martes, 3 de octubre de 2017

Negación demográfica, un peligro inminente.

10/03/2017 04:30:00 p. m.

Por: Adair Turner.


En todas las economías emergentes, los beneficios de un "dividendo demográfico" se han convertido en un estribillo familiar. Políticos y líderes empresarios por igual (ya sea en la India, Nigeria, Pakistán o Tanzania), hablan elogiosamente de cómo una población de rápido crecimiento y joven creará enormes oportunidades de inversión y alimentará un rápido crecimiento económico. Pero la realidad es que, en muchas economías emergentes, el rápido crecimiento de la población plantea una amenaza importante para el desarrollo económico, y el progreso tecnológico hará que la amenaza sea un mayor.

Para empezar, el término "dividendo demográfico" está siendo utilizado de manera incorrecta (lee aquí una definición completa). El término, en un principio, era usado para describir una transición en la que los países gozaban de un incremento puntual de la población en edad de trabajar y de una caída significativa de la fertilidad. Esa combinación produce un alto ratio (proporción), entre trabajadores y dependientes (tanto jubilados como hijos), que facilita que un alto nivel de ahorro respalde una inversión suficiente destinada a impulsar un rápido crecimiento del capital social.

Mientras tanto, una fertilidad que cae estrepitosamente garantiza que la próxima generación herede un gran capital social per capita, y un tamaño familiar reducido hace que resulte más fácil pagar un costo elevado en educación privada o pública por niño, lo que deriva en rápidas mejoras de las capacidades de la fuerza laboral. Corea del Sur, China y algunos países del este de Asia se han beneficiado enormemente de este dividendo demográfico en los últimos 40 años.  

Ahora bien, sin una rápida caída de las tasas de fertilidad, no hay ningún dividendo. Si la fertilidad se mantiene alta, un ratio bajo entre jubilados y trabajadores es compensado por un ratio alto de dependencia infantil, lo que dificulta poder afrontar un gasto elevado en educación por niño. Y si cada nuevo séquito de trabajadores es mucho mayor que el anterior, el crecimiento del capital social per capita (ya sea en infraestructura o plantas y equipamiento), se retrasa. El crecimiento acelerado de las poblaciones en edad de trabajar hace imposible crear empleos lo suficientemente rápido como para impedir un subempleo generalizado.

Este es el embrollo en el que está atascada gran parte del África subsahariana. En una situación en la que las tasas de crecimiento moderadas del PIB (que promediaron el 4,6% en los últimos diez años) están compensadas por un crecimiento de la población anual del 2,7%, el ingreso per capita ha venido creciendo por debajo del 2% por año, comparado con la tasa del 7% que alcanza China. A esta tasa de progreso, África recién alcanzará los estándares de vida actuales de las economías avanzadas a mediados del 2100.

Pakistán enfrenta un reto ligeramente menos serio (pero de todos modos importante). La demografía de la India varía por región: mientras que las tasas de fertilidad ahora están en 2% o por debajo, en estados económicamente dinámicos como Maharashtra y Gujarat, los grandes estados del norte Bihar y Uttar Pradesh todavía enfrentan serios vientos de frente a nivel demográfico.




Durante décadas ha resultado evidente que una fertilidad elevada puede retrasar el crecimiento per capita. Y ahora los costos de negar esa posibilidad están por aumentar, especialmente en el caso de los países en desarrollo. Existen sólo unos pocos ejemplos históricos de un paso exitoso de la pobreza a la productividad y estándares de vida de las economías avanzadas, y en todos los casos (Japón en los años 1950-1980, Corea del Sur en los años 1960-1990, China durante las últimas cuatro décadas), el crecimiento rápido de la manufactura orientada a las exportaciones ha desempeñado un papel central, pero el progreso tecnológico ahora amenaza esa ruta hacia la prosperidad.

La tecnología de la información finalmente nos permitirá automatizar la gran mayoría de los empleos actuales. A pesar de una gran incertidumbre respecto de cuánto demorará la transición, estudios recientes dejan en claro que los empleos que implican una actividad física predecible son los más vulnerables en el corto plazo. La manufactura que implica el manejo de materiales duros (pensemos en la producción de automóviles), ya está sumamente automatizada y lo estará aún más. Pero una vez que los innovadores logren crear "robots costureros" efectivos que sean capaces de manipular material blando, muchos empleos existentes en la industria de la vestimenta y textil también estarán amenazados.

En este proceso, la manufactura puede regresar a las economías avanzadas, pero con pocos empleos. La "Speedfactory" de Adidas en Ansbach, Alemania, pronto producirá 500.000 zapatos por año con sólo 160 trabajadores. Un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo estima que entre el 60% y el 90% de los empleos de baja remuneración existentes en la industria textil y de vestimenta en varios países asiáticos podrían ser automatizados.

Sin embargo, los mayores desafíos no se presentarán en el sudeste asiático, sino en partes de la India, en Pakistán y, por sobre todo, en África. La India debe crear entre 10 y 12 millones de nuevos empleos por año sólo para seguir estando en consonancia con la población en edad de trabajar, y muchos más para absorber a las enormes cantidades de trabajadores que ya están subempleados. Pero algunos de los planes son poco realistas: un informe reciente cuestiona el mensaje oficial de diez millones de nuevos empleos en la fabricación de ropa, y sugiere que tres millones es un escenario más probable.

En cuanto a África, la proyección de punto medio de Naciones Unidas proyecta la población de 20 a 65 años en 1.300 millones en 2050 y en 2.500 millones en 2100, por encima de los 540 millones de hoy. Estos jóvenes habitarán un mundo en el que sólo una pequeña fracción podrá encontrar trabajo en la industria orientada a las exportaciones. La población de China de 25 a 64 años, por el contrario, enfrenta una posible caída de 930 millones a 730 millones, lo que hará aumentar los salarios reales y creará fuertes incentivos para una alta inversión en automatización. En un mundo de posibilidades radicales de un desplazamiento de la mano de obra humana, el hecho de que haya demasiados trabajadores será un problema mayor que si hubiera demasiado pocos.  

No existen respuestas fáciles para los problemas que hoy enfrentan las economías emergentes. La creación de empleos debe maximizarse en los sectores menos vulnerables a la automatización de corto plazo: los empleos en la construcción y el turismo pueden ser más sustentables que la manufactura. Las políticas para permitir una caída de la fertilidad voluntaria, a través de una educación femenina y de un fácil acceso a la contracepción, deberían ser altas prioridades; Irán, donde la tasa de fertilidad cayó de 6,5 en los años 1980 a menos de 2 en 2005, muestra lo que es posible inclusive en sociedades religiosas supuestamente tradicionales.

Pero el primer paso para la resolución de cualquier problema es reconocerlo. Gran parte de lo que se dice actualmente sobre los dividendos demográficos es un ejercicio peligroso de negación. Es hora de enfrentar la realidad.


Publicado originalmente en Project Syndicate

viernes, 29 de septiembre de 2017

martes, 26 de septiembre de 2017

¿Por qué empoderar a las niñas?

9/26/2017 10:00:00 a. m.

Por: Bjorn Lomborg.

Los efectos de prácticas como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil sobre la salud y el bienestar de las mujeres (y la de sus hijos), no son un misterio. Lo que no se entiende tan bien es cuáles son las medidas que más contribuyen a la reducción de tales prácticas.

En la lotería de la vida, nacer mujer en un país pobre te sitúa en una doble desventaja. Las mujeres de estos países tienen la mayor incidencia mundial de pobreza de entre todos los grupos demográficos, además de las peores condiciones de salud, el menor acceso a la educación y la mayor probabilidad de ser víctimas de violencia.
La desigualdad de género (a través de la exclusión laboral y los menores salarios) cuesta al mundo un alarmante 15,5% del PIB (aquí una investigación relacionada). Negar oportunidades a las mujeres para desarrollar su potencial impide que las sociedades aprovechen su contribución. Sin embargo, la frustrante realidad es que las soluciones eficaces para abordar la desigualdad de género pueden resultar difíciles de identificar.
Las 30 millones de niñas en riesgo de mutilación genital femenina (MGF) durante la próxima década se sitúan en el extremo de la escala de "desempoderamiento". Se trata de un procedimiento casi universal en Somalia, Guinea, Yibuti, Egipto, Eritrea, Malí, Sierra Leona y Sudán (aquí el informe de la UNICEF). La Organización Mundial de la Salud alerta que las afectadas sufren problemas de salud en el largo plazo y mayores tasas de muerte perinatal (entra aquí para ampliar el tema).
Pero el problema es más fácil de identificar que de resolver, pues las reformas legales han tenido poco impacto. Incluso en el Reino Unido, donde la MGF fue prohibida hace 30 años, ninguna persona ha sido enjuiciada exitosamente (amplía aquí). Las primeras cifras registradas se comunicaron en julio y revelaron que hubo 5.702 nuevos casos en Inglaterra entre abril de 2015 y marzo de 2016. Al menos 18 mujeres jóvenes y niñas fueron sometidas a la MGF en el Reino Unido, mientras la mayoría recibió el procedimiento en África (aquí la noticia).
En las últimas tres décadas ha habido una disminución general en la prevalencia de la MGF, pero no todos los países han efectuado progresos. De hecho, las actuales tendencias señalan que el número de niñas y mujeres sometidas a la MGF aumentará significativamente en los próximos 15 años (según datos de la UNICEF).
Esto no quiere decir que las entidades benéficas y los gobiernos que trabajan en esta área no estén haciendo un trabajo excelente. Pero necesitamos más estudios de alta calidad sobre cómo identificar y ampliar programas que ya sean eficaces.
El matrimonio infantil es otra costumbre inaceptable que arrebata oportunidades a las niñas. Entre 2011 y 2020, más de 140 millones de niñas de todo el mundo se convertirán en niñas casadas (definidas por las Naciones Unidas como las que contraen matrimonio antes de los 18 años. Datos aquí). UNICEF estima que las tasas de matrimonio infantil superan el 50% en nueve países: Níger, República Centroafricana, Chad, Bangladesh, Malí, Guinea, Sudán del Sur, Burkina Faso y Malawi.
Las consecuencias para las niñas casadas son de amplio alcance: menores niveles de educación y menores ingresos de por vida, mayores tasas de violencia doméstica, mayor riesgo de morir durante el embarazo o el parto y mayores tasas de mortalidad para sus hijos.
Al igual que en la MGF, las leyes por sí solas no son suficientes para abordar el problema. Un ejemplo es Bangladesh, donde el 52% de las niñas están casadas cuando alcanzan la mayoría de edad de 18 años. Varias leyes que prohíben el matrimonio y las dotes infantiles han tenido escaso efecto: el 18% de las niñas se casan antes de cumplir los 15 años (la tasa más alta del mundo), y los programas comunitarios para dar a las adolescentes capacitación y destrezas de vida han tenido un impacto limitado.



Un estudio realizado en Bangladesh por economistas de la Universidad de Duke y el Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab del MIT plantea que la estrategia más eficaz podría ser proporcionar incentivos económicos para retrasar el matrimonio. Las niñas situadas en el 20% más pobre de la población mundial tienen más del doble de probabilidades de casarse jóvenes que las del 20% más rico (aquí el estudio íntegro).
En el sur de Bangladesh se llevó a cabo un esperanzador programa que proporcionaba aceite de cocina a los padres de las niñas solteras. Los participantes recibían cuatro litros de aceite cada cuatro meses, con la condición de que un monitor confirmara que las niñas permanecían sin casarse.
El modesto incentivo funcionó: las hijas de los destinatarios se casaron, en promedio, hasta un 30% menos antes de los 16 años, obteniéndose así una rentabilidad cuatro veces superior a los costes. El programa también mejoró el nivel educativo de las niñas, que tendieron a permanecer en la escuela hasta un 22% más.
Lo anterior tiene importancia porque una de las metas clave de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que concluyeron en 2015, fue eliminar la disparidad de género en la educación primaria y secundaria. Se logró un buen avance en la primaria, pero el acceso a la educación secundaria y universitaria sigue siendo altamente desigual. Las diferencias en cuanto a matriculación en educación primaria han disminuido en todas las regiones, pero quedan rezagadas África subsahariana, Oriente Próximo y el norte de África.
Reducir la brecha de género en la escolarización también tendría beneficios para la siguiente generación. Más educación para las niñas significa mejor salud y nutrición para sus hijos.
La manera de lograr esto variará según el lugar. Por ejemplo, proporcionar uniformes escolares gratis ayuda solo en algunos sitios. La actuación para reducir el matrimonio infantil en Bangladesh tuvo beneficios adicionales de fomento a la educación secundaria. Nuevos estudios indican que, a nivel mundial, el dinero que se destina a reducir la disparidad de género en educación genera beneficios alrededor de cinco veces superiores a los costes (amplía aquí).
Muchas ideas bien intencionadas para reducir la desigualdad de género, e incluso indudablemente buenas, son más difíciles de analizar y cuantificar. Asegurar a las mujeres derechos igualitarios de heredar propiedades, firmar contratos, registrar empresas o abrir cuentas bancarias tendría un bajo costo y podría conllevar beneficios de gran alcance. Pese a las deficiencias de información, un panel de Premios Nobel convocado por el Consenso de Copenhague identificó tales medidas como una de las 19 mejores metas de desarrollo: cada dólar rendiría beneficios por más de quince veces su valor (aquí la nota íntegra).
Sabemos cómo enfrentar un problema y tenemos abundante información sobre costes y beneficios. Unos 225 millones de mujeres que quieren evitar el embarazo no están utilizando métodos seguros y eficaces de planificación familiar. Las razones van desde la falta de acceso a la información o los servicios hasta la falta de apoyo de sus parejas o comunidades (aquí datos del UNFPA).
Garantizar el acceso universal a los anticonceptivos costaría 3.600 millones de dólares al año, pero significaría reducir en 150.000 los casos de mortalidad materna y en 600.000 los de orfandad (trabajo relacionado aquí). Además, el beneficio demográfico de tener menos personas dependientes y más en la fuerza laboral aceleraría el crecimiento económico. Los beneficios totales resultan impresionantes: 120 veces el valor de los costes.

No hay soluciones rápidas para la desigualdad de género, pero una cosa está clara: no todos los esfuerzos resultan igualmente apropiados ni se basan en datos fiables. Por consideraciones morales y económicas, los responsables políticos deberían adoptar aquellas medidas que más contribuyan a empoderar a las niñas y mujeres.

Publicado originalmente en Project Syndicate

jueves, 21 de septiembre de 2017

El tabaco, una amenaza más allá de tus pulmones.

9/21/2017 11:00:00 a. m.


Por: Roy Small.



Si le preguntas a alguien ¿cuál es el enemigo número uno en materia de salud pública?, probablemente te diga que es el tabaco, y con buena razón. El tabaquismo, incluido el de los fumadores pasivos, es responsable por la muerte de más de 7 millones de personas al año, muchas de ellas en la flor de la vida.

Menos conocidos son los efectos nocivos que tiene el tabaco en el desarrollo sostenible, incluidos los sistemas oceánicos. Sí, leíste bien: el tabaco constituye una gran amenaza para nuestros océanos. Anualmente, 4,5 billones de colillas de cigarrillos se tiran a la basura en todo el mundo, por lo que es el objeto que más se arroja como desperdicio. Un porcentaje significativo de esas colillas terminan en nuestros océanos y playas. Es muy probable que el problema empeore, sobre todo si las tasas de tabaquismo siguen aumentando en muchos países de bajo y mediano ingreso.

Esta “última modalidad socialmente aceptable de arrojar basura” es mucho más que un simple acto desagradable. Las colillas de cigarrillo contienen miles de ingredientes químicos, entre ellos arsénico (elemento químino que forma compuestos venenosos, plomo, nicotina y etilfenol, que se filtran en entornos acuáticos. En un estudio de laboratorio, la lixiviación de una sola colilla sumergida en apenas un litro de agua acabó con la mitad de todos los peces marinos y de agua dulce que estuvieron expuestos.

Todavía nos falta comprender los efectos de la toxicidad de los filtros de cigarrillo en los entornos acuáticos. Considerado el objeto más letal en la historia de la civilización humana, no fue sino hasta la década de los años sesenta que se comprendieron los graves efectos que tiene el cigarrillo en la salud, principalmente a causa de las tácticas de negación de la industria tabacalera. La pregunta es cómo podríamos mantenernos optimistas con lo que vamos a descubrir esta vez.

La toxicidad de los filtros que se arrojan a la basura no es la única preocupación. El plástico desechado, procedente de empaques de cigarrillos y encendedores, también contamina las fuentes de agua del planeta, ocasionando que las tortugas marinas se asfixien o mueran de inanición.

La situación empeora porque el inicio del “ciclo de vida del tabaco” es tan destructivo como su fin. Los pesticidas y residuos agroquímicos utilizados en el cultivo de tabaco (entre ellos la cloropicrina, un agente perjudicial para los pulmones que se usó durante la Segunda Guerra Mundial como gas lacrimógeno), contaminan las vías navegables próximas, perjudicando no solo el bienestar de los organismos acuáticos, sino también el acceso de las personas a agua potable. De Brasil a Kenia, los países están sufriendo los efectos ambientales duraderos y, en gran medida irreversibles, del cultivo de tabaco.

¿Qué hacer al respecto? Entre las propuestas formuladas a la fecha, se ha sugerido el uso de filtros biodegradables (que aún podrían desprender toxinas) y cigarrillos sin filtro, contar con más lugares de recolección de colillas, multar a quienes las arrojen, e incluso colaborar con la industria tabacalera para ayudar a financiar la labor de descontaminación. Sin embargo, ninguna de esas opciones abordaría la constante embestida del tabaco contra la salud humana y otros aspectos del desarrollo sostenible, por ejemplo, los 1,4 mil millones de dólares que el tabaco le cuesta anualmente a la economía mundial en costos de atención médica y pérdida de capacidad productiva. Por otra parte, colaborar con la industria tabacalera en tareas de descontaminación es como pedirle a un ladrón que active la alarma de nuestra casa. Hay mejores opciones.

La Conferencia sobre los Océanos, que se celebró este año del 5 al 9 de junio, se realizó unos pocos días después del Día Mundial sin Tabaco 2017. Su tema fue “El tabaco, una amenaza para el desarrollo”, y este año se reconocieron los amplios efectos del tabaco en el desarrollo sostenible, así como la inclusión del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT OMS) en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, bajo la Meta 3.a. En el informe conjunto de la Secretaría del CMCT OMS-UNDP, que se publicó en el Día Mundial sin Tabaco, se argumenta que el control del tabaco debe dejar de considerarse exclusivamente un problema de salud, en particular cuando puede acelerar de manera excepcional toda una serie de objetivos de desarrollo, que van desde financiación para el desarrollo hasta la reducción de las desigualdades y medidas en el ámbito del cambio climático.


En el marco del proyecto CMCT 2030 financiado por el Reino Unido, el PNUD está colaborando con la Secretaría del Convenio con miras a reforzar la aplicación del CMCT OMS en países de bajo y mediano ingreso, prestando apoyo a sectores gubernamentales en el diseño e implementación de soluciones que beneficien a todos. Este año, la Conferencia sobre los Océanos aspira a convertirse en un agente de cambio para las personas, el planeta y la prosperidad, y a hallar soluciones que sirvan a todos. Es hora de que los efectos del tabaco en los ecosistemas oceánicos reciban la consideración que merecen.

Publicado originalmente en UNPD Blog

lunes, 18 de septiembre de 2017

¿Cuánto Sexo es Suficiente?

9/18/2017 05:30:00 p. m.


Por: Raj Persaud y Adrian Furnham.



John Updike escribió que “el sexo es como el dinero: solo demasiado es suficiente”. Resulta que eso no es estrictamente cierto, al menos no en el contexto de las relaciones monógamas. Entonces, ¿cuánto sexo es suficiente? En 2015, un grupo de psicólogos de la Universidad de Toronto se propusieron averiguarlo.

En su estudio “La frecuencia sexual predice un mayor bienestar, pero no siempre más es mejor" (consúltalo aquí), Amy Muise, Ulrich Schimmack y Emily Impett revelan que, de hecho, existe una frecuencia precisa de sexo que beneficia de manera óptima a la pareja promedio: una vez por semana.

El estudio determinó que la diferencia en el bienestar de las personas con relaciones con sexo una vez a la semana, en comparación con quienes tienen sexo menos de una vez al mes, es superior a la diferencia en el bienestar de aquellas que ganan $75.000 frente a $25.000. En otras palabras, tener el cuádruple de sexo elevó el ánimo de los participantes tanto como $50.000 adicionales al año.

Pero, tal como tener sexo con demasiada poca frecuencia puede dejar a las parejas menos satisfechas, tenerlo muy a menudo puede acabar causando más estrés que placer, en particular si las parejas en cuestión se sienten bajo presión para ello. Pero se trata de una presión (que se origina, al menos en parte, de expectativas y comparaciones sociales) muy real.

El sociólogo de la Universidad de Colorado Tim Wadsworth, en su estudio de 2014 “El sexo y la búsqueda de la felicidad: cómo la vida sexual de los demás se relaciona con nuestra sensación de bienestar" (consúltalo aquí), repite la afirmación de Updike de que el sexo es como el dinero. Pero, en la argumentación de Wadsworth, el elemento que tienen en común es que ambos derivan valor de una comparación.

Como señala Wadsworth, los estudios realizados en el pasado han demostrado que lo que determina la felicidad no son los niveles de ingreso absolutos, sino más bien su relación con los ingresos de quienes nos rodean: los colegas, vecinos, ex compañeros de clase y otros que forman parte de nuestro grupo de referencia. Por esta razón un aumento del ingreso no necesariamente conlleva un aumento de la felicidad: es crucial que tampoco aumenten los ingresos de nuestro grupo de referencia.

De manera similar, Wadsworth encontró que las personas que respondieron y creen que tienen más sexo que su grupo de referencia son más felices, mientras quienes creen que sus cohortes están teniendo más sexo que ellos lo están menos. Por consiguiente, Wadsworth concluye que la felicidad se correlaciona positivamente con la frecuencia sexual propia de una persona, pero negativamente con la frecuencia sexual de los demás.

Pero más allá de cierto punto (aparentemente una vez por semana) se desvanecen los beneficios derivados del sexo para la pareja. Esto sugiere que entre sexo y felicidad hay más elementos que solo tener lo mismo que los vecinos. Y, de hecho, al presionar a las parejas a tener tanto sexo como sea posible, la sensación de competencia puede hacer más mal que bien.

Un estudio reciente, titulado “Más que solo sexo: el afecto media en la asociación entre actividad sexual y bienestar" (consúltalo aquí), ofrece una nueva teoría sobre lo que vincula sexo y felicidad. Sus autoras (Anik Debrot, Nathalie Meuwly, Amy Muise, Emily Impett y Dominik Schoebi) plantean que el verdadero poder del sexo en una relación radica en su capacidad de fomentar una conexión más sólida entre los miembros de la pareja a través del afecto en común, no solo compartir placer.

Las autoras incluso sugieren que el sexo y el afecto se podrían compensar entre sí para dar sustento al bienestar: mayores niveles de afecto harían de contrapeso para la reducción de la actividad sexual durante algunas fases vitales, como justo después del parto, un periodo que a veces se asocia con un mayor riesgo de infidelidad masculina (consulta aquí un estudio relacionado). La idea es que un mayor nivel de expresiones alternativas de afecto puede ayudar a sostener el bienestar, con lo que se reduciría la tentación de buscar por fuera (si bien, puesto que por lo general los hombres señalan tener un mayor deseo sexual, pueden ver el sexo más como un modo de sentir afecto que como lo ve una mujer promedio).

Parece ser que la psicología puede refutar la sentencia de Updike de que solo demasiado sexo es suficiente. De hecho, si bien una vida sexual regular es vital para promover la intimidad y la felicidad mediante el afecto en común, más no siempre es mejor. Sí, el sexo puede ser como el dinero, pero solo en que su escasez es poco deseable.

Publicado originalmente en Project Syndicate

Sobre nosotros

Somos una web social que combina investigación y artículos destacados en pro de la generación de conocimiento. Aquí encontrarás un espacio construido para la lectura y la discusión de temas ambientales, sociales, económicos y más. Únete a la comunidad y recibe nuestro boletín semanal.

Reciente

recentposts

Aleatorio

randomposts