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miércoles, 25 de octubre de 2017

Erradicar la Pobreza Mundial

10/25/2017 11:34:00 a. m.
Por: Angela Lusigi.

En este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, bajo el tema “Responder al llamado del 17 de octubre a poner fin a la pobreza”, se nos recuerda que todavía en todas partes este es un fenómeno de múltiples dimensiones. Su erradicación implica ampliar la riqueza de la vida humana y no solo la riqueza económica en el que se desenvuelven las personas. Este concepto de desarrollo humano que defiende el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), reconoce que el ingreso es solo un medio. Todas las personas en todo el mundo necesitan más opciones y oportunidades para vivir la vida que valoran.

Sin embargo, a menudo se asume que la pobreza se circunscribe a determinados lugares y grupos y que la desigualdad (la enorme brecha en la capacidad de las personas para llevar una vida saludable, mantenerse informadas y participar en la vida pública), es inevitable. Sin embargo, como dijo Nelson Mandela: “Mientras la pobreza, la injusticia y la desigualdad persisten en nuestro mundo, nadie podrá realmente descansar”. Si lo que de verdad buscamos es erradicar la pobreza, no podemos soslayar la desigualdad entre los países, en el seno de los países y entre las mujeres y los hombres.

Muchos vivimos en países donde es posible encontrar un empleo, obtener buena educación e ir a hospitales de calidad. En otros, hay menos empleos de menor remuneración y el acceso a la salud y la educación es más limitado. Sin embargo, todos los países, independientemente de su tamaño, presentan disparidades socioeconómicas y geográficas, así como entre mujeres y hombres. En materia de desarrollo humano, todos los países empeoran su desempeño en un 22% cuando a la ecuación se le añade la desigualdad. Concretamente, esos porcentajes oscilan entre el 13% en Europa, 19% en Asia Oriental y el Pacífico, 23% en América Latina y el Caribe, 28% en los Estados árabes y Asia Meridional y el 32% en África.

En general, la desigualdad en la distribución y control de los recursos políticos, económicos y sociales, así como las instituciones sociales discriminatorias que alimentan el ciclo de exclusión son factores que perpetúan la desigualdad. Esto implica que un niño o una niña que nace en la pobreza en cualquier lugar del mundo tiene relativamente menos probabilidades de escapar de la pobreza. Es por ello que enfrentar la pobreza y la desigualdad en todas partes es fundamental para cumplir la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible (amplía el tema aquí), redoblando los esfuerzos y la inversión encaminados a romper el ciclo de pobreza entre generaciones y a contribuir a la movilidad social.

En una reciente publicación del PNUD (disponible aquí), se examinan la pobreza y la desigualdad. La evidencia muestra de forma rotunda que para erradicar la pobreza en África es necesario romper el ciclo de desigualdad con más y mejores empleos, educación de buena calidad y la eliminación de la exclusión en todas sus formas.

En primer lugar, el fomento a la creación de empleos y la iniciativa empresarial en la agricultura, la industria, el turismo, el entretenimiento y otros servicios proporcionará más y mejores oportunidades económicas sostenibles para los 201 millones de personas que actualmente están desempleadas, según la OIT. Es necesario aplicar medidas orientadas a reducir las barreras estructurales para cumplir el objetivo de la Agenda 2030 relativo al crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos y atender a los 2,7 millones de personas desempleadas en todo el mundo en 2017.

Por otro lado, está probado que un mejor acceso a educación de calidad reduce la desigualdad y la pobreza, acceso que necesitan los 61 millones de niños y niñas y los 60 millones de adolescentes que actualmente no asisten a la escuela, según UNICEF (aquí las cifras). Prestar servicios sociales de calidad, incluidos los de salud, agua y saneamiento para todas las personas constituye un desafío insoslayable. Las desigualdades persisten en todo el mundo debido a instituciones y prácticas sociales discriminatorias y servicios de distribución sesgados.

Por último, para eliminar la exclusión en la distribución de las riquezas nacionales resulta esencial instrumentar reformas que garanticen un acceso más igualitario a los recursos naturales, la inversión pública, impuestos racionales y el acceso universal a la protección social. Derribar las barreras que producen exclusión contribuye a una educación de calidad inclusiva y en condiciones de igualdad, a vidas saludables, a la igualdad de género y a una mayor igualdad entre los países y dentro de sus fronteras.

No obstante, el déficit de financiamiento para lograr la Agenda 2030 a nivel mundial es generalizado y se estima que equivale a entre dos y tres billones de dólares anuales, según la UNCTAD (aquí las cifras). Así, el mundo debe continuar trabajando mancomunadamente en nuevas modalidades, incluida una mayor cantidad de alianzas entre el sector público, el privado y la ciudadanía para intensificar la inversión necesaria a fin de erradicar la pobreza en todas sus formas, en todas partes. Según Victoria Woodhull, la primera mujer candidata a presidenta en los Estados Unidos en 1872, “no es la riqueza en las manos de unos pocos individuos lo que hace de un país un país próspero, sino la riqueza general distribuida equitativamente entre el pueblo”.


Fuente: Blog UNDP

lunes, 9 de octubre de 2017

¿Son alcanzables los Objetivos de Desarrollo Sostenible?

10/09/2017 01:30:00 p. m.
Por: Andrew Sheng y Xiao Geng.


El reciente discurso del presidente de EEUU Donald Trump en las Naciones Unidas ha recibido mucha atención por su retórica bizarra y belicosa, incluyendo amenazas de desmantelar el acuerdo nuclear de Irán y "destruir totalmente" a Corea del Norte (aquí el discurso). El mensaje subyacente a sus declaraciones fue claro: el Estado soberano sigue dominando, con intereses nacionales que eclipsan objetivos compartidos. Esto no es un buen augurio para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Adoptados por la ONU apenas un año antes de la elección de Trump, los ODS requerirán que los países cooperen en objetivos globales cruciales relacionados con el cambio climático, la pobreza, la salud pública y mucho más. En una época de desprecio por la cooperación internacional (por no hablar de la negación atrincherada al cambio climático en la administración de Trump), surge una pregunta importante, ¿se está logrando el deseo de los ODS?

Los ODS nacieron obligados a enfrentarse a fuertes obstáculos, debido a la interrupción tecnológica, la rivalidad geopolítica y la creciente desigualdad social. Pero los discursos populistas que promueven políticas nacionalistas, incluido el proteccionismo comercial (aquí una definición), han intensificado considerablemente dichos obstáculos. En pocas palabras, las poblaciones están perdiendo la fe en que la ortodoxia de desarrollo global de la buena gobernanza (incluida la disciplina monetaria y fiscal), y los mercados libres puedan beneficiarlos.

Con todos los países avanzados enfrentándose a graves restricciones fiscales y los mercados emergentes debilitados por los menores precios de las materias primas, pagar por bienes públicos mundiales se ha vuelto aún más desagradable. Los recortes presupuestarios (junto con los problemas de rendición de cuentas y los nuevos retos tecnológicos), también están perjudicando a los encargados de la buena gobernanza. Y los mercados cada vez más parecen ser capturados por intereses creados.

Los resultados económicos a menudo tienen su origen en la política. Roberto Unger, de la Escuela de Leyes de Harvard, ha argumentado que superar los desafíos del desarrollo basado en el conocimiento, exigirá un "vanguardismo inclusivo". Menciona que, la democratización de la economía de mercado sólo es posible con "una correspondiente profundización de la política democrática", lo que implica "la reconstrucción institucional del propio mercado".

Sin embargo, en EEUU, parece improbable que el sistema político produzca tal reconstrucción. Los profesores de la Escuela de Negocios de Harvard, Katherine Gehl y Michael Porter, argumentan que el sistema bipartidista de EEUU "se ha convertido en la principal barrera para resolver casi todos los desafíos importantes" que enfrenta el país.



Los líderes políticos, Gehl y Porter continúan diciendo, "se compite en ideología y promesas poco realistas, no en acción y resultados", y "dividen a los votantes y sirven a intereses especiales", todo mientras se les atribuye poca responsabilidad por ello. En un libro que está siendo preparado por el Profesor Shalendra Sharma de la Universidad de San Francisco, se corrobora este punto de vista: Al comparar la desigualdad económica en China, la India y EEUU, Sharma sostiene que la gobernanza tanto democrática como autoritaria no ha logrado promover un desarrollo equitativo.

Hay cuatro posibles combinaciones de resultados para los países: (1) buen gobierno y buenas políticas económicas; (2) buena política y mala economía; (3) mala política y buena economía; y (4) mala política y mala economía. En igualdad de condiciones, hay una probabilidad de uno en cuatro de lograr una situación de buena gobernanza y de buen desempeño económico. Esa probabilidad se ve disminuida por otras perturbaciones, desde los desastres naturales hasta las interferencias externas.

Hay quienes creen que la tecnología ayudará a superar tales interrupciones, estimulando el crecimiento suficiente para generar los recursos necesarios para mitigar su impacto. Pero si bien la tecnología es favorable al consumidor, produce sus propios costos considerables.

La tecnología elimina empleos a corto plazo y exige la revalorización de la mano de obra. Además, la tecnología de uso intensivo de conocimientos tiene un efecto de red del tipo “el ganador se lleva todo”, por medio del cual los centros de actividad aprovechan el acceso al conocimiento y al poder, dejando a los grupos menos privilegiados, clases, sectores y regiones luchando por competir.

Gracias a los medios de comunicación social, el descontento resultante se propaga ahora más rápido que nunca, derivando en una política destructiva. Esto puede llevar a la interferencia geopolítica, que rápidamente se deriva en un escenario de perder-perder, como el ya evidente en los países afectados por la falta de agua y los conflictos sociales, donde los gobiernos son frágiles o fracasan.

La combinación de mala política y economía en un país puede contagiarse fácilmente, ya que la creciente migración extiende el estrés político y la inestabilidad a otros países (consulta datos migratorios aquí). Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, había 65 millones de refugiados el año pasado, en comparación con sólo 1,6 millones en 1960. Dada la resistencia de los conflictos geopolíticos, por no mencionar el rápido crecimiento del cambio climático, no se espera que los niveles migratorios disminuyan por lo pronto.

Los ODS pretenden aliviar estas presiones, protegiendo el medio ambiente y mejorando la vida de las personas dentro de sus países de origen. Pero lograrlo requerirá políticas mucho más responsables y un consenso social mucho más fuerte, empezando por un cambio fundamental en la mentalidad, desde una centrada en la competencia, a una que haga hincapié en la cooperación.

Al igual que no tenemos un mecanismo fiscal global para garantizar la provisión de bienes públicos mundiales, no tenemos políticas monetarias o de bienestar para mantener la estabilidad de precios y la paz social. Es por ello que las instituciones multilaterales necesitan ser mejoradas y reestructuradas, incluyendo mecanismos efectivos de implementación y toma de decisiones para manejar los desafíos globales de desarrollo tales como brechas de infraestructura, migración, cambio climático e inestabilidad financiera. Tal sistema ayudaría mucho a apoyar el progreso hacia los ODS.

En ese sentido, Roberto Unger sostiene que todas las democracias actuales "son democracias defectuosas, de baja energía", en las que "ningún trauma" (en forma de ruina económica o conflicto militar) significa "ninguna transformación". Y tiene razón, pues en este ambiente, reflejado en el abrazo de los líderes mundiales actuales al modelo anticuado de estados-nación de Westfalia (amplía aquí el tema), el logro de los ODS probablemente será imposible.

Traducción: Humanolitics.org.ve
Artículo publicado originalmente en Project-Syndicate

martes, 3 de octubre de 2017

Negación demográfica, un peligro inminente.

10/03/2017 04:30:00 p. m.

Por: Adair Turner.


En todas las economías emergentes, los beneficios de un "dividendo demográfico" se han convertido en un estribillo familiar. Políticos y líderes empresarios por igual (ya sea en la India, Nigeria, Pakistán o Tanzania), hablan elogiosamente de cómo una población de rápido crecimiento y joven creará enormes oportunidades de inversión y alimentará un rápido crecimiento económico. Pero la realidad es que, en muchas economías emergentes, el rápido crecimiento de la población plantea una amenaza importante para el desarrollo económico, y el progreso tecnológico hará que la amenaza sea un mayor.

Para empezar, el término "dividendo demográfico" está siendo utilizado de manera incorrecta (lee aquí una definición completa). El término, en un principio, era usado para describir una transición en la que los países gozaban de un incremento puntual de la población en edad de trabajar y de una caída significativa de la fertilidad. Esa combinación produce un alto ratio (proporción), entre trabajadores y dependientes (tanto jubilados como hijos), que facilita que un alto nivel de ahorro respalde una inversión suficiente destinada a impulsar un rápido crecimiento del capital social.

Mientras tanto, una fertilidad que cae estrepitosamente garantiza que la próxima generación herede un gran capital social per capita, y un tamaño familiar reducido hace que resulte más fácil pagar un costo elevado en educación privada o pública por niño, lo que deriva en rápidas mejoras de las capacidades de la fuerza laboral. Corea del Sur, China y algunos países del este de Asia se han beneficiado enormemente de este dividendo demográfico en los últimos 40 años.  

Ahora bien, sin una rápida caída de las tasas de fertilidad, no hay ningún dividendo. Si la fertilidad se mantiene alta, un ratio bajo entre jubilados y trabajadores es compensado por un ratio alto de dependencia infantil, lo que dificulta poder afrontar un gasto elevado en educación por niño. Y si cada nuevo séquito de trabajadores es mucho mayor que el anterior, el crecimiento del capital social per capita (ya sea en infraestructura o plantas y equipamiento), se retrasa. El crecimiento acelerado de las poblaciones en edad de trabajar hace imposible crear empleos lo suficientemente rápido como para impedir un subempleo generalizado.

Este es el embrollo en el que está atascada gran parte del África subsahariana. En una situación en la que las tasas de crecimiento moderadas del PIB (que promediaron el 4,6% en los últimos diez años) están compensadas por un crecimiento de la población anual del 2,7%, el ingreso per capita ha venido creciendo por debajo del 2% por año, comparado con la tasa del 7% que alcanza China. A esta tasa de progreso, África recién alcanzará los estándares de vida actuales de las economías avanzadas a mediados del 2100.

Pakistán enfrenta un reto ligeramente menos serio (pero de todos modos importante). La demografía de la India varía por región: mientras que las tasas de fertilidad ahora están en 2% o por debajo, en estados económicamente dinámicos como Maharashtra y Gujarat, los grandes estados del norte Bihar y Uttar Pradesh todavía enfrentan serios vientos de frente a nivel demográfico.




Durante décadas ha resultado evidente que una fertilidad elevada puede retrasar el crecimiento per capita. Y ahora los costos de negar esa posibilidad están por aumentar, especialmente en el caso de los países en desarrollo. Existen sólo unos pocos ejemplos históricos de un paso exitoso de la pobreza a la productividad y estándares de vida de las economías avanzadas, y en todos los casos (Japón en los años 1950-1980, Corea del Sur en los años 1960-1990, China durante las últimas cuatro décadas), el crecimiento rápido de la manufactura orientada a las exportaciones ha desempeñado un papel central, pero el progreso tecnológico ahora amenaza esa ruta hacia la prosperidad.

La tecnología de la información finalmente nos permitirá automatizar la gran mayoría de los empleos actuales. A pesar de una gran incertidumbre respecto de cuánto demorará la transición, estudios recientes dejan en claro que los empleos que implican una actividad física predecible son los más vulnerables en el corto plazo. La manufactura que implica el manejo de materiales duros (pensemos en la producción de automóviles), ya está sumamente automatizada y lo estará aún más. Pero una vez que los innovadores logren crear "robots costureros" efectivos que sean capaces de manipular material blando, muchos empleos existentes en la industria de la vestimenta y textil también estarán amenazados.

En este proceso, la manufactura puede regresar a las economías avanzadas, pero con pocos empleos. La "Speedfactory" de Adidas en Ansbach, Alemania, pronto producirá 500.000 zapatos por año con sólo 160 trabajadores. Un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo estima que entre el 60% y el 90% de los empleos de baja remuneración existentes en la industria textil y de vestimenta en varios países asiáticos podrían ser automatizados.

Sin embargo, los mayores desafíos no se presentarán en el sudeste asiático, sino en partes de la India, en Pakistán y, por sobre todo, en África. La India debe crear entre 10 y 12 millones de nuevos empleos por año sólo para seguir estando en consonancia con la población en edad de trabajar, y muchos más para absorber a las enormes cantidades de trabajadores que ya están subempleados. Pero algunos de los planes son poco realistas: un informe reciente cuestiona el mensaje oficial de diez millones de nuevos empleos en la fabricación de ropa, y sugiere que tres millones es un escenario más probable.

En cuanto a África, la proyección de punto medio de Naciones Unidas proyecta la población de 20 a 65 años en 1.300 millones en 2050 y en 2.500 millones en 2100, por encima de los 540 millones de hoy. Estos jóvenes habitarán un mundo en el que sólo una pequeña fracción podrá encontrar trabajo en la industria orientada a las exportaciones. La población de China de 25 a 64 años, por el contrario, enfrenta una posible caída de 930 millones a 730 millones, lo que hará aumentar los salarios reales y creará fuertes incentivos para una alta inversión en automatización. En un mundo de posibilidades radicales de un desplazamiento de la mano de obra humana, el hecho de que haya demasiados trabajadores será un problema mayor que si hubiera demasiado pocos.  

No existen respuestas fáciles para los problemas que hoy enfrentan las economías emergentes. La creación de empleos debe maximizarse en los sectores menos vulnerables a la automatización de corto plazo: los empleos en la construcción y el turismo pueden ser más sustentables que la manufactura. Las políticas para permitir una caída de la fertilidad voluntaria, a través de una educación femenina y de un fácil acceso a la contracepción, deberían ser altas prioridades; Irán, donde la tasa de fertilidad cayó de 6,5 en los años 1980 a menos de 2 en 2005, muestra lo que es posible inclusive en sociedades religiosas supuestamente tradicionales.

Pero el primer paso para la resolución de cualquier problema es reconocerlo. Gran parte de lo que se dice actualmente sobre los dividendos demográficos es un ejercicio peligroso de negación. Es hora de enfrentar la realidad.


Publicado originalmente en Project Syndicate

martes, 26 de septiembre de 2017

¿Por qué empoderar a las niñas?

9/26/2017 10:00:00 a. m.

Por: Bjorn Lomborg.

Los efectos de prácticas como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil sobre la salud y el bienestar de las mujeres (y la de sus hijos), no son un misterio. Lo que no se entiende tan bien es cuáles son las medidas que más contribuyen a la reducción de tales prácticas.

En la lotería de la vida, nacer mujer en un país pobre te sitúa en una doble desventaja. Las mujeres de estos países tienen la mayor incidencia mundial de pobreza de entre todos los grupos demográficos, además de las peores condiciones de salud, el menor acceso a la educación y la mayor probabilidad de ser víctimas de violencia.
La desigualdad de género (a través de la exclusión laboral y los menores salarios) cuesta al mundo un alarmante 15,5% del PIB (aquí una investigación relacionada). Negar oportunidades a las mujeres para desarrollar su potencial impide que las sociedades aprovechen su contribución. Sin embargo, la frustrante realidad es que las soluciones eficaces para abordar la desigualdad de género pueden resultar difíciles de identificar.
Las 30 millones de niñas en riesgo de mutilación genital femenina (MGF) durante la próxima década se sitúan en el extremo de la escala de "desempoderamiento". Se trata de un procedimiento casi universal en Somalia, Guinea, Yibuti, Egipto, Eritrea, Malí, Sierra Leona y Sudán (aquí el informe de la UNICEF). La Organización Mundial de la Salud alerta que las afectadas sufren problemas de salud en el largo plazo y mayores tasas de muerte perinatal (entra aquí para ampliar el tema).
Pero el problema es más fácil de identificar que de resolver, pues las reformas legales han tenido poco impacto. Incluso en el Reino Unido, donde la MGF fue prohibida hace 30 años, ninguna persona ha sido enjuiciada exitosamente (amplía aquí). Las primeras cifras registradas se comunicaron en julio y revelaron que hubo 5.702 nuevos casos en Inglaterra entre abril de 2015 y marzo de 2016. Al menos 18 mujeres jóvenes y niñas fueron sometidas a la MGF en el Reino Unido, mientras la mayoría recibió el procedimiento en África (aquí la noticia).
En las últimas tres décadas ha habido una disminución general en la prevalencia de la MGF, pero no todos los países han efectuado progresos. De hecho, las actuales tendencias señalan que el número de niñas y mujeres sometidas a la MGF aumentará significativamente en los próximos 15 años (según datos de la UNICEF).
Esto no quiere decir que las entidades benéficas y los gobiernos que trabajan en esta área no estén haciendo un trabajo excelente. Pero necesitamos más estudios de alta calidad sobre cómo identificar y ampliar programas que ya sean eficaces.
El matrimonio infantil es otra costumbre inaceptable que arrebata oportunidades a las niñas. Entre 2011 y 2020, más de 140 millones de niñas de todo el mundo se convertirán en niñas casadas (definidas por las Naciones Unidas como las que contraen matrimonio antes de los 18 años. Datos aquí). UNICEF estima que las tasas de matrimonio infantil superan el 50% en nueve países: Níger, República Centroafricana, Chad, Bangladesh, Malí, Guinea, Sudán del Sur, Burkina Faso y Malawi.
Las consecuencias para las niñas casadas son de amplio alcance: menores niveles de educación y menores ingresos de por vida, mayores tasas de violencia doméstica, mayor riesgo de morir durante el embarazo o el parto y mayores tasas de mortalidad para sus hijos.
Al igual que en la MGF, las leyes por sí solas no son suficientes para abordar el problema. Un ejemplo es Bangladesh, donde el 52% de las niñas están casadas cuando alcanzan la mayoría de edad de 18 años. Varias leyes que prohíben el matrimonio y las dotes infantiles han tenido escaso efecto: el 18% de las niñas se casan antes de cumplir los 15 años (la tasa más alta del mundo), y los programas comunitarios para dar a las adolescentes capacitación y destrezas de vida han tenido un impacto limitado.



Un estudio realizado en Bangladesh por economistas de la Universidad de Duke y el Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab del MIT plantea que la estrategia más eficaz podría ser proporcionar incentivos económicos para retrasar el matrimonio. Las niñas situadas en el 20% más pobre de la población mundial tienen más del doble de probabilidades de casarse jóvenes que las del 20% más rico (aquí el estudio íntegro).
En el sur de Bangladesh se llevó a cabo un esperanzador programa que proporcionaba aceite de cocina a los padres de las niñas solteras. Los participantes recibían cuatro litros de aceite cada cuatro meses, con la condición de que un monitor confirmara que las niñas permanecían sin casarse.
El modesto incentivo funcionó: las hijas de los destinatarios se casaron, en promedio, hasta un 30% menos antes de los 16 años, obteniéndose así una rentabilidad cuatro veces superior a los costes. El programa también mejoró el nivel educativo de las niñas, que tendieron a permanecer en la escuela hasta un 22% más.
Lo anterior tiene importancia porque una de las metas clave de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que concluyeron en 2015, fue eliminar la disparidad de género en la educación primaria y secundaria. Se logró un buen avance en la primaria, pero el acceso a la educación secundaria y universitaria sigue siendo altamente desigual. Las diferencias en cuanto a matriculación en educación primaria han disminuido en todas las regiones, pero quedan rezagadas África subsahariana, Oriente Próximo y el norte de África.
Reducir la brecha de género en la escolarización también tendría beneficios para la siguiente generación. Más educación para las niñas significa mejor salud y nutrición para sus hijos.
La manera de lograr esto variará según el lugar. Por ejemplo, proporcionar uniformes escolares gratis ayuda solo en algunos sitios. La actuación para reducir el matrimonio infantil en Bangladesh tuvo beneficios adicionales de fomento a la educación secundaria. Nuevos estudios indican que, a nivel mundial, el dinero que se destina a reducir la disparidad de género en educación genera beneficios alrededor de cinco veces superiores a los costes (amplía aquí).
Muchas ideas bien intencionadas para reducir la desigualdad de género, e incluso indudablemente buenas, son más difíciles de analizar y cuantificar. Asegurar a las mujeres derechos igualitarios de heredar propiedades, firmar contratos, registrar empresas o abrir cuentas bancarias tendría un bajo costo y podría conllevar beneficios de gran alcance. Pese a las deficiencias de información, un panel de Premios Nobel convocado por el Consenso de Copenhague identificó tales medidas como una de las 19 mejores metas de desarrollo: cada dólar rendiría beneficios por más de quince veces su valor (aquí la nota íntegra).
Sabemos cómo enfrentar un problema y tenemos abundante información sobre costes y beneficios. Unos 225 millones de mujeres que quieren evitar el embarazo no están utilizando métodos seguros y eficaces de planificación familiar. Las razones van desde la falta de acceso a la información o los servicios hasta la falta de apoyo de sus parejas o comunidades (aquí datos del UNFPA).
Garantizar el acceso universal a los anticonceptivos costaría 3.600 millones de dólares al año, pero significaría reducir en 150.000 los casos de mortalidad materna y en 600.000 los de orfandad (trabajo relacionado aquí). Además, el beneficio demográfico de tener menos personas dependientes y más en la fuerza laboral aceleraría el crecimiento económico. Los beneficios totales resultan impresionantes: 120 veces el valor de los costes.

No hay soluciones rápidas para la desigualdad de género, pero una cosa está clara: no todos los esfuerzos resultan igualmente apropiados ni se basan en datos fiables. Por consideraciones morales y económicas, los responsables políticos deberían adoptar aquellas medidas que más contribuyan a empoderar a las niñas y mujeres.

Publicado originalmente en Project Syndicate

miércoles, 30 de agosto de 2017

Inversión en Desarrollo para las Futuras Generaciones

8/30/2017 09:57:00 a. m.

Por: Bjørn Lomborg
Director del Centro de Consenso de Copenhague



La desnutrición recibe mucho menos atención que la mayor parte de los demás retos del planeta. Sin embargo, es un área donde una inversión relativamente pequeña puede tener el efecto más potente.

Se estima que dos mil millones de personas no reciben las vitaminas y minerales esenciales que necesitan para crecer y desarrollarse, principalmente hierro, yodo, vitamina A y zinc. Peor aún, la desnutrición y subnutrición son parte de un cruel ciclo en que ambas son causas y efectos de la pobreza.
Se trata de un ciclo que afecta de manera desproporcionada a niños y bebés, sobre los cuales la desnutrición tiene consecuencias devastadoras, como discapacidades mentales, problemas de aprendizaje en la escuela, y mala salud en general. Incluso deficiencias nutricionales moderadas pueden afectar el desarrollo de un niño, y puesto que cuando crezca le resultará más difícil obtener un buen trabajo, la desnutrición afecta no solo sus vidas, sino también las de las generaciones siguientes.
Idealmente, los nutrientes deberían proceder de una dieta variada y equilibrada. Ya que esto no es siempre posible, particularmente en países pobres, los gobiernos y las organizaciones tienen la responsabilidad de ayudar.
Por más de una década, el centro de estudios que dirijo, el Consenso de Copenhague, ha estudiado y comparado las opciones de desarrollo a disposición de los gobiernos y organizaciones donantes que funcionan a niveles nacional, regional y global. Colaboramos con los más reputados economistas, entre los que se cuentan varios premios Nobel, para determinar las mejores maneras de enfrentar los mayores retos de la humanidad.
Durante este tiempo, hemos puesto de relieve una amplia gama de causas importantes. Por ejemplo, en 2004 nuestros estudios sirvieron de argumentación para intensificar la lucha contra el VIH/SIDA, cuando se convirtió en una prioridad del gobierno danés. Y el año pasado, el presidente colombiano Juan Manuel Santos declaró que gracias a nuestros estudios sobre biodiversidad se cuadruplicó el tamaño de una reserva marina en la costa de su país.
Todavía, las inversiones diseñadas para combatir la “hambruna secreta” o deficiencias de micronutrientes han estado constantemente en los primeros puestos de nuestras listas de prioridades. La evidencia muestra con claridad que la ruptura de los ciclos intergeneracionales de pobreza y subnutrición es una de las maneras más potentes de mejorar las vidas en cualquier lugar del planeta.
Tanto en 2008 como 2012, los proyectos del Consenso de Copenhague centrados en las prioridades globales para el desarrollo concluyeron que las autoridades y filántropos deberían considerar como una prioridad el combate de la desnutrición. En cada uno de estos proyectos, los expertos produjeron decenas de informes de investigación que examinaban de qué modo era mejor destinar recursos sobre una variedad de problemas, desde conflictos armados y destrucción de la biodiversidad a la propagación de enfermedades infecciosas y la higienización.
Incluso ante decenas de atractivas inversiones para escoger, en el examen de los datos los economistas premiados con el Nobel encontraron que las medidas para combatir la desnutrición se encontraban entre las opciones más potentes. El estudio de 2012 demostró que una inversión de apenas USD 100 por niño podría pagar una serie de intervenciones –incluidos micronutrientes, mejoras a la calidad dietética y programas de cambio de conducta- que reducirían en un 36% la desnutrición en los países en desarrollo. En otras palabras, cada dólar que se destinara a reducir la subnutrición crónica (incluso en países muy pobres), crearía un retorno a la sociedad por un valor de USD 30.
El estudio de 2012 tuvo un efecto tangible. El año siguiente, una coalición de organizaciones no gubernamentales prometió aportar más de USD 750 millones a programas de nutrición, basándose en parte en nuestros hallazgos. De modo similar, el ex Primer Ministro David Cameron citó el mismo estudio en un encuentro de 2013 sobre “Nutrición para el crecimiento”, cuando los gobiernos del G8 se comprometieron a gastar USD 4,15 mil millones más en la lucha contra la desnutrición.
Lo que es cierto al nivel global también lo es al interior de muchos países. Los dos proyectos más recientes del Consenso de Copenhague se centraron en Bangladesh y Haití. En Bangladesh, 30.000 niños mueren cada año debido a la desnutrición. Llamamos a invertir más en intervenciones que apuntaran a llegar a niños en sus 1000 primeros días de vida, y en un giro promisorio, nuestros estudios fueron un factor del Segundo Plan de Acción para la Nutrición de Bangladesh.
En Haití, el gobierno con el apoyo de la USAID, ha lanzado el primer proyecto de enriquecimiento de alimentos, lo que ayuda a muchas personas a la vez, porque añade nutrientes a alimentos de amplio consumo, como productos básicos (trigo, arroz, aceites) o condimentos (sal, salsa de soja, azúcar). Es apenas un arma en la lucha contra la desnutrición (otras herramientas son iniciativas de educación y selección de objetivos, como proporcionar suplementos a madres y recién nacidos), pero es una muy importante.
El enriquecimiento no es una idea nueva. La mayoría de los habitantes de los países ricos se benefician de ella, lo sepan o no. A principios del siglo XX, comenzó en Suiza la iodización de la sal, y desde entonces se ha aplicado en todo el mundo. La margarina fortalecida con vitamina A se introdujo en Dinamarca en 1918. Y en los años 30, se introdujeron en varios países desarrollados leche fortalecida con vitamina A y harina enriquecida con hierro y vitaminas B. En este punto, el enriquecimiento de los alimentos es casi universal en el mundo desarrollado, pero sigue ausente de los países de ingresos bajos y medios.
El proyecto en Haití se centrará en enriquecer la harina de trigo con hierro y ácido fólico, aceites vegetales y sal con yodo. Tras presentar nuestras conclusiones al Presidente haitiano Jovenel Moïse, adoptó medidas que requieren que todo el trigo esté fortificado con micronutrientes dentro de un año. Y durante el lanzamiento del nuevo programa, un funcionario de EE.UU. citó los estudios del Consenso de Copenhague para demostrar que la fortificación es una de “las inversiones más eficaces en el desarrollo de Haití”.
Un informe de investigación realizado por Stephen Vosti de la Universidad de California, Davis, indica que un 95% de la harina de trigo de Haití se podría fortificar por una década con una inversión de apenas USD 5,1 de micronutrientes premezclados, equipos y formación. Esta inversión relativamente pequeña rendiría extraordinarios beneficios, como prevenir 140 muertes por defectos del tubo neural y más de 250.000 casos de anemia por año. En términos monetarios, cada dólar que se gastara generaría beneficios para la sociedad haitiana por un valor de USD 24.
No existe una panacea para todos los retos actuales para el desarrollo. Pero las políticas de mejorar la nutrición se acercan mucho, ya que tienen el potencial de poner fin a un cruel ciclo de pobreza y desnutrición que puede durar generaciones.
Publicado originalmente en Project Syndicate

lunes, 28 de agosto de 2017

¿A quiénes están dejando atrás América Latina y el Caribe?

8/28/2017 03:02:00 p. m.

Por: Jessica Faieta
Subsecretaria general de la ONU y Directora del PNUD para América Latina y el Caribe



Más de 40 países –11 de América Latina y el Caribe– han compartido en un Foro en la ONU en Nueva York el mes pasado sus avances en el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la nueva agenda para avanzar en lo social, económico y ambiental hasta 2030. El encuentro ha dejado evidente la voluntad política de la región de adoptar y cumplir con esta agenda universal. Presentaron sus avances Argentina, Belice, Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Perú y Uruguay, a los que sumamos Colombia, México y Venezuela, que compartieron informes en 2016.
Los ODS reconocen la virtud del crecimiento económico inclusivo, sostenible, que respete al medio ambiente y fortalezca los marcos institucionales y normativos. La agenda busca "no dejar a nadie atrás", y admite que el mercado no lo resuelve todo. Esto es fundamental para nuestra región, la más desigual del mundo.
Durante el foro en la ONU el secretario general presentó su informe sobre los ODS, que muestra avances y retos para América Latina y el Caribe. En las dos últimas décadas la región obtuvo logros extraordinarios: la proporción de la población que vive en pobreza extrema (menos de 1,90 dólares diarios) se redujo de un 13,9% (1999) al 5,4% (2013). Además, un 61% de latinoamericanos tenía algún tipo de protección social en 2016.
Pero el informe también revela que seguimos en deuda con ciertos grupos, en especial los jóvenes y las mujeres. Además, ser afrodescendiente, indígena, LGBTI, persona con discapacidades, incide en las oportunidades y posibilidades de ascenso social y económico y en el acceso a servicios en nuestra región, según se detalla en un reciente estudio del PNUD.
Hay desafíos para los jóvenes, en especial los de bajos ingresos. El crecimiento anual del PIB per cápita se ha reducido en la última década y la tasa de desempleo de los jóvenes (17,2) fue casi tres veces superior a la de los adultos (6,1) en 2016.
Si anteriormente el mundo se centraba en medir el número de niños en la escuela, la nueva agenda mira la calidad de la enseñanza. Este informe muestra que, aunque hay más estudiantes que nunca antes, en muchos países de la región solo la mitad de ellos ha logrado niveles mínimos de competencia en lectura o matemáticas al final de la enseñanza primaria.
La región sigue siendo la más violenta del mundo, con hasta 27,3 asesinatos por 100.000 habitantes. Los jóvenes, principalmente los varones, son los más afectados y también son los responsables más comunes de la violencia y los delitos, según un informe del PNUD que hace un llamado para evitar su criminalización y estigmatización.
Para las mujeres quedan muchos retos pendientes. Un promedio de 12% sufrieron violencia física o sexual por sus compañeros en los últimos 12 meses. Además, tenemos la segunda tasa más alta de embarazos adolescentes del mundo. Asimismo, las mujeres dedican tres veces más tiempo que los hombres a los trabajos domésticos no remunerados, una disparidad que aumenta en América Latina cuando hay niños en los hogares.
Aunque hay más estudiantes que nunca antes, en muchos países de la región solo la mitad de ellos ha logrado niveles mínimos de competencia en lectura o matemáticas al final de la enseñanza primaria
Por otro lado, un gran logro: hay más mujeres en los Parlamentos. Subimos de un 15,2% en el 2000 al 29,4% en el 2017, siendo hoy la segunda región del mundo con más parlamentarias.
Más allá de los datos en el informe, la región ha tomado pasos concretos en crear o adaptar institucionalidad para implementar los ODS y varios países avanzan en incorporar las metas en sus planificaciones y presupuestos.
Es una buena noticia. La nueva agenda brinda una oportunidad histórica de repensar el modelo de progreso y alienta a que muchos países definan nuevas formas de trabajar con el sector público, privado y la sociedad civil, por el planeta y las personas, sin dejar a nadie atrás.
Artículo publicado originalmente en Blog PNUD

lunes, 12 de junio de 2017

Las injusticias sociales del Zika

6/12/2017 05:03:00 p. m.

Por: Pia Riggirozzi
Profesora asociada en Políticas Globales de la Universidad de Southampton, EE.UU.


Foto: Eduardo Anizelli/Folhapress
Los brotes de enfermedades transmisibles en el mundo en desarrollo, desde la perspectiva de la salud, son suficientemente malos. Pero también tienen serias implicaciones hacia la justicia social, porque agudizan las crisis de derechos humanos desde hace mucho tiempo, incluso socavando la ya débil provisión de servicios públicos y profundizando las desigualdades existentes.

Al igual que el brote de Ébola de 2014 en África Occidental, el brote de Zika en América Central y América del Sur en 2015 afectó a los grupos sociales más vulnerables (mujeres, niños, minorías étnicas), y mientras más pobres, se torna más difícil. Al igual que la fiebre amarilla, el dengue y otras enfermedades, el Zika es transmitido por los mosquitos Aedes aegypti. Pero, inusualmente para un virus transmitido por mosquitos, el Zika también puede transmitirse sexualmente y, aún más inusual, está asociado con condiciones neurológicas y de desarrollo que afectan a los bebés: microcefalia y síndrome de Guillain-Barré. De resto, sus síntomas son a menudo bastante suaves (noticia relacionada).

Lo anterior significa que, de los más de 1,5 millones de personas afectadas por el Zika desde el brote, las consecuencias fueron más preocupantes para mujeres en edad fértil, especialmente para aquellas que ya estaban embarazadas. Entre 2016 y 2017, se confirmaron 11.059 casos de Zika en mujeres embarazadas, lo que produjo 10.867 casos de microcefalia, así como otras malformaciones congénitas del sistema nervioso central de sus bebés. Destacando, además, que el 56% de estos nacieron de mujeres pobres y mujeres de color del noreste de Brasil.

Claramente, la crisis del Zika no es neutral en cuanto a género. Al abordar sus consecuencias a mediano y largo plazo, se necesita un enfoque en las mujeres, especialmente en las mujeres pobres. Eso no significa una mayor cobertura mediática de las deformidades asociadas con la microcefalia o incluso de las dificultades que enfrentan sus madres. Y ciertamente no significa más esfuerzos para controlar el comportamiento de las mujeres.

Para evitar la infección, a las mujeres se les ha aconsejado el uso de repelente de mosquitos; eliminar el agua estancada alrededor de sus casas; llevar mangas largas; y, si es posible, usar condones o evitar el sexo. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos aconsejó a las mujeres embarazadas que se abstuvieran de viajar a los países afectados. Más extremo aún, la mayoría de los funcionarios de salud en El Salvador y Colombia instaron a las mujeres a no quedar embarazadas hasta 2018 (noticia relacionada).

Tales recomendaciones, por muy bien intencionadas que fueran, son fundamentalmente erróneas. Para empezar, hacen hincapié en el control y vigilancia de vectores a corto plazo, a la vez que desvinculan la enfermedad de los determinantes sociales y estructurales de la salud, incluida la infraestructura pública, como las aguas servidas, el saneamiento adecuado y el acceso a la atención.

También, imponen la responsabilidad de evitar las enfermedades y el embarazo principalmente a las mujeres, al tiempo que no reconocen la falta de control que muchas mujeres tienen sobre sus cuerpos y embarazos. Muchas de las áreas afectadas por el Zika tienen altos índices de violencia sexual, embarazo precoz, falta de educación sexual e inadecuado acceso a los anticonceptivos. Por estas razones, más del 50% de los embarazos en América Latina no son intencionales (consultar estudio relacionado).

Para empeorar las cosas, en la mayoría de los países latinoamericanos afectados por el Zika, el aborto es ilegal o permitido sólo en situaciones excepcionales. Por ejemplo, en El Salvador, donde se registraron más de 7.000 casos de Zika entre diciembre de 2015 y enero de 2016, los abortos son ilegales en todas las circunstancias, e incluso, los abortos espontáneos, si se demuestra que son autoinducidos, pueden llevar a convicciones de homicidio (noticia relacionada).

La posición de Estados Unidos tampoco ha ayudado. El año pasado, el gobierno del presidente estadounidense Barack Obama pidió al congreso 1.800 millones de dólares en fondos de emergencia para ayudar a prepararse y responder a la amenaza del Zika. Pero la política del aborto intervino, mientras los legisladores republicanos, dirigiendo una audiencia del congreso sobre el brote de Zika, hicieron que el financiamiento estuviera condicionado a las políticas contra el aborto en los países receptores (noticia relacionada).

Foto: FAO/Simon Miana
Los problemas que acarrea el enfoque dominante para contener el virus del Zika (es decir, que le da a las mujeres demasiada responsabilidad al tiempo que les da muy poco poder), no están perdidos para todo el mundo. El año pasado, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados y la Organización Mundial de la Salud hicieron hincapié en la necesidad de poner los derechos humanos en el centro de la respuesta al brote del Zika (artículo relacionado).

Si bien, el reconocimiento de alto nivel de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres es un paso positivo, está lejos de ser suficiente. Y hacer lo necesario para proteger esos derechos, particularmente entre las mujeres pobres y vulnerables de los países en desarrollo, requerirá un compromiso político profundo y sostenido.

En particular, debe revisarse la legislación nacional para garantizar que todas las mujeres, ya sean portadoras de un bebé con microcefalia o no, tengan plena autonomía reproductiva. Las mujeres deben poder basar sus elecciones reproductivas en sus propias necesidades, sus deseos físicos y emocionales, no en los juicios morales de agentes poderosos o en el riesgo de sanciones penales.

Los grupos de promoción en Brasil, por ejemplo, ya están presionando para lograr tales resultados, presentando casos legales ante la Corte Suprema para asegurar mayores derechos reproductivos para las mujeres, incluyendo el derecho a un aborto seguro y legal. Dichos casos tienden a apoyarse en la Constitución Nacional de 1988, que garantiza el derecho al aborto en caso de violación, peligro para la vida de la madre o anencefalia, otro defecto congénito que afecta al cerebro (artículo relacionado).

Al perseguir estos cambios, las campañas también deberían reconocer y abordar los vínculos entre los derechos de las mujeres y los derechos de las personas con discapacidad. De hecho, deberían promover la igualdad para todos los grupos marginados.

Las consecuencias del Zika, a medio y largo plazo, deben ser abordadas con esto en mente. Cuando una mujer da a luz a un niño con un síndrome congénito derivado del virus del Zika, la respuesta debe basarse en la dignidad, el valor y los derechos de cada individuo. Se deben reconocer los procesos que mantienen a ciertos individuos y grupos en la pobreza, al tiempo que les niegan los derechos básicos de ciudadanía. Es por eso que los activistas deben insistir en que el Estado sea el responsable de proporcionar servicios de atención, así como apoyo, apropiados para cada mujer, además de servicios infantiles que satisfagan sus necesidades y respeten sus derechos.

Traducido por Ricardo De Angelis

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