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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Trabajando en la economía compartida: El trabajo no es tan compartible como las cosas

12/14/2016 10:21:00 a. m.

Por: Anders Fremstad



             La compañía Uber, que se especializa en compartir traslados está valorada ahora en 70 mil millones de dólares, mucho más que cualquier compañía de taxis y casi tanto como Daimler-Chrysler. Pero muy poco de esta nueva riqueza está llegando a los socios  conductores de Uber. Aunque la compañía afirma que los taxistas a tiempo completo en la ciudad de Nueva York tienen ingresos por 90.000$ al año, los economistas Jonathan Hall (Uber Technologies) y Allan Krueger (Universidad de Princeton), encuentran que el ingreso promedio es de hecho 17$ la hora a nivel nacional y algunos conductores reportan recibir menos de 10$ después de pagar gasolina, mantenimiento y seguro. Ello hace surgir dos importantes preguntas. Primero, si las compañías de “economía compartida” como Uber son tan exitosas, ¿por qué sus trabajadores ganan tan poco? Y segundo, ¿qué tiene que hacerse para proteger al trabajador en la economía compartida?
                
            Antes de que la economía compartida se hiciera sinónimo de firmas como Uber, Lyft y Airbnb, se refería a un amplio rango de iniciativas para ayudar a las personas a hacer mejor uso de  activos subutilizados. En los países desarrollados como Estados Unidos los desechos materiales son impresionantes. En taladro promedio se utiliza quince minutos durante toda su vida útil. El vehículo promedio es manejado 4% del día. La casa nueva promedio tiene por encima de 92mt2 por persona. Las primeras plataformas de economía compartida buscaban igualar a las personas que deseaban utilizar algún activo, con sus compañeros que tenían activos que no estaban utilizando. El ejemplo más rentable es Airbnb, que ahora está valorada en 30 millones de dólares, esta obtiene algunas (pero no la mayoría), de sus ganancias conectando viajeros con alojamientos que de algún u otro modo se perderían: cuartos desocupados y casas enteras cuando sus habitantes regulares están de viaje. En la mayoría de los casos el máximo que el huésped está dispuesto a pagar es mucho mayor al mínimo que el dueño está dispuesto a aceptar, así que se da un gran excedente (la diferencia entre esos dos montos), para dividir entre el dueño, el huésped y la plataforma, existiendo entonces una relación ganar-ganar.
                
             Algunos argumentan que se pueden obtener ganancias similares conectando a la gente con servicios laborales. En su nuevo libro “La economía compartida”, el economista Arun Sundarajan discute que esas plataformas pueden conectar de mejor manera la oferta y la demanda de trabajo, “el trabajo fue una vez relegado a las horas laboradas. Dependiendo de la profesión, el trabajo solía ocurrir en turnos de 12 horas o jornadas laborales de 8 horas. El trabajo de hoy en día, sin embargo, tiene lugar en unidades cada vez más microscópicas, en incrementos tan cortos como de un minuto o dos. Los nuevos mercados de trabajo generados por la economía compartida están permitiéndonos aprovechar la oferta de trabajo de una manera granular y mucho más eficiente”.

El hecho es que el tiempo de la gente no se gasta en el mismo grado que las cosas. Cuando no estoy usando mi carro, me cuesta mucho menos que alguien que lo alquiló. Por otro lado, cuando no estoy usando mi tiempo para hacer dinero, de todos modos lo estoy usando para hacer algo necesario o que disfruto hacer. Es interesante imaginar a la gente formalmente resolviendo tareas en “Amazon Mechanical Turk’s” (un sitio de pequeñas tareas de trabajo), mientras están en la sala de espera de su doctor, pero la mayoría de la gente probablemente estaría ahí sentada leyendo noticias, haciendo cháchara o jugando Candy Crush. Además, el hecho de que la gente ahora puede ganar dinero en sus ratos libres, no prueba que pueden ganarse la vida en la economía compartida. Muchas de las personas que hacen los trabajos para dichas plataformas tienen agendas apretadas, a menudo  con amplios períodos de tiempo sin paga mientras aún están esperando para trabajar.

Mientras la ganancias del trabajo compartido son más pequeñas que las de compartir bienes materiales, pueden aún haber algunos beneficios para organizar el trabajo a través de plataformas online. Volviendo al caso de Uber, su algoritmo para parear conductores con pasajeros, usando la tecnología GPS, es probablemente más eficiente que la práctica tradicional de llamar taxis desde la acera o despacharlos por radio. En un documento reciente, los economistas Judd Cramer y Alan Krueger encuentran que los conductores tienen un pasajero en su carro  alrededor del 60% de los kilómetros recorridos en Uber, en comparación con alrededor de 40% de kilómetros recorridos de la manera tradicional. Poniendo a los pasajeros que van hacia rutas similares en un mismo carro, UberPool puede generar incluso un mayor superávit social aumentando las tasas de ocupación de los vehículos.



El problema para los trabajadores en la economía compartida, entonces, es que esas plataformas monopolistas no tienen incentivos para compartir el superávit  generado por los cambios tecnológicos. Desde la perspectiva de Uber, sólo es necesario asegurar que sus conductores devenguen tanto como devengarían trabajando en las compañías de taxi tradicionales, lo que es entre 12$ y 15$ la hora de acuerdo con Hall y Krueger. Uber actualmente se queda con entre el 20% al 30% de las tarifas, lo que hace a la firma extremadamente rentable, considerando que no compran, mantienen, aseguran o adquieren licencias de taxistas como deben hacerlo las compañías de taxi regulares. Pasando prácticamente ninguno de los beneficios del cambio tecnológico a sus trabajadores, Uber ha hecho miles de millones de dólares para sus dueños e inversionistas.

¿Qué debe hacerse entonces? Yo propongo un enfoque tripartito para que los intereses laborales en la economía compartida avancen al siglo XXI.

En primer lugar, necesitamos políticas que protejan a los trabajadores de la economía compartida. La propuesta de "trabajadores independientes" del Brookings Institute debería proveer a los trabajadores derechos de negociación colectiva, además de exigir a plataformas como Uber el pago de impuestos  y contribuciones a la FICA (Ley Federal de Contribuciones al Seguro por sus siglas en inglés). Aunque Broolings argumenta que es poco práctico extender el salario mínimo, el pago de horas extras o el seguro al desempleo hacia la economía compartida, esos problemas merecen más estudios. Debemos incluso redoblar los esfuerzos para construir una red de seguridad que proteja el trabajo bajo cualquier tipo de arreglos laborales, especialmente a aquellos que trabajan para múltiples empleadores. En el siglo XXI muchos trabajarores no recibirán beneficios de jubilación o de salud de parte de ninguno de sus trabajos, lo que refuerza el argumento del seguro médico de un solo pagador (como Medicare para todos), y beneficios de seguridad social más generosos.

Segundo, debemos exponer a las plataformas de explotación promoviendo alternativas éticas o el tipo de opción pública que el economista Dan Baker ha propuesto.  Existen múltiples aplicaciones de compartir viaje que afirman dar un trato justo a sus trabajadores, pero sin certificaciones independientes les es imposible a los consumidores saber en cual plataforma confiar. Las organizaciones de trabajadores podrían decidir cuáles son las condiciones justas de trabajo y podrían promover plataformas justas con un equivalente digital a la etiqueta sindical del siglo XX. Dada la escala masiva de Uber, será difícil para los principiantes lograr sus redes económicas. Es fácil para los conductores cambiar entre Uber y otras plataformas de viaje compartido, sin embargo, las plataformas que ofrecen un trato justo deben ser capaces de aprovechar la fuerza de trabajo masiva de Uber, incluyendo a los conductores que renunciaron a seguir usándola  después de darse cuenta que no podían ganarse la vida con esta. El desafío más grande será convencer a una masa crítica de pasajeros de empezar a usar plataformas nuevas y menos familiares.

             Tercero, debemos reconocer que, así como el agua y la electricidad, las plataformas de economía compartida son esencialmente “monopolios naturales” donde sería más eficiente tener una sola empresa. En el corto plazo, los competidores pueden demostrar que los grandes monstruos no tienen el monopolio sobre el “saber hacer” técnico para construir y administrar las plataformas, pero a largo plazo no tiene sentido tener aplicaciones competidoras. La meta última debe ser llevar a las plataformas monopolistas a maximizar el bienestar público en lugar de maximizar los beneficios de los privados.

En ese sentido, socializando o democratizando la economía compartida es posible asegurar que las ganancias generadas mediante los cambios tecnológicos sean divididas de manera justa entre trabajadores y consumidores. Igualmente importante, una plataforma pública podría perseguir directamente la promesa inicial de la economía compartida de reducir los niveles actuales de residuos. Mientras Airbnb hace dinero incentivando a los propietarios a convertir sus apartamentos en hoteles ilícitos, pudiendo aumentar las tarifas de alquileres y socavar la estabilidad de los vecindarios, nuestro objetivo social sería habilitar cuartos libres y casas vacías para un mejor uso. Mientras Uber se enriquece socavando la industria de taxis tradicional, nuestro objetivo social en ese sentido debe ser desalentar la propiedad privada de vehículos y estimular el ciclismo, el transporte público masivo y el “carpooling” (compartir viajes).

La economía compartida ha tenido éxito enriqueciendo a la gente, pero no ha estado a la altura de su gran potencial. Estableciendo nuevas reglas, introduciendo competidores en un mercado justo y democratizando las plataformas monopolistas, se podría asegurar que la economía compartida sirva no solo a los dueños, sino también a los trabajadores, los consumidores y el planeta.


Traducido por: Ricardo De Angelis

Fuente: FREMSTAD, A."Working in the "Sharing Economy": Labor is simply not as shareable as stuff". Dollar & Sense: Real World Economics Magazine. Economic Affairs Bureau. Boston, EEUU. Sept. - Oct. 2016. 

viernes, 20 de noviembre de 2015

Democracia y Política Económica, un vínculo necesario

11/20/2015 09:20:00 a. m.



Por: Ricardo De Angelis


     La realidad de los países que componen la región latinoamericana es similar en muchos aspectos, como pueblos del sur tenemos en términos sociales y culturales, características que mueven o condicionan nuestra toma de decisiones. Como sociedades agrícolas que empezaron a pasar a ser industriales a finales de la primera mitad del siglo pasado por cuenta de las enormes migraciones desde los campos a las ciudades en busca de oportunidades, una mejor calidad de vida y porque en términos económicos las ciudades representaban crecimiento en menor tiempo.

         Este fenómeno que se dio como influencia de la explotación petrolera, así como la tardía llegada de la industrialización a la región, se desarrolló más rápido y en mayor cantidad de lo que quizás manejaron las milenarias sociedades europeas o asiáticas en las cuales el proceso fue progresivo y en un período de tiempo más largo. Dicho contexto generó un crecimiento desmedido de las ciudades, socavó la planificación, fueron insuficientes los servicios públicos, las viviendas, los espacios de recreación, así como también el accionar de los gobiernos centrales y locales vio ralentizada su capacidad de reacción siendo incapaces de llegar a todos. Teniendo todo ello como consecuencia el asentamiento desordenado de las familias creando zonas marginales alrededor de las ciudades que con el pasar de los años generaron pobreza, malas condiciones de vida y viviendas con escaso acceso a los servicios públicos, en cuyas zonas por supuesto se carece de espacios públicos para la socialización y recreación.

           En este contexto y situación se llega al siglo 21, grandes zonas marginales rodean las ciudades en las cuales las condiciones de pobreza, poco acceso a la educación y condiciones insalubres fueron creando consecuencias como inseguridad, hambruna e imposibilidad de acceso de la planificación local y menos aún de la centralizada. Por supuesto la mejora en los indicadores es notable, los esfuerzos realizados en la última década hacen notar que se han reducido los niveles de pobreza y desigualdad. Según la CEPAL 2014[1] durante este período ha disminuido la cantidad de personas en condiciones de pobreza en casi la mitad desde el año 1990, los pobres extremos por otro lado han disminuido en un ritmo menos acelerado pero considerable igualmente. Por otro lado el acceso a salud, educación, así como bienes y servicios también han tenido aumentos considerables. Sin embargo según esta organización la reducción de estos indicadores se ha visto estancada en el último año por lo que se requiere aún de esfuerzos, así como de articulación de políticas que de forma evaluativa se embarquen en el siguiente paso para adecuarse a la complejidad del problema.

        Es necesario hacer un inciso para destacar los modelos predominantes en los sistemas económicos de los países que intentan explicar, moldear y definir puntos de acción para los diferentes fenómenos que se generan en una sociedad, por un lado la visión liberal y por el otro la marxista, dos vertientes que en términos económicos han definido las escuelas de formación y por ende el accionar de quienes se han formado en estas. Para quienes se definen liberales el mercado se posiciona como elemento determinante, mientras que para los marxistas se trata de su postulado sobre la infraestructura económica de la que deriva la superestructura social, en otras palabras, lo social por encima de lo económico. Estas dos vertientes entonces han modelado la economía política que construye políticas en las sociedades actuales, condicionando los sistemas democráticos, los mercados, las políticas públicas, la toma de decisiones, el accionar de las instituciones, pero además el desarrollo social.

        Los sistemas democrático y económico por ende se han visto moldeados por las condiciones inherentes a cada país en la región, pero sobre todo por las necesidades que han ido surgiendo en torno a la compleja situación socioeconómica. En la última década y media se han visto modelos como el mixto llevado a cabo en Costa Rica, en donde se toman decisiones socioeconómicas teniendo en cuenta el modelo económico liberal pero también el socialista, en el caso de países como Chile han optado por modelos más centrados hacia el crecimiento y expansión hacia los mercados internacionales con apertura a empresas multinacionales, un modelo centrado casi en su totalidad en los aspectos económicos. Ciertas mixturas con tendencias no radicalizadas hacia el desarrollo social se han llevado a cabo en países como Ecuador y Perú en donde se pueden observar resultados que los colocan como países que han superado obstáculos considerables, siendo el caso de Ecuador en el que los indicadores dan muestra de un desarrollo sostenido. Finalmente en Venezuela se ha optado por un modelo socialista que se centra en el desarrollo social como punto de acción principal, con una maquinaria de políticas asistencialistas que han generado beneficios directos sobre los grupos sociales más desfavorecidos, pero que por otro lado ha dejado descuidada la situación económica hasta el punto de revertir los beneficios antes logrados.

         El vínculo entre democracia y economía es crucial en la toma de decisiones por parte de los gobiernos, la democracia permite crear las condiciones de libertad necesarias para que los actores sociales sean partícipes de los procesos que afectan su calidad de vida. Quienes actúan en política deben presentar o responder a razones, o demandar que sus representantes lo hagan, con el propósito de justificar las leyes y las políticas públicas. La idea no es, claro está, que todas las decisiones políticas deban ser indefectiblemente el resultado de una deliberación, sino que los procedimientos de toma de decisión no deliberativos puedan defenderse en términos de deliberación pública[2].

La democracia garantiza libertades en la sociedad por cuanto hace que esta sea parte de la toma de decisiones. El premio nobel de economía Amartya Sen es reconocido por su trabajo sobre las libertades humanas y más específicamente sobre su trabajo sobre desarrollo y libertad, no se puede afirmar que en una sociedad existe desarrollo sino existe garantía de libertades individuales, de acuerdo a la postura de este autor las libertades fundamentales condicionan el éxito de la sociedad, el aumento de la libertad mejora la capacidad de los individuos para ayudarse a sí mismos, así como para influir en el mundo, y estos temas son fundamentales para el proceso de desarrollo.[3]

En ese sentido el papel de la democracia es resaltado temprana y ampliamente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en su informe de Desarrollo Humano en el año 2002, a partir del cual reconoce la importancia de la política y más aún, de la democracia como punto de partida para la creación de oportunidades de desarrollo, de hecho el informe lleva por título “Profundizar la Democracia en un Mundo Fragmentado” y en este se abordan temas como la gobernabilidad democrática, los déficits democráticos a nivel mundial, así como la democratización de la seguridad para evitar conflictos. La promoción de las libertades individuales es uno de los temas profundizados en este informe y es que promover instituciones justas y responsables que amparen los derechos humanos y las libertades fundamentales se ha de volver uno de los mecanismos fundamentales en los gobiernos.

          Es así como la necesidad de la toma de decisiones políticas, sociales y económicas que tenga en cuenta las carencias de las personas, pero aún más allá, la voz de estas ante las situaciones que viven, se hace latente en las sociedades del mundo y, en este caso particular, a las Latinoamericanas, en las que de acuerdo a la caracterización antes descrita existe una gran cantidad de personas en condiciones de vida precarias que requieren ser atendidas y las cuales en muchos casos tienden a apoyar a gobiernos autoritarios o demagógicos que apelan a políticas socioeconómicas, limitan las libertades políticas y económicas con un discurso que apela a la reivindicación de clases sociales, pero que no promueve un Desarrollo Humano y Económico sostenible.

       Ante estas situaciones, el Informe de Desarrollo Humano 2002, que como se dijo estuvo dedicado al tema de la democracia y libertad, muestra estadísticas históricas que señalan, someramente, la realidad de países en una u otra de las condiciones mencionadas en términos gubernamentales, es así como por ejemplo el hecho de que un régimen sea autoritario o democrático no es un factor decisivo que influya en la tasa de crecimiento económico o en su reparto. La experiencia en países de todo el mundo apoya esta deducción. Costa Rica, la democracia más estable de América Latina, alcanzó un 1,1% de crecimiento anual del ingreso per cápita entre 1975 y 2000, más rápido que la media regional que fue del 0,7%, y puede enorgullecerse de tener la distribución más equitativa en materia de ingresos, enseñanza y salud. Sin embargo, en Brasil la democracia coexiste con uno de los mayores índices de desigualdad económica y social del mundo. Paraguay, con un régimen más autoritario, ha alcanzado el índice de crecimiento medio per cápita de la región, pero no ha conseguido aumentar las oportunidades sociales y económicas.[4]

          En términos económicos la supresión de libertades genera un vago desenvolvimiento del mercado interno en un país, controles como los de precios, producción, ganancias sobre los productos, altos impuestos y pocos incentivos a la inversión extranjera genera un clima de desconfianza en quienes operan desde las esferas empresariales generando consecuencias como reducción de la producción, reducción de personal, no generación de más puestos de trabajo y en casos extremos el cierre  de estas por no poder sostenerse víctimas de dichos controles asfixiantes. Es necesario traer una reflexión que se ha hecho en los Informes de Desarrollo Humano desde sus inicios y que debe ser tomada en cuenta en las tomas de decisiones a nivel gubernamental, y es que aunque para el desarrollo humano el crecimiento económico pasa a un plano complementario, este sigue siendo necesario para generar oportunidades de mejora en una sociedad.[5]

            De este modo las libertades económicas garantizadas en plena libertad democrática permiten que el mercado interno de bienes y servicios se desarrolle de manera plena generando, entre otras cosas, puestos de trabajo (por ende la disminución del desempleo), mejoras en la calidad de vida, libre competencia que presione precios hacia abajo, pero además garantice le heterogeneidad de bienes o servicios. Por supuesto esta situación de competencia de mercado generará, según lo han demostrado diversos estudios, desigualdades que pudieran traer consigo el agravamiento de problemas como la pobreza o desmejoras en la calidad de vida, pero es allí donde el papel que debe jugar el Estado y gobierno de una nación debe ser el de un mediador de procesos, un garante de las herramientas que permitan a las personas en sociedad formarse de manera adecuada pudiendo ser partícipes de su propio desarrollo, crear espacios de participación donde se escuchen las necesidades de las personas, garantizar la salud, educación y nutrición de calidad para las nuevas generaciones, exigir a las empresas responsabilidad con la sociedad, así como otros elementos que promuevan un Desarrollo Humano y Económico desde adentro y siempre acorde a la realidad del país.



[1] Véase “Panorama Social en América Latina” CEPAL 2014
[2] Véase Graciela Vidiela “Democracia ¿Razones o Pasiones?”. Buenos Aires, 2013.
[3] Véase Amartya Sen “Desarrollo y Libertad”, capítulo 1. 1999.
[4] Véase “Informe de Desarrollo Humano: Profundizar la Democracia en un Mundo Fragmentado”. PNUD, 2002.
[5] Véase Informes de Desarrollo Humano. PNUD.

miércoles, 1 de octubre de 2014

¿Qué limita el crecimiento de los países?

10/01/2014 03:32:00 p. m.

Por: Vittorio Corbo


El positivo escenario externo –condiciones financieras internacionales extremadamente favorables y buenos términos de intercambio- que tuvieron los países de América Latina en los últimos años está llegando a su fin.

Dicho escenario fue especialmente provechoso para los países exportadores de productos primarios cuyo principal mercado era China, lo que apuntaló un superciclo de buenos precios de sus productos de exportación. Ese atractivo escenario externo estuvo en algunos casos – especialmente en Chile, Colombia, México y Perú- unido a un mejor marco de políticas e instituciones macroeconómicas, que permitieron mantener la inflación controlada y evitar excesivas apreciaciones reales. Al final, los buenos términos de intercambio y la solidez macroeconómica de estos países les permitió sortear los efectos de la Gran Recesión mundial a un costo reducido. Sin embargo, la desaceleración en el crecimiento de China de los últimos dos años y las perspectivas de una moderación de su crecimiento en el mediano plazo, unido a la posibilidad de una normalización gradual de la política monetaria en los países avanzados anticipan un escenario externo bastante menos auspicioso para América Latina en la próxima década.

Parte de estos efectos ya se están haciendo sentir. Así, desde comienzos del 2014 hasta ahora, las proyecciones de crecimiento de América Latina del Consensus Forecast se han corregido a la baja, desde 3,8 a 1,7 por ciento para este año.

Aunque por el lado positivo se proyecta una recuperación de los países avanzados, ésta sería a tasas moderadas y, por lo tanto, no sería suficiente como para compensar los efectos negativos de términos de intercambio y condiciones financieras externas menos favorables. Frente a este panorama, América Latina necesita prepararse para enfrentar los efectos de un escenario externo menos auspicioso y, al mismo tiempo, enfocarse en remover obstáculos internos que restringen su potencial de crecimiento y así evitar una caída mayor en su tasa de crecimiento en los próximos años.

Este tema es parte central de un informe reciente del Fondo Monetario Internacional, titulado Emerging Markets in Transition: Growth Prospects and Challenges. El informe delinea un escenario externo futuro muy parecido al presentado más arriba y postula que una de sus consecuencias será un menor dinamismo de la inversión, mientras que el crecimiento del empleo estará limitado, en muchos casos, por el envejecimiento de la población. Además, estima que el incremento de la productividad total de factores, en ausencia de importantes reformas pro-crecimiento, se reducirá también debido a que, por su naturaleza cíclica, los aumentos de los últimos años no son sostenibles. Como resultado de estas fuerzas, el informe proyecta que el crecimiento potencial de América Latina en el período 2013-2017 será, en promedio, 1,25 puntos porcentuales por año menor que el alcanzado en el período 2003-2012. Alrededor de dos tercios de esta caída se atribuye a factores estructurales y un tercio a factores cíclicos relacionados a un entorno externo más negativo.

El informe del FMI recomienda que los países emergentes se preparen para enfrentar este escenario. Sostiene que, en la parte macro, deben fortalecer sus políticas e instituciones macroeconómicas para mantener una inflación en torno a la meta, y las cuentas fiscales y externas ordenadas, para que los países tengan la capacidad de introducir políticas contra-cíclicas frente a shocks externos. En cuanto a medidas para incrementar el crecimiento potencial, aconseja realizar reformas estructurales encaminadas a promover la inversión, el empleo, el capital humano y a elevar la productividad total de factores.

Factores para incrementar la productividad total de factores y el crecimiento del producto potencial fueron el foco del libro "Oportunidades para el Crecimiento en Chile", editado por el autor de este artículo y publicado en inglés recientemente por el CEP y la Editorial Universitaria. Chile es un caso interesante de análisis porque, a pesar de haber sido muy exitoso en cuanto a crecimiento en los últimos treinta años, hoy también enfrenta una caída en su tasa de crecimiento, tanto por factores cíclicos como estructurales. El libro se concentra en iniciativas para levantar barreras estructurales al crecimiento, tanto desde el punto de vista de políticas como de instituciones.

La publicación incluye un conjunto de artículos que evalúan una serie de factores estructurales que limitan la tasa de crecimiento del PIB potencial. Entre estos factores se destacan los siguientes: las distorsiones y los obstáculos que restringen el desarrollo de fuentes de energía de bajo costo; la aún baja tasa de participación laboral femenina que reduce el incremento de la fuerza de trabajo y afecta los ingresos de las mujeres con menores niveles de capital humano; la baja calidad de la fuerza de trabajo que restringe tanto el crecimiento del capital humano como de la productividad, reduciendo el crecimiento; dificultades al emprendimiento (limitado acceso al crédito y al mercado de capitales, escasez de fondos de capital semilla, baja inversión en Investigación y Desarrollo); los efectos de la alta desigualdad en la distribución de ingresos (se pierden talentos, aumentan los conflictos) y en la distribución del capital político (una proporción importante de la población se aleja de la política, abriéndole las puertas al populismo).

Para mejorar el capital humano, las propuestas incluidas en el texto resaltan la importancia de avanzar en mejorar la calidad de la educación preescolar, básica, media y técnica y también la capacitación laboral. En educación, iniciativas prioritarias son: el desarrollo de jardines infantiles de calidad, el fortalecimiento de la capacidad de aprendizaje, de la profesión docente, de la gestión escolar y de las escuelas públicas. Esto también contribuiría a un desarrollo más inclusivo y, en el tiempo, a mejorar en forma sostenible la distribución del ingreso.

Para incrementar la tasa de crecimiento de la productividad, el tema central del libro, se requieren reformas encaminadas a promover la competencia, la reasignación de factores hacia sectores de mayor productividad, la innovación y la creación y destrucción de empresas, y el levantar los escollos a la producción eficiente de energía. En particular, el capítulo sobre el mercado laboral destaca el rol que cumplen las políticas que facilitan la reasignación de trabajadores entre empresas, tanto para aumentar la productividad como para ayudar al ajuste de la economía frente a shocks y la destrucción creativa (la desaparición de empresas poco eficientes y la aparición de otras altamente eficientes).

El capítulo sobre energía destaca que para producir energía en forma eficiente se requiere remover obstáculos a la generación de hidroelectricidad y estar conscientes de los costos de las energías renovables no convencionales. Muchas de estas reformas requieren de un refuerzo institucional que permita un adecuado diseño técnico y de una profunda discusión de su contenido con la sociedad civil. Esto también contribuiría a la resolución de problemas de economía política, que terminan frenando la implementación de reformas pro-crecimiento y pro-equidad o aprobando reformas poco eficientes.

Muchos de los factores estructurales que limitan la tasa de crecimiento potencial de Chile se presentan también, aunque con intensidad variable, en otros países de América Latina. Sin embargo, en la región hay otras trabas que no son tan relevantes en Chile. Un ejemplo son los déficits en infraestructura. Esto pareciera ser especialmente importante en los casos de Brasil, Colombia y Perú. Chile, en esta área, hizo avances notables en el período 1995-2006 con un programa innovador de concesiones en carreteras, autopistas urbanas, aeropuertos y puertos, que no sólo llevaron a una mejora sustancial en la infraestructura, sino que también al incluir los costos de uso de estas infraestructuras para los usuarios, posibilitaron la focalización del gasto público en programas sociales orientados a los grupos más pobres de la población.

A pesar de lo anterior, la mayoría de los factores identificados en el libro “Oportunidades para el Crecimiento en Chile” como limitantes del crecimiento potencial de Chile aplican para resolver los desafíos que enfrenta la región en esta materia. Por esa razón este libro puede ser de interés para otras naciones de la región, más aún ahora que el deterioro del entorno externo está dejando al descubierto importantes problemas estructurales en la mayoría de ellos.

En la discusión de cierre de la conferencia que dio origen a este volumen, que también es recogida en el texto, Daron Acemoglu, co-autor del libro “Why Nations Fail”, enfatizó que en la etapa del desarrollo en que Chile se encuentra, el mayor reto es seguir avanzando en reducir gradualmente la desigualdad, pero, en el proceso, es necesario evitar la creación de un sistema altamente distorsionado, que limite la creación de negocios, el emprendimiento, la inversión y el crecimiento. Sin lugar a dudas, este desafío también aplica para la mayoría de las naciones de América Latina.


Fuente: Revista Humanum
Fecha: Agosto, 2014.

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