Hay quienes creen que la tecnología ayudará a superar tales interrupciones, estimulando el crecimiento suficiente para generar los recursos necesarios para mitigar su impacto. Pero si bien la tecnología es favorable al consumidor, produce sus propios costos considerables.

La tecnología elimina empleos a corto plazo y exige la revalorización de la mano de obra. Además, la tecnología de uso intensivo de conocimientos tiene un efecto de red del tipo “el ganador se lleva todo”, por medio del cual los centros de actividad aprovechan el acceso al conocimiento y al poder, dejando a los grupos menos privilegiados, clases, sectores y regiones luchando por competir.

Gracias a los medios de comunicación social, el descontento resultante se propaga ahora más rápido que nunca, derivando en una política destructiva. Esto puede llevar a la interferencia geopolítica, que rápidamente se deriva en un escenario de perder-perder, como el ya evidente en los países afectados por la falta de agua y los conflictos sociales, donde los gobiernos son frágiles o fracasan.

La combinación de mala política y economía en un país puede contagiarse fácilmente, ya que la creciente migración extiende el estrés político y la inestabilidad a otros países (consulta datos migratorios aquí). Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, había 65 millones de refugiados el año pasado, en comparación con sólo 1,6 millones en 1960. Dada la resistencia de los conflictos geopolíticos, por no mencionar el rápido crecimiento del cambio climático, no se espera que los niveles migratorios disminuyan por lo pronto.

Los ODS pretenden aliviar estas presiones, protegiendo el medio ambiente y mejorando la vida de las personas dentro de sus países de origen. Pero lograrlo requerirá políticas mucho más responsables y un consenso social mucho más fuerte, empezando por un cambio fundamental en la mentalidad, desde una centrada en la competencia, a una que haga hincapié en la cooperación.

Al igual que no tenemos un mecanismo fiscal global para garantizar la provisión de bienes públicos mundiales, no tenemos políticas monetarias o de bienestar para mantener la estabilidad de precios y la paz social. Es por ello que las instituciones multilaterales necesitan ser mejoradas y reestructuradas, incluyendo mecanismos efectivos de implementación y toma de decisiones para manejar los desafíos globales de desarrollo tales como brechas de infraestructura, migración, cambio climático e inestabilidad financiera. Tal sistema ayudaría mucho a apoyar el progreso hacia los ODS.

En ese sentido, Roberto Unger sostiene que todas las democracias actuales "son democracias defectuosas, de baja energía", en las que "ningún trauma" (en forma de ruina económica o conflicto militar) significa "ninguna transformación". Y tiene razón, pues en este ambiente, reflejado en el abrazo de los líderes mundiales actuales al modelo anticuado de estados-nación de Westfalia (amplía aquí el tema), el logro de los ODS probablemente será imposible.

Traducción: Humanolitics.org.ve
Artículo publicado originalmente en Project-Syndicate

viernes, 6 de octubre de 2017

martes, 3 de octubre de 2017

Negación demográfica, un peligro inminente.

10/03/2017 04:30:00 p. m.

Por: Adair Turner.


En todas las economías emergentes, los beneficios de un "dividendo demográfico" se han convertido en un estribillo familiar. Políticos y líderes empresarios por igual (ya sea en la India, Nigeria, Pakistán o Tanzania), hablan elogiosamente de cómo una población de rápido crecimiento y joven creará enormes oportunidades de inversión y alimentará un rápido crecimiento económico. Pero la realidad es que, en muchas economías emergentes, el rápido crecimiento de la población plantea una amenaza importante para el desarrollo económico, y el progreso tecnológico hará que la amenaza sea un mayor.

Para empezar, el término "dividendo demográfico" está siendo utilizado de manera incorrecta (lee aquí una definición completa). El término, en un principio, era usado para describir una transición en la que los países gozaban de un incremento puntual de la población en edad de trabajar y de una caída significativa de la fertilidad. Esa combinación produce un alto ratio (proporción), entre trabajadores y dependientes (tanto jubilados como hijos), que facilita que un alto nivel de ahorro respalde una inversión suficiente destinada a impulsar un rápido crecimiento del capital social.

Mientras tanto, una fertilidad que cae estrepitosamente garantiza que la próxima generación herede un gran capital social per capita, y un tamaño familiar reducido hace que resulte más fácil pagar un costo elevado en educación privada o pública por niño, lo que deriva en rápidas mejoras de las capacidades de la fuerza laboral. Corea del Sur, China y algunos países del este de Asia se han beneficiado enormemente de este dividendo demográfico en los últimos 40 años.  

Ahora bien, sin una rápida caída de las tasas de fertilidad, no hay ningún dividendo. Si la fertilidad se mantiene alta, un ratio bajo entre jubilados y trabajadores es compensado por un ratio alto de dependencia infantil, lo que dificulta poder afrontar un gasto elevado en educación por niño. Y si cada nuevo séquito de trabajadores es mucho mayor que el anterior, el crecimiento del capital social per capita (ya sea en infraestructura o plantas y equipamiento), se retrasa. El crecimiento acelerado de las poblaciones en edad de trabajar hace imposible crear empleos lo suficientemente rápido como para impedir un subempleo generalizado.

Este es el embrollo en el que está atascada gran parte del África subsahariana. En una situación en la que las tasas de crecimiento moderadas del PIB (que promediaron el 4,6% en los últimos diez años) están compensadas por un crecimiento de la población anual del 2,7%, el ingreso per capita ha venido creciendo por debajo del 2% por año, comparado con la tasa del 7% que alcanza China. A esta tasa de progreso, África recién alcanzará los estándares de vida actuales de las economías avanzadas a mediados del 2100.

Pakistán enfrenta un reto ligeramente menos serio (pero de todos modos importante). La demografía de la India varía por región: mientras que las tasas de fertilidad ahora están en 2% o por debajo, en estados económicamente dinámicos como Maharashtra y Gujarat, los grandes estados del norte Bihar y Uttar Pradesh todavía enfrentan serios vientos de frente a nivel demográfico.




Durante décadas ha resultado evidente que una fertilidad elevada puede retrasar el crecimiento per capita. Y ahora los costos de negar esa posibilidad están por aumentar, especialmente en el caso de los países en desarrollo. Existen sólo unos pocos ejemplos históricos de un paso exitoso de la pobreza a la productividad y estándares de vida de las economías avanzadas, y en todos los casos (Japón en los años 1950-1980, Corea del Sur en los años 1960-1990, China durante las últimas cuatro décadas), el crecimiento rápido de la manufactura orientada a las exportaciones ha desempeñado un papel central, pero el progreso tecnológico ahora amenaza esa ruta hacia la prosperidad.

La tecnología de la información finalmente nos permitirá automatizar la gran mayoría de los empleos actuales. A pesar de una gran incertidumbre respecto de cuánto demorará la transición, estudios recientes dejan en claro que los empleos que implican una actividad física predecible son los más vulnerables en el corto plazo. La manufactura que implica el manejo de materiales duros (pensemos en la producción de automóviles), ya está sumamente automatizada y lo estará aún más. Pero una vez que los innovadores logren crear "robots costureros" efectivos que sean capaces de manipular material blando, muchos empleos existentes en la industria de la vestimenta y textil también estarán amenazados.

En este proceso, la manufactura puede regresar a las economías avanzadas, pero con pocos empleos. La "Speedfactory" de Adidas en Ansbach, Alemania, pronto producirá 500.000 zapatos por año con sólo 160 trabajadores. Un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo estima que entre el 60% y el 90% de los empleos de baja remuneración existentes en la industria textil y de vestimenta en varios países asiáticos podrían ser automatizados.

Sin embargo, los mayores desafíos no se presentarán en el sudeste asiático, sino en partes de la India, en Pakistán y, por sobre todo, en África. La India debe crear entre 10 y 12 millones de nuevos empleos por año sólo para seguir estando en consonancia con la población en edad de trabajar, y muchos más para absorber a las enormes cantidades de trabajadores que ya están subempleados. Pero algunos de los planes son poco realistas: un informe reciente cuestiona el mensaje oficial de diez millones de nuevos empleos en la fabricación de ropa, y sugiere que tres millones es un escenario más probable.

En cuanto a África, la proyección de punto medio de Naciones Unidas proyecta la población de 20 a 65 años en 1.300 millones en 2050 y en 2.500 millones en 2100, por encima de los 540 millones de hoy. Estos jóvenes habitarán un mundo en el que sólo una pequeña fracción podrá encontrar trabajo en la industria orientada a las exportaciones. La población de China de 25 a 64 años, por el contrario, enfrenta una posible caída de 930 millones a 730 millones, lo que hará aumentar los salarios reales y creará fuertes incentivos para una alta inversión en automatización. En un mundo de posibilidades radicales de un desplazamiento de la mano de obra humana, el hecho de que haya demasiados trabajadores será un problema mayor que si hubiera demasiado pocos.  

No existen respuestas fáciles para los problemas que hoy enfrentan las economías emergentes. La creación de empleos debe maximizarse en los sectores menos vulnerables a la automatización de corto plazo: los empleos en la construcción y el turismo pueden ser más sustentables que la manufactura. Las políticas para permitir una caída de la fertilidad voluntaria, a través de una educación femenina y de un fácil acceso a la contracepción, deberían ser altas prioridades; Irán, donde la tasa de fertilidad cayó de 6,5 en los años 1980 a menos de 2 en 2005, muestra lo que es posible inclusive en sociedades religiosas supuestamente tradicionales.

Pero el primer paso para la resolución de cualquier problema es reconocerlo. Gran parte de lo que se dice actualmente sobre los dividendos demográficos es un ejercicio peligroso de negación. Es hora de enfrentar la realidad.


Publicado originalmente en Project Syndicate

viernes, 29 de septiembre de 2017

jueves, 21 de septiembre de 2017

El tabaco, una amenaza más allá de tus pulmones.

9/21/2017 11:00:00 a. m.


Por: Roy Small.



Si le preguntas a alguien ¿cuál es el enemigo número uno en materia de salud pública?, probablemente te diga que es el tabaco, y con buena razón. El tabaquismo, incluido el de los fumadores pasivos, es responsable por la muerte de más de 7 millones de personas al año, muchas de ellas en la flor de la vida.

Menos conocidos son los efectos nocivos que tiene el tabaco en el desarrollo sostenible, incluidos los sistemas oceánicos. Sí, leíste bien: el tabaco constituye una gran amenaza para nuestros océanos. Anualmente, 4,5 billones de colillas de cigarrillos se tiran a la basura en todo el mundo, por lo que es el objeto que más se arroja como desperdicio. Un porcentaje significativo de esas colillas terminan en nuestros océanos y playas. Es muy probable que el problema empeore, sobre todo si las tasas de tabaquismo siguen aumentando en muchos países de bajo y mediano ingreso.

Esta “última modalidad socialmente aceptable de arrojar basura” es mucho más que un simple acto desagradable. Las colillas de cigarrillo contienen miles de ingredientes químicos, entre ellos arsénico (elemento químino que forma compuestos venenosos, plomo, nicotina y etilfenol, que se filtran en entornos acuáticos. En un estudio de laboratorio, la lixiviación de una sola colilla sumergida en apenas un litro de agua acabó con la mitad de todos los peces marinos y de agua dulce que estuvieron expuestos.

Todavía nos falta comprender los efectos de la toxicidad de los filtros de cigarrillo en los entornos acuáticos. Considerado el objeto más letal en la historia de la civilización humana, no fue sino hasta la década de los años sesenta que se comprendieron los graves efectos que tiene el cigarrillo en la salud, principalmente a causa de las tácticas de negación de la industria tabacalera. La pregunta es cómo podríamos mantenernos optimistas con lo que vamos a descubrir esta vez.

La toxicidad de los filtros que se arrojan a la basura no es la única preocupación. El plástico desechado, procedente de empaques de cigarrillos y encendedores, también contamina las fuentes de agua del planeta, ocasionando que las tortugas marinas se asfixien o mueran de inanición.

La situación empeora porque el inicio del “ciclo de vida del tabaco” es tan destructivo como su fin. Los pesticidas y residuos agroquímicos utilizados en el cultivo de tabaco (entre ellos la cloropicrina, un agente perjudicial para los pulmones que se usó durante la Segunda Guerra Mundial como gas lacrimógeno), contaminan las vías navegables próximas, perjudicando no solo el bienestar de los organismos acuáticos, sino también el acceso de las personas a agua potable. De Brasil a Kenia, los países están sufriendo los efectos ambientales duraderos y, en gran medida irreversibles, del cultivo de tabaco.

¿Qué hacer al respecto? Entre las propuestas formuladas a la fecha, se ha sugerido el uso de filtros biodegradables (que aún podrían desprender toxinas) y cigarrillos sin filtro, contar con más lugares de recolección de colillas, multar a quienes las arrojen, e incluso colaborar con la industria tabacalera para ayudar a financiar la labor de descontaminación. Sin embargo, ninguna de esas opciones abordaría la constante embestida del tabaco contra la salud humana y otros aspectos del desarrollo sostenible, por ejemplo, los 1,4 mil millones de dólares que el tabaco le cuesta anualmente a la economía mundial en costos de atención médica y pérdida de capacidad productiva. Por otra parte, colaborar con la industria tabacalera en tareas de descontaminación es como pedirle a un ladrón que active la alarma de nuestra casa. Hay mejores opciones.

La Conferencia sobre los Océanos, que se celebró este año del 5 al 9 de junio, se realizó unos pocos días después del Día Mundial sin Tabaco 2017. Su tema fue “El tabaco, una amenaza para el desarrollo”, y este año se reconocieron los amplios efectos del tabaco en el desarrollo sostenible, así como la inclusión del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT OMS) en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, bajo la Meta 3.a. En el informe conjunto de la Secretaría del CMCT OMS-UNDP, que se publicó en el Día Mundial sin Tabaco, se argumenta que el control del tabaco debe dejar de considerarse exclusivamente un problema de salud, en particular cuando puede acelerar de manera excepcional toda una serie de objetivos de desarrollo, que van desde financiación para el desarrollo hasta la reducción de las desigualdades y medidas en el ámbito del cambio climático.


En el marco del proyecto CMCT 2030 financiado por el Reino Unido, el PNUD está colaborando con la Secretaría del Convenio con miras a reforzar la aplicación del CMCT OMS en países de bajo y mediano ingreso, prestando apoyo a sectores gubernamentales en el diseño e implementación de soluciones que beneficien a todos. Este año, la Conferencia sobre los Océanos aspira a convertirse en un agente de cambio para las personas, el planeta y la prosperidad, y a hallar soluciones que sirvan a todos. Es hora de que los efectos del tabaco en los ecosistemas oceánicos reciban la consideración que merecen.

Publicado originalmente en UNPD Blog

jueves, 14 de septiembre de 2017

Regulación de la Brecha Digital

9/14/2017 12:08:00 p. m.

Por: Shamel Azmeh
Profesor de Política y Desarrollo Internacional en la Universidad de Bath.



Imagen creada por Freepik. Libre distribución.
La creciente digitalización de la economía global está cambiando la forma de producción, distribución y venta de productos y servicios a través de las fronteras. Tecnologías como la computación en nube, la inteligencia artificial, los sistemas autónomos y los “dispositivos inteligentes” engendran nuevas industrias y revolucionan las que ya había.

Pero a pesar de los importantes beneficios que pueden traer estos cambios, la velocidad de la digitalización también crea enormes desafíos de gobernanza, en los planos intra e internacional. Los nuevos procesos posibilitados por la digitalización ponen a prueba las normativas globales actuales, incorporadas en acuerdos de comercio e inversión multilaterales, regionales y bilaterales.

Esto crea más margen para la intervención de los gobiernos nacionales en la economía digital. China, por ejemplo, estableció una industria digital propia apelando a políticas como el filtrado de Internet, la localización de datos (exigir a las empresas de Internet que almacenen los datos en servidores locales) y la transferencia tecnológica obligatoria como modo de impulsar el desarrollo digital. Esto sirvió de base a la aparición de importantes empresas digitales chinas como Tencent y Baidu, pero a menudo tuvo efectos adversos sobre la libertad de expresión y acceso a la información.

Un factor es que la normativa mundial actual está perdiendo efectividad. Por ejemplo, el intercambio internacional de servicios se rige por el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS) de la Organización Mundial del Comercio, según diferentes “modos de suministro”. Muchos países en desarrollo acordaron liberalizar la provisión transfronteriza de servicios (el modo uno” de comercio) sin prever hasta qué punto la economía digital incrementaría las oportunidades para ese tipo de comercio. Ahora aquellos compromisos tempranos adquieren mayor significación económica, y eso aumenta la presión sobre muchos países en desarrollo.

En años recientes se intensificó el debate sobre cómo debería regirse la economía digital. Las empresas digitales multinacionales, en su mayoría con sede en Estados Unidos, promueven una armonización normativa internacional que ofrezca previsibilidad y limite el margen de intervención de los gobiernos nacionales en los flujos digitales.

El gobierno de Obama se sumó a esa campaña haciendo del ámbito digital un elemento central de la política comercial de Estados Unidos (consulte la agenda aquí). En los “tratados comerciales del siglo XXI”, como el Acuerdo Transpacífico y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, se incluyeron cláusulas sobre el libre flujo de datos y contra la localización de datos y la transferencia tecnológica obligatorias. El objetivo era crear una supervisión digital de dos grandes mercados (Asia y el Pacífico, con el ATP, y la Unión Europea, con la ATCI) como primer paso importante hacia la adopción de normas globales en esas áreas.

La negociación de normas digitales bajo el ATP resultó difícil, pero al final tuvo éxito; el gobierno de Obama superó la oposición ofreciendo a algunos socios del ATP un mejor acceso al mercado estadounidense para ciertas manufacturas.

Pero en el caso de la ATCI fue todavía más difícil; algunos estados europeos, en particular Francia y Alemania, se opusieron a la imposición de reglas digitales por temor a que permitieran a las empresas estadounidenses dominar la economía digital europea. Como se ha señalado, para muchos países europeos, la “puesta a la par en materia digital” es un objetivo estratégico clave (revise un trabajo relacionado aquí).

La elección del presidente Donald Trump en Estados Unidos, quien hizo campaña con una plataforma comercial proteccionista y de apoyo a las industrias fabriles “tradicionales”, siembra dudas sobre el futuro de la normativa digital. La decisión de Trump de retirarse del ATP generó reacciones muy negativas en la industria digital estadounidense. Resta por verse lo que ocurrirá con las normas de comercio digital bajo la ATCI, algo que Trump insinuó que podría reactivar.

Sin importar las medidas de Trump en materia de comercio internacional, el trabajo de actualización de las normas mundiales para la economía digital prosigue, dentro de la OMC y también como parte de las conversaciones entre Estados Unidos, Canadá y México para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Estos debates se tornarán más acuciantes en los años venideros.

Hasta ahora, la ambigüedad regulatoria no afectó seriamente a los países en desarrollo, y los costos económicos para el Sur global han sido mínimos. Pero eso puede cambiar si las tres mayores economías del mundo (Estados Unidos, la UE y China) llegaran a armonizar sus estrategias de regulación del comercio internacional digital y de los flujos globales de datos. En tal supuesto, se intensificará la presión sobre los países en desarrollo para que acepten la adopción de reglas digitales.

Quienes proponen nuevas reglas tal vez aconsejen a los países en desarrollo que las acepten sin discusión, con el argumento de que quedar fuera de un sistema regulatorio global perjudicará el desarrollo digital local y les dificultará la participación en nuevos campos tecnológicos. Pero las nuevas reglas también pueden revivir las desigualdades introducidas por la “Ronda de Uruguay” de negociaciones comerciales, origen de la OMC y guía de los acuerdos de libre comercio entre el Norte y el Sur. (¿Qué fue la ronda de Uruguay?)

En los acuerdos multilaterales y bilaterales, los países en desarrollo aceptan restricciones a su “espacio de políticas” a cambio de mejor acceso a los mercados de las economías avanzadas. Muchos estudiosos consideran ahora que este “trueque” debilita la capacidad de los países en desarrollo para implementar políticas que alienten la diversificación económica y el cambio estructural, y les hace más difícil ponerse a la par de las economías desarrolladas en cuestiones económicas y tecnológicas.

Es necesario elaborar un nuevo marco para el comercio digital y electrónico, teniendo presentes estas cuestiones. Al crear las reglas que regirán la interacción entre países, los reguladores deben procurar que las políticas de comercio digital no agraven las desigualdades que el régimen de comercio tradicional dejó a la vista.


Publicado originalmente en: Project Syndicate

viernes, 2 de junio de 2017

El Futuro del Trabajo

6/02/2017 12:10:00 p. m.

Por: Arun Sundararajan
Artículo íntegro.


La economía digital erosionará drásticamente la relación tradicional empleador-empleado. Para los jóvenes de hoy, el futuro del trabajo puede ser más incierto que nunca.



La confluencia de dos fuerzas digitales cambiará dramáticamente el lugar de trabajo del mañana, llevando a una fuerte reducción en la relación tradicional empleador-empleado. Las nuevas plataformas permiten organizar la actividad económica de manera que cambie gran parte de lo que tradicionalmente se logró por los trabajadores a tiempo completo dentro de una organización, a una multitud de empresarios individuales y trabajadores a la carta. El resultado es una economía que depende cada vez más de las relaciones freelance a corto plazo, más que del empleo a tiempo completo.

Al mismo tiempo, la inteligencia artificial, así como las tecnologías habilitadas para la robótica, están mejorando cada vez más en tareas cognitivas y físicas que componen el trabajo de hoy, presagiando la automatización de actividades humanas como conducir un vehículo o gestionar un proyecto,  e interrumpiendo una serie de ocupaciones dentro de las que se incluye las  leyes, consultoría, venta al por menor y transporte.

Cambios laborales

La confluencia de estos dos factores conduce a un mercado laboral en el que los puestos de trabajo a tiempo completo pueden dividirse en tareas y proyectos. Esto facilitará la sustitución del capital en forma de tecnologías de automatización para el trabajo humano y el talento, tendencia que se verá reforzada por la disminución del poder de los sindicatos.

La sociedad y el gobierno tendrán que seguir el ritmo de estos cambios en los acuerdos laborales. Por otro lado, para evitar nuevos aumentos en la desigualdad de ingresos y riqueza, que se derivan de la concentración sostenida de capital durante los últimos 50 años, debemos aspirar a un futuro de "capitalismo basado en multitudes", en el que la mayor parte de la fuerza de trabajo cambia de un trabajo de tiempo completo por su talento o por dependencia de un empleador, a dirigir un negocio individual, para ser, en efecto, un micro empresario que posee una porción minúscula del capital de la sociedad.

A medida que menos personas se ganen la vida en la forma tradicional y muchos, si no la mayoría, enfrentan repetidos cambios durante sus carreras, el énfasis en la educación también debe cambiar. En lugar de centrarnos principalmente en instituciones de educación superior de dos o cuatro años que educan temprano en la vida, como lo hicimos en el siglo XX, la sociedad debe crear instituciones educativas sólidas que ayuden a los trabajadores a realizar transiciones durante sus carreras. Además, la red de seguridad social (que a menudo incluye seguro médico, vacaciones remuneradas, seguro de trabajo, contribuciones de jubilación y salarios previsibles que estabilizan las ganancias), debe ser repensada en una era de mayor iniciativa empresarial individual.

Varios estudios realizados en los últimos dos años han documentado aumentos  de la "fuerza de trabajo no empleada": que se refiere a personas que obtienen su ingreso primario o suplementario de arreglos independientes. Las estimaciones del número total de estos trabajadores independientes en los Estados Unidos oscilan entre 40 y 68 millones (véase gráfico 1). La variación refleja diferentes definiciones y métodos, sin embargo, tanto las estimaciones altas como las bajas demuestran que los trabajadores independientes representan una fracción significativa de los 160 millones de personas que conforman la mano de obra civil del país.
Gráfico 1

La tendencia a perseguir el "trabajo sin empleo" es más pronunciada entre los jóvenes. Por ejemplo, el 40% de los trabajadores independientes que obtienen su ingreso primario de esta manera son los llamados millennials (generación Y o generación del milenio), en comparación con alrededor de un tercio de la fuerza laboral civil en general, según una encuesta realizada por MBO Partners.

La aparición de numerosas plataformas digitales, que facilitan la obtención de ingresos sin empleo, probablemente acelere esta tendencia. Muchas de estas plataformas comercializan activos personales poniéndolos en usos más productivos, pudiendo destacar plataformas de transporte (como Uber y Lyft en los Estados Unidos, Didi Chuxing en China, BlaBlaCar en Francia, Ola en India y Grab en el sudeste de Asia); otros como Airbnb, que permite a las personas (más de 3 millones a finales de 2016), gestionar un negocio de alojamiento comercial a corto plazo en su casa y, las plataformas de alquiler de coches "peer-to-peer" como Drivy en Europa y Getaround en Estados Unidos. También se incluyen un número creciente de plataformas de trabajo a la carta y freelance como Upwork, que opera a nivel mundial y cuenta con más de 12 millones de freelancers registrados, los cuales ofrecen habilidades que van desde administración y servicio al cliente, hasta desarrollo web y contabilidad; Plataformas específicas para cada país como CrowdWorks en Japón (con más de un millón de trabajadores), y Giraffe en Sudáfrica; Y plataformas de trabajo profesionales específicas por sector, como Catalant para consultoría de gestión, Gigster para el desarrollo de software de gama alta y UpCounsel para servicios legales.


Un estudio del Instituto JPMorgan Chase (ver aquí), de noviembre de 2016 documenta el cambio mencionado: a finales de 2013, alrededor del 0,5% de los adultos estadounidenses había obtenido ingresos por trabajo sin empleo a través de dichas plataformas y, a mediados de 2016, ese número había crecido hasta el 4%. Aunque no hay estimaciones globales comparables, un estudio de octubre de 2016 del McKinsey Global Institute (ver aquí), documentó un porcentaje similar: alrededor del 4% en Francia, Alemania, España, Suecia y Reino Unido. Los acuerdos de trabajo sin empleo se ampliarán aún más en los próximos años, a medida que proliferen las plataformas laborales profesionales específicas del sector, posiblemente tomando puestos de trabajo a tiempo completo de las empresas y convirtiéndolos en conjuntos de proyectos o tareas. Esto cambiará la fuente de confianza comercial hacia los sistemas digitales y aumentará el papel del nuevo software empresarial de empresas como WorkMarket y SAP, que gestionan flujos de trabajo complejos basados ​​en tareas bajo demanda.

La segunda era de las máquinas

Las preocupaciones acerca de este ataque tecnológico a demanda, sobre el empleo a tiempo completo, se ven agravadas por las crecientes preocupaciones sobre la automatización del trabajo, que se hacen posibles por los avances en inteligencia artificial y robótica. Por supuesto, los temores de desempleo causado por avances tecnológicos no son nuevos. En los llamados disturbios laborales luditas entre 1811 y 1816 en Gran Bretaña, los trabajadores textiles destruyeron la maquinaria de tejer que creían que reemplazaría su papel en la producción.

Un informe titulado "Technology and the American Economy" (ver aquí), preparado para el presidente de Estados Unidos por la Comisión Nacional de Tecnología, Automatización y Progreso Económico (NCTAEP), expresó preocupaciones similares, mencionando que: "El temor ha sido expresado por algunos, incluso en términos en los que el cambio tecnológico, en un futuro cercano, no sólo causará cada vez más desempleo, sino también eliminará, con el tiempo, casi todos los trabajos, sustituyéndolos con lo que ahora llamamos trabajo automático o realizado por máquinas".

Este informe no fue preparado para el presidente Barack Obama en 2016, como podría pensarse, fue presentado al presidente Lyndon Johnson 50 años antes y, aunque exageraba en sus pronósticos, era exacto acerca de las pérdidas de empleos en la industria manufacturera a largo plazo. Aunque el empleo manufacturero en Estados Unidos siguió aumentando en la década siguiente a dicho informe, alcanzando casi 20 millones de puestos de trabajo a finales de 1970, comenzó a caer poco después. Los empleos manufactureros representaron el 22% de los empleos no agrícolas en 1977. En cambio, los 12 millones de empleos manufactureros actualmente representan menos del 10% de las nóminas no agrícolas.

Aunque es difícil desentrañar con precisión los efectos comerciales de los cambios tecnológicos, muchos creen que las pérdidas de empleos en Estados Unidos en los últimos 15 años es un reflejo de la automatización de las fábricas, más que de las empresas que cambian la producción a operaciones extranjeras de bajo costo. De hecho, a medida que los empleos estaban disminuyendo, la producción manufacturera estadounidense estaba creciendo. A medida que las tecnologías de robótica continúan mejorando, la automatización puede tener efectos aún más siniestros para China, donde el empleo en la industria manufacturera urbana alcanzó los 80 millones en 2014, un nivel que se verá reducido abruptamente en las próximas décadas.

Tal vez, lo que preocupa a los jóvenes de hoy más que la automatización de las manufacturas, es la expectativa generada en torno a la llamada "segunda era de las máquinas", predicha por Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee en su libro de 2014, en el que las tecnologías comienzan a realizar las tareas cognitivas que una vez fueron de dominio exclusivo de los humanos. 

La tecnología Watson de IBM promete soluciones basadas en inteligencia artificial para el cumplimiento financiero, diagnósticos médicos y servicios legales. Los puntos de venta automatizados, presentes en un número creciente de tiendas minoristas, ya reemplazan a los cajeros. Asimismo, las tecnologías de conducción automática parecen estar listas para amenazar a decenas de millones de camioneros empleados en todo el mundo. Estas profesiones se encuentran dentro del espectro de la experiencia, lo que presagia una desaceleración o, quizás incluso, la reversión de los aumentos salariales al trabajo de alta cualificación que ha acompañado al cambio técnico en las últimas décadas. Además, muchos temen que si las máquinas van más allá de la automatización del trabajo físico, y empiezan a absorber la demanda de capacidades cognitivas, quedará poco qué hacer para los humanos.

Un vistazo a la historia del desplazamiento de puestos de trabajo por causa de la automatización, proporciona cierto contexto y tranquilidad. Como la agricultura se ha estado mecanizando constantemente en Estados Unidos, la proporción de mano de obra empleada en la agricultura cayó de 41% en 1900 a menos de 2% en 2000, sin embargo, las expectativas de desempleo en la economía en general no se materializaron, sino, más bien, el progreso en las tecnologías subyacentes generó nuevas industrias. Tal como señaló David Autor en un artículo publicado en el Journal of Economic Perspectives en 2015, cuando los automóviles desplazaron los viajes ecuestres y sus industrias de apoyo, surgió la industria automovilística junto con carreteras, gasolineras, moteles y tiendas de comida rápida. El punto más amplio es que incluso a medida que las viejas industrias se contraen o desaparecen, surgen y se expanden nuevas que satisfacen diferentes deseos y necesidades humanas.
Gráfico 2

El sector de atención en salud, prácticamente inexistente hace 200 años, representa aproximadamente el 12% del empleo en Estados Unidos en la actualidad (véase el gráfico 2, línea violeta). El turismo, apenas considerado industria en 1900, empleó a 235 millones de personas en 2011, constituyendo el 8% del empleo global. Se puede observar así, el surgimiento de un patrón a partir de actividades una vez informales, realizadas por los hogares o en comunidades (como las comunicaciones, entretenimiento, viajes, educación, o atención a los enfermos), convirtiéndose en industrias de la economía formal.

Una vez que las demandas laborales de las industrias que satisfacen las necesidades sociales contemporáneas sean totalmente automatizadas por efecto de las nuevas tecnologías, la gente será libre para satisfacer aspiraciones humanas desatendidas o atender las nuevas necesidades de la sociedad. Tal vez la actividad económica para contrarrestar el cambio climático podría  aumentar dramáticamente, o quizás la educación mundial para formalizar la economía del cuidado.

Capitalismo basado en multitudes

Es así que, el sinnúmero de proyecciones sobre la mayoría de los puestos de trabajo de hoy en día que podrían ser susceptibles a la automatización en las próximas décadas, no son causa de pánico generalizado e inmediato. Pero es necesario destacar que la confluencia de idénticas fuerzas que aumentan el trabajo sin empleo, así como las capacidades cognitivas de las máquinas, podría requerir un cambio en el modelo mediante el cual la sociedad se gana la vida. Esto se debe a que los efectos de desplazamiento laboral, causados por la automatización, están determinados por la la rapidez con que bajan los costos de realizar las diversas tareas que comprenden un trabajo. Si las organizaciones comienzan a desagregar los trabajos y distribuir las tareas hacia las plataformas de trabajo a demanda, el efecto será el de una automatización más rápida de dichas tareas en cuanto las tecnologías estén listas para realizarlas.

Una solución a lo anterior, es redefinir nuestro modelo básico de cómo la gente se gana la vida: alejándonos del pago por mano de obra y talento por parte de una gran organización que posee el capital asociado con la actividad económica y, acercándonos a un sistema de pequeñas empresas que mezclan mano de obra, talento y flujos de capital. Algunos flujos pueden provenir de los propios individuos y algunos otros de otras personas (quizás a través de una plataforma a demanda); Con el tiempo, una parte podría provenir de la inteligencia artificial y tecnologías de la robótica.

La aparición de la economía compartida y otras plataformas de servicios profesionales, hace que el futuro del capitalismo basado en multitudes sea factible a escala. Tal vez el mejor ejemplo es Airbnb, que funciona como intermediario entre las personas que tienen espacios desocupados y aquellas que buscan habitaciones temporales. De acuerdo a varias mediciones, es el proveedor más grande del mundo de alojamientos a corto plazo (el 31 de diciembre de 2016, más de 2 millones de personas en todo el mundo se alojaban en viviendas de Airbnb. En contraste, la cadena hotelera más grande del mundo, Marriott-Starwood, tiene un inventario de aproximadamente la mitad de eso, 1,1 millones de habitaciones.). Airbnb acumula demanda por espacio, proporciona la seguridad que caracteriza a una marca global, y establece, además que hace cumplir algunos estándares (es casi como una nueva generación de operaciones de franquicias). Pero el real funcionamiento de los negocios que proporcionan alojamientos a corto plazo (el establecimiento de precios, la gestión de inventarios, el posicionamiento, la comercialización, la interacción con el cliente, entre otros), lo hacen los 3 millones de hosts (anfitriones dueños de viviendas y habitaciones), que construyen sus propias micro-marcas a través del sistema de reputación de Airbnb.

Airbnb podría ser un microcosmos del futuro del trabajo, relativamente inmune a los efectos de desplazamiento por automatización. En economías más jóvenes y de rápido crecimiento, como las de Brasil, India y Vietnam, donde el empleo institucional a tiempo completo aún no domina, y las instituciones económicas tradicionales varían en eficacia, las plataformas con robustos sistemas de confianza digital, que satisfacen la demanda de servicios con proveedores, podrían estimular una población autónoma y emprendedora, capacitarla para alcanzar mercados globales y elevar su nivel de vida mediante la construcción de capital individual. En economías más maduras, como las de Japón, Reino Unido y Estados Unidos, que ahora dependen principalmente del empleo formal a tiempo completo, este modelo podría mantener niveles razonables de ingresos individuales. En esencia, estos cambios podrían aislar parcialmente la fuerza de trabajo de una mayor sustitución capital-trabajo por efectos de la automatización, ayudando a los trabajadores de hoy a hacer la transición de proveedor de mano de obra a propietario del capital.

En el futuro, el asistente de derecho de hoy podría ser un minúsculo bufete de abogados que opera a través de una plataforma de servicios legales. Esto daría al joven abogado acceso a los clientes corporativos que la plataforma agrega y cultiva mientras que apalanca la mejora de capacidades legales mediante investigación de inteligencia artificial. Los microempresarios podrían operar transporte urbano, o empresas locales de camiones, usando flotas de autos o camiones autónomos a través de una plataforma. Una empresa de consultoría global podría convertirse en una plataforma a través de la cual millones de personas ejecuten prácticas de microconsultoría (o incluso pequeñas asociaciones).

Repensando la Educación

Tal futuro del capitalismo basado en multitudes, a gran escala, requerirá un replanteamiento fundamental de la educación superior. Los países de todo el mundo, más prominentemente Estados Unidos, han invertido mucho en universidades y colegios que preparan su fuerza de trabajo temprano en la vida para una carrera de empleo a tiempo completo. Gran parte de este enfoque debe cambiar hacia el aumento de la disponibilidad y calidad de la educación continua. Los recientes acontecimientos políticos en Estados Unidos y Reino Unido reflejan, en primer lugar, inversiones insuficientes en nuevas oportunidades para los trabajadores desplazados por causa de la automatización y, en segundo lugar, la casi inexistente  preparación para un nuevo mundo del trabajo. Para ayudar a estos trabajadores, se necesitan nuevas instituciones universitarias que proporcionen una educación de transición estructurada y pedagógicamente sólidas. La instrucción debe ir acompañada de una nueva red profesional y de acceso a nuevas oportunidades que ayuden a superar factores como vivienda, crédito y comunidad, que a menudo impiden la reubicación que permita seguir una nueva carrera. Este enfoque daría a los trabajadores una nueva identidad y sentido de propósito, permitiéndoles reconstruir su autoestima. Buscar este tipo de cambios a mitad de carrera debe llegar a ser tan natural como elegir ir a la universidad después de la escuela secundaria.

El gobierno de un país debe liderar la creación de tal sistema. También puede ser prudente reevaluar los planes de estudio de la escuela media y secundaria para las próximas generaciones. A medida que las capacidades cognitivas de las máquinas digitales se expanden, los estudiantes necesitarán menos educación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, pudiendo beneficiarse de un mayor énfasis en el pensamiento del diseño, el emprendimiento y la creatividad,  para así prepararse para una carrera microempresarial.

Al mismo tiempo, el contrato social debe modificarse para adaptarse a un tipo diferente de mano de obra. Durante la segunda mitad del siglo XX, se desarrolló una variedad de leyes laborales para mejorar la calidad de la vida laboral de los empleados a tiempo completo, incluyendo salarios mínimos, horas extras y seguros. El financiamiento de varios otros incentivos (salarios estables, tiempo de vacaciones pagado, capacitación en el lugar de trabajo y atención médica), en muchos países se basa en un supuesto de empleo a tiempo completo y en un empleador que provee de todos o parte de los incentivos. El diseño y financiación de la red de seguridad social del mañana debe adaptarse a una fuerza de trabajo cada vez más independiente. Al mismo tiempo, se necesitan sustitutos para las trayectorias profesionales, así como para el sentido de comunidad que muchos trabajadores ahora reciben de la empresa para la que trabajan. Quizás, el papel de las instituciones de educación superior evolucionará para incluir este tipo de planificación de la vida profesional.

Los desafíos que enfrentan los millennials como la fuerza de trabajo de hoy, parecen bastante desalentadores. Sin embargo, si la sociedad juega bien sus cartas, el mañana podría ofrecer una mejor posición. Como hemos aprendido de Thomas Piketty en su libro de 2014, Capital in the 21st Century (ver aquí), el factor más importante de la desigualdad sostenida en las economías modernas es la concentración de la propiedad del capital. Los países cuya política gubernamental dirige una economía hacia un futuro de genuino capitalismo basado en multitudes, y crea una propiedad de capital auténticamente descentralizada, pueden llegar a disfrutar de menos desigualdad como un afortunado subproducto. A medida que las máquinas digitales nos obligan a remodelar nuestro mundo laboral, tal vez también nos muestren un camino hacia una sociedad más equitativa, aquella que hemos estado buscando durante años.

Traducción: Ricardo De Angelis





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